|
| 1 |
2 | 3 |
4 | 5 |
6 |
7 | 8 |
9
| 10 | 11 |
12 |
13 | 14 |
15
| 16 |
Capítulo 2
Proclamando a Cristo crucificado
2:1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el
testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
2:2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo,
y a éste crucificado.
2:3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;
2:4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas
de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu
y de poder,
2:5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría
de los hombres, sino en el poder de Dios.
La revelación por el Espíritu de Dios
2:6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado
madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes
de este siglo, que perecen.
2:7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría
oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra
gloria,
2:8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció;
porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor
de gloria.
2:9 Antes bien, como está escrito:
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.
2:10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu;
porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de
Dios.
2:11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del
hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?
Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu
de Dios.
2:12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino
el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos
ha concedido,
2:13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas
por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu,
acomodando lo espiritual a lo espiritual.
2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu
de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque
se han de discernir espiritualmente.
2:15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él
no es juzgado de nadie.
2:16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor?
¿Quién le instruirá?
Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. |