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Capítulo 16
Samuel unge a David
16:1 Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás
a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel?
Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén,
porque de sus hijos me he provisto de rey.
16:2 Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl
lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo
una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he
venido.
16:3 Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré
lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere.
16:4 Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él
llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle
con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?
16:5 El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová;
santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a
Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.
16:6 Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a
Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.
16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer,
ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová
no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante
de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
16:8 Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar
delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová.
16:9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco
a éste ha elegido Jehová.
16:10 E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel;
pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos.
16:11 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos
todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor,
que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por
él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga
aquí.
16:12 Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio,
hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate
y úngelo, porque éste es.
16:13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió
en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu
de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se
volvió a Ramá.
David toca para Saúl
16:14 El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl,
y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.
16:15 Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora,
un espíritu malo de parte de Dios te atormenta.
16:16 Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están
delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando
esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él
toque con su mano, y tengas alivio.
16:17 Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues,
ahora alguno que toque bien, y traédmelo.
16:18 Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí
yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y
es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y
hermoso, y Jehová está con él.
16:19 Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo:
Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas.
16:20 Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija
de vino y un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David
su hijo.
16:21 Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él;
y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas.
16:22 Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego
que esté David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos.
16:23 Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía
sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl
tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba
de él.
Capítulo 17
David mata a Goliat
17:1 Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron
en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim.
17:2 También Saúl y los hombres de Israel se juntaron,
y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra
los filisteos.
17:3 Y los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba
sobre otro monte al otro lado, y el valle entre ellos.
17:4 Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín,
el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos
y un palmo.
17:5 Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una
cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos
de bronce.
17:6 Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de
bronce entre sus hombros.
17:7 El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía
el hierro de su lanza seiscientos siclos
de hierro; e iba su escudero delante de él.
17:8 Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles:
¿Para
qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy
yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre
vosotros un hombre que venga contra mí.
17:9 Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos
vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere,
vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.
17:10 Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento
de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.
17:11 Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo,
se turbaron y tuvieron gran miedo.
17:12 Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá,
cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y en el tiempo
de Saúl este hombre era viejo y de gran edad entre los hombres.
17:13 Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido para
seguir a Saúl a la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que habían
ido a la guerra eran: Eliab el primogénito, el segundo Abinadab,
y el tercero Sama;
17:14 y David era el menor. Siguieron, pues, los tres mayores a Saúl.
17:15 Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl,
para apacentar las ovejas de su padre en Belén.
17:16 Venía, pues, aquel filisteo por la mañana y por
la tarde, y así lo hizo durante cuarenta días.
17:17 Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos
un efa
de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento
a tus hermanos.
17:18 Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los
mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.
17:19 Y Saúl y ellos y todos los de Israel estaban en el valle
de Ela, peleando contra los filisteos.
17:20 Se levantó, pues, David de mañana, y dejando las
ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como Isaí le
había mandado; y llegó al campamento cuando el ejército
salía en orden de batalla, y daba el grito de combate.
17:21 Y se pusieron en orden de batalla Israel y los filisteos, ejército
frente a ejército.
17:22 Entonces David dejó su carga en mano del que guardaba
el bagaje, y corrió al ejército; y cuando llegó, preguntó
por sus hermanos, si estaban bien.
17:23 Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel
paladín que se ponía en medio de los dos campamentos, que
se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas
de los filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó David.
17:24 Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían
de su presencia, y tenían gran temor.
17:25 Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis
visto aquel hombre que ha salido? El se adelanta para provocar a Israel.
Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas,
y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su
padre en Israel.
17:26 Entonces habló David a los que estaban junto a él,
diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este
filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es
este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios
viviente?
17:27 Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo:
Así se hará al hombre que le venciere.
17:28 Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos
hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué
has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas
pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu
corazón, que para ver la batalla has venido.
17:29 David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora?
¿No es esto mero hablar?
17:30 Y apartándose de él hacia otros, preguntó
de igual manera; y le dio el pueblo la misma respuesta de antes.
17:31 Fueron oídas las palabras que David había dicho,
y las refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir.
17:32 Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno
a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este
filisteo.
17:33 Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra
aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho,
y él un hombre de guerra desde su juventud.
17:34 David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de
las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso,
y tomaba algún cordero de la manada,
17:35 salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba
de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la
quijada, y lo hería y lo mataba.
17:36 Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo
incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejéricto
del Dios viviente.
17:37 Añadió David: Jehová, que me ha librado
de las garras del león y de las garras del oso, él también
me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David:
Ve, y Jehová esté contigo.
17:38 Y Saúl vistió a David con sus ropas, y puso sobre
su cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza.
17:39 Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó
a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl:
Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó
de sí aquellas cosas.
17:40 Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras
lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que
traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.
17:41 Y el filisteo venía andando y acercándose a David,
y su escudero delante de él.
17:42 Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco;
porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer.
17:43 Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas
a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses.
17:44 Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré
tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.
17:45 Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí
con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová
de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien
tú has provocado.
17:46 Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré,
y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos
a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá
que hay Dios en Israel.
17:47 Y sabrá toda esta congregación que Jehová
no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla,
y él os entregará en nuestras manos.
17:48 Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y
echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa,
y corrió a la linea de batalla contra el filisteo.
17:49 Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí
una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en
la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó
sobre su rostro en tierra.
17:50 Así venció David al filisteo con honda y piedra;
e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en
su mano.
17:51 Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando
la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó
de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos
vieron a su paladín muerto, huyeron.
17:52 Levantándose luego los de Israel y los de Judá,
gritaron, y siguieron a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las
puertas de Ecrón. Y cayeron los heridos de los filisteos por el
camino de Saaraim hasta Gat y Ecrón.
17:53 Y volvieron los hijos de Israel de seguir tras los filisteos,
y saquearon su campamento.
17:54 Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén,
pero las armas de él las puso en su tienda.
17:55 Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse
con el filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de
quién es hijo ese joven? Y Abner respondió:
17:56 Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta
de quién es hijo ese joven.
17:57 Y cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo tomó
y lo llevó delante de Saúl, teniendo David la cabeza del
filisteo en su mano.
17:58 Y le dijo Saúl: Muchacho, ¿de quién eres
hijo? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de
Belén.
Capítulo 18
Pacto de Jonatán y David
18:1 Aconteció que cuando él hubo acabado de hablar con Saúl,
el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó
Jonatán como a sí mismo.
18:2 Y Saúl le tomó aquel día, y no le dejó
volver a casa de su padre.
18:3 E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba
como a sí mismo.
18:4 Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo
dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte.
18:5 Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba,
y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra,
y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos
de Saúl.
Saúl tiene celos de David
18:6 Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David
volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades
de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos,
con cánticos de alegría y con instrumentos de música.
18:7 Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían:
Saúl hirió a sus miles,
Y David a sus diez miles.
18:8 Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó
este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no
le falta más que el reino.
18:9 Y desde aquel día Saúl no miró con buenos
ojos a David.
18:10 Aconteció al otro día, que un espíritu malo
de parte de Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio
de la casa. David tocaba con su mano como los otros días; y tenía
Saúl la lanza en la mano.
18:11 Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré
a David a la pared. Pero David lo evadió dos veces.
18:12 Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová
estaba con él, y se había apartado de Saúl;
18:13 por lo cual Saúl lo alejó de sí, y le hizo
jefe de mil; y salía y entraba delante del pueblo.
18:14 Y David se conducía prudentemente en todos sus asuntos,
y Jehová estaba con él.
18:15 Y viendo Saúl que se portaba tan prudentemente, tenía
temor de él.
18:16 Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él
salía y entraba delante de ellos.
18:17 Entonces dijo Saúl a David: He aquí, yo te daré
Merab mi hija mayor por mujer, con tal que me seas hombre valiente, y pelees
las batallas de Jehová. Mas Saúl decía: No será
mi mano contra él, sino que será contra él la mano
de los filisteos.
18:18 Pero David respondió a Saúl: ¿Quién
soy yo, o qué es mi vida, o la familia de mi padre en Israel, para
que yo sea yerno del rey?
18:19 Y llegado el tiempo en que Merab hija de Saúl se había
de dar a David, fue dada por mujer a Adriel meholatita.
18:20 Pero Mical la otra hija de Saúl amaba a David; y fue dicho
a Saúl, y le pareció bien a sus ojos.
18:21 Y Saúl dijo: Yo se la daré, para que le sea por
lazo, y para que la mano de los filisteos sea contra él. Dijo, pues,
Saúl a David por segunda vez: Tú serás mi yerno hoy.
18:22 Y mandó Saúl a sus siervos: Hablad en secreto a
David, diciéndole: He aquí el rey te ama, y todos sus siervos
te quieren bien; sé, pues, yerno del rey.
18:23 Los criados de Saúl hablaron estas palabras a los oídos
de David. Y David dijo: ¿Os parece a vosotros que es poco ser yerno
del rey, siendo yo un hombre pobre y de ninguna estima?
18:24 Y los criados de Saúl le dieron la respuesta, diciendo:
Tales palabras ha dicho David.
18:25 Y Saúl dijo: Decid así a David: El rey no desea
la dote, sino cien prepucios de filisteos, para que sea tomada venganza
de los enemigos del rey. Pero Saúl pensaba hacer caer a David en
manos de los filisteos.
18:26 Cuando sus siervos declararon a David estas palabras, pareció
bien la cosa a los ojos de David, para ser yerno del rey. Y antes que el
plazo se cumpliese,
18:27 se levantó David y se fue con su gente, y mató
a doscientos hombres de los filisteos; y trajo David los prepucios de ellos
y los entregó todos al rey, a fin de hacerse yerno del rey. Y Saúl
le dio su hija Mical por mujer.
18:28 Pero Saúl, viendo y considerando que Jehová estaba
con David, y que su hija Mical lo amaba,
18:29 tuvo más temor de David; y fue Saúl enemigo de
David todos los días.
18:30 Y salieron a campaña los príncipes de los filisteos;
y cada vez que salían, David tenía más éxito
que todos los siervos de Saúl, por lo cual se hizo de mucha estima
su nombre.
Capítulo 19
Saúl procura matar a David
19:1 Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos,
para que matasen a David; pero Jonatán hijo de Saúl amaba
a David en gran manera,
19:2 y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte;
por tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar oculto
y escóndete.
19:3 Y yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo
donde estés; y hablaré de ti a mi padre, y te haré
saber lo que haya.
19:4 Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre,
y le dijo: No peque el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa
ha cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy buenas para contigo;
19:5 pues él tomó su vida en su mano, y mató al
filisteo, y Jehová dio gran salvación a todo Israel. Tú
lo viste, y te alegraste; ¿por qué, pues, pecarás
contra la sangre inocente, matando a David sin causa?
19:6 Y escuchó Saúl la voz de Jonatán, y juró
Saúl: Vive Jehová, que no morirá.
19:7 Y llamó Jonatán a David, y le declaró todas
estas palabras; y él mismo trajo a David a Saúl, y estuvo
delante de él como antes.
19:8 Después hubo de nuevo guerra; y salió David y peleó
contra los filisteos, y los hirió con gran estrago, y huyeron delante
de él.
19:9 Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre
Saúl; y estando sentado en su casa tenía una lanza a mano,
mientras David estaba tocando.
19:10 Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a
la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el
cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó
aquella noche.
19:11 Saúl envió luego mensajeros a casa de David para
que lo vigilasen, y lo matasen a la mañana.
Mas Mical su mujer avisó a David, diciendo: Si no salvas tu vida
esta noche, mañana serás muerto.
19:12 Y descolgó Mical a David por una ventana; y él
se fue y huyó, y escapó.
19:13 Tomó luego Mical una estatua, y la puso sobre la cama,
y le acomodó por cabecera una almohada de pelo de cabra y la cubrió
con la ropa.
19:14 Y cuando Saúl envió mensajeros para prender a David,
ella respondió: Está enfermo.
19:15 Volvió Saúl a enviar mensajeros para que viesen
a David, diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate.
19:16 Y cuando los mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba
en la cama, y una almohada de pelo de cabra a su cabecera.
19:17 Entonces Saúl dijo a Mical: ¿Por qué me
has engañado así, y has dejado escapar a mi enemigo? Y Mical
respondió a Saúl: Porque él me dijo: Déjame
ir; si no, yo te mataré.
19:18 Huyó, pues, David, y escapó, y vino a Samuel en
Ramá, y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él.
Y él y Samuel se fueron y moraron en Naiot.
19:19 Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que
David está en Naiot en Ramá.
19:20 Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran
a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban,
y a Samuel que estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu
de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron.
19:21 Cuando lo supo Saúl, envió otros mensajeros, los
cuales también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar
mensajeros por tercera vez, y ellos también profetizaron.
19:22 Entonces él mismo fue a Ramá; y llegando al gran
pozo que está en Secú, preguntó diciendo: ¿Dónde
están Samuel y David? Y uno respondió: He aquí están
en Naiot en Ramá.
19:23 Y fue a Naiot en Ramá; y también vino sobre él
el Espíritu de Dios, y siguió andando y profetizando hasta
que llegó a Naiot en Ramá.
19:24 Y él también se despojó de sus vestidos,
y profetizó igualmente delante de Samuel, y estuvo desnudo todo
aquel día y toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También
Saúl entre los profetas?
Capítulo 20
Amistad de David y Jonatán
20:1 Después David huyó de Naiot en Ramá, y vino delante
de Jonatán, y dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál
es mi maldad, o cuál mi pecado contra tu padre, para que busque
mi vida?
20:2 El le dijo: En ninguna manera; no morirás. He aquí
que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no
me la descubra; ¿por qué, pues, me ha de encubrir mi padre
este asunto? No será así.
20:3 Y David volvió a jurar diciendo: Tu padre sabe claramente
que yo he hallado gracia delante de tus ojos, y dirá: No sepa esto
Jonatán, para que no se entristezca; y ciertamente, vive Jehová
y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte.
20:4 Y Jonatán dijo a David: Lo que deseare tu alma, haré
por ti.
20:5 Y David respondió a Jonatán: He aquí que
mañana será nueva luna,
y yo acostumbro sentarme con el rey a comer; mas tú dejarás
que me esconda en el campo hasta la tarde del tercer día.
20:6 Si tu padre hiciere mención de mí, dirás:
Me rogó mucho que lo dejase ir corriendo a Belén su ciudad,
porque todos los de su familia celebran allá el sacrificio anual.
20:7 Si él dijere: Bien está, entonces tendrá
paz tu siervo; mas si se enojare, sabe que la maldad está determinada
de parte de él.
20:8 Harás, pues, misericordia con tu siervo, ya que has hecho
entrar a tu siervo en pacto de Jehová contigo; y si hay maldad en
mí, mátame tú, pues no hay necesidad de llevarme hasta
tu padre.
20:9 Y Jonatán le dijo: Nunca tal te suceda; antes bien, si
yo supiere que mi padre ha determinado maldad contra ti, ¿no te
lo avisaría yo?
20:10 Dijo entonces David a Jonatán: ¿Quién me
dará aviso si tu padre te respondiere ásperamente?
20:11 Y Jonatán dijo a David: Ven, salgamos al campo. Y salieron
ambos al campo.
20:12 Entonces dijo Jonatán a David: ¡Jehová Dios
de Israel, sea testigo! Cuando le haya preguntado a mi padre mañana
a esta hora, o el día tercero, si resultare bien para con David,
entonces enviaré a ti para hacértelo saber.
20:13 Pero si mi padre intentare hacerte mal, Jehová haga así
a Jonatán, y aun le añada, si no te lo hiciere saber y te
enviare para que te vayas en paz. Y esté Jehová contigo,
como estuvo con mi padre.
20:14 Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová,
para que no muera,
20:15 y no apartarás tu misericordia de mi casa para siempre.
Cuando Jehová haya cortado uno por uno los enemigos de David de
la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa
de David.
20:16 Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo:
Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David.
20:17 Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque le amaba,
pues le amaba como a sí mismo.
20:18 Luego le dijo Jonatán: Mañana es nueva luna, y
tú serás echado de menos, porque tu asiento estará
vacío.
20:19 Estarás, pues, tres días, y luego descenderás
y vendrás al lugar donde estabas escondido el día que ocurrió
esto mismo, y esperarás junto a la piedra de Ezel.
20:20 Y yo tiraré tres saetas hacia aquel lado, como ejercitándome
al blanco.
20:21 Luego enviaré al criado, diciéndole: Ve, busca
las saetas. Y si dijere al criado: He allí las saetas más
acá de ti, tómalas; tú vendrás, porque paz
tienes, y nada malo hay, vive Jehová.
20:22 Mas si yo dijere al muchacho así: He allí las saetas
más allá de ti; vete, porque Jehová te ha enviado.
20:23 En cuanto al asunto de que tú y yo hemos hablado, esté
Jehová entre nosotros dos para siempre.
20:24 David, pues, se escondió en el campo, y cuando llegó
la nueva luna, se sentó el rey a comer pan.
20:25 Y el rey se sentó en su silla, como solía, en el
asiento junto a la pared, y Jonatán se levantó, y se sentó
Abner al lado de Saúl, y el lugar de David quedó vacío.
20:26 Mas aquel día Saúl no dijo nada, porque se decía:
Le habrá acontecido algo, y no está limpio; de seguro no
está purificado.
20:27 Al siguiente día, el segundo día de la nueva luna,
aconteció también que el asiento de David quedó vacío.
Y Saúl dijo a Jonatán su hijo: ¿Por qué no
ha venido a comer el hijo de Isaí hoy ni ayer?
20:28 Y Jonatán respondió a Saúl: David me pidió
encarecidamente que le dejase ir a Belén,
20:29 diciendo: Te ruego que me dejes ir, porque nuestra familia celebra
sacrificio en la ciudad, y mi hermano me lo ha mandado; por lo tanto, si
he hallado gracia en tus ojos, permíteme ir ahora para visitar a
mis hermanos. Por esto, pues, no ha venido a la mesa del rey.
20:30 Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán,
y le dijo: Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo
que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión
tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre?
20:31 Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre
la tierra, ni tú estarás firme, ni tu reino. Envía
pues, ahora, y tráemelo, porque ha de morir.
20:32 Y Jonatán respondió a su padre Saúl y le
dijo: ¿Por qué morirá? ¿Qué ha hecho?
20:33 Entonces Saúl le arrojó una lanza para herirlo;
de donde entendió Jonatán que su padre estaba resuelto a
matar a David.
20:34 Y se levantó Jonatán de la mesa con exaltada ira,
y no comió pan el segundo día de la nueva luna; porque tenía
dolor a causa de David, porque su padre le había afrentado.
20:35 Al otro día, de mañana, salió Jonatán
al campo, al tiempo señalado con David, y un muchacho pequeño
con él.
20:36 Y dijo al muchacho: Corre y busca las saetas que yo tirare. Y
cuando el muchacho iba corriendo, él tiraba la saeta de modo que
pasara más allá de él.
20:37 Y llegando el muchacho adonde estaba la saeta que Jonatán
había tirado, Jonatán dio voces tras el muchacho, diciendo:
¿No está la saeta más allá de ti?
20:38 Y volvió a gritar Jonatán tras el muchacho: Corre,
date prisa, no te pares. Y el muchacho de Jonatán recogió
las saetas, y vino a su señor.
20:39 Pero ninguna cosa entendió el muchacho; solamente Jonatán
y David entendían de lo que se trataba.
20:40 Luego dio Jonatán sus armas a su muchacho, y le dijo:
Vete y llévalas a la ciudad.
20:41 Y luego que el muchacho se hubo ido, se levantó David
del lado del sur, y se inclinó tres veces postrándose hasta
la tierra; y besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro;
y David lloró más.
20:42 Y Jonatán dijo a David: Vete en paz, porque ambos hemos
jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová esté
entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre.
Y él se levantó y se fue; y Jonatán entró en
la ciudad.
Capítulo 21
David huye de Saúl
21:1 Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec; 
y se sorprendió Ahimelec de su encuentro, y le dijo: ¿Cómo
vienes tú solo, y nadie contigo?
21:2 Y respondió David al sacerdote Ahimelec: El rey me encomendó
un asunto, y me dijo: Nadie sepa cosa alguna del asunto a que te envío,
y lo que te he encomendado; y yo les señalé a los criados
un cierto lugar.
21:3 Ahora, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes,
o lo que tengas.
21:4 El sacerdote respondió a David y dijo: No tengo pan común
a la mano, solamente tengo pan sagrado; pero lo daré si los criados
se han guardado a lo menos de mujeres.
21:5 Y David respondió al sacerdote, y le dijo: En verdad las
mujeres han estado lejos de nosotros ayer y anteayer; cuando yo salí,
ya los vasos de los jóvenes eran santos, aunque el viaje es profano;
¿cuánto más no serán santos hoy sus vasos?
21:6 Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí
no había otro pan sino los panes de la proposición,
los cuales habían sido quitados de la presencia de Jehová,
para poner panes calientes el día que aquéllos fueron quitados.
21:7 Y estaba allí aquel día detenido delante de Jehová
uno de los siervos de Saúl, cuyo nombre era Doeg, edomita, el principal
de los pastores de Saúl.
21:8 Y David dijo a Ahimelec: ¿No tienes aquí a mano
lanza o espada? Porque no tomé en mi mano mi espada ni mis armas,
por cuanto la orden del rey era apremiante.
21:9 Y el sacerdote respondió: La espada de Goliat el filisteo,
al que tú venciste en el valle de Ela,
está aquí envuelta en un velo detrás del efod; si
quieres tomarla, tómala; porque aquí no hay otra sino esa.
Y dijo David: Ninguna como ella; dámela.
21:10 Y levantándose David aquel día, huyó de
la presencia de Saúl, y se fue a Aquis rey de Gat.
21:11 Y los siervos de Aquis le dijeron: ¿No es éste
David, el rey de la tierra? ¿no es éste de quien cantaban
en las danzas, diciendo:
Hirió Saúl a sus miles,
Y David a sus diez miles?
21:12 Y David puso en su corazón estas palabras, y tuvo gran
temor de Aquis rey de Gat.
21:13 Y cambió su manera de comportarse delante de ellos, y
se fingió loco entre ellos,
y escribía en las portadas de las puertas, y dejaba correr la saliva
por su barba.
21:14 Y dijo Aquis a sus siervos: He aquí, veis que este hombre
es demente; ¿por qué lo habéis traído a mí?
21:15 ¿Acaso me faltan locos, para que hayáis traído
a éste que hiciese de loco delante de mí? ¿Había
de entrar éste en mi casa?
Capítulo 22
22:1 Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva
de Adulam;
y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron
allí a él.
22:2 Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que
estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu,
y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.
22:3 Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de
Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta
que sepa lo que Dios hará de mí.
22:4 Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron con
él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte.
22:5 Pero el profeta Gad dijo a David: No te estés en este lugar
fuerte; anda y vete a tierra de Judá. Y David se fue, y vino al
bosque de Haret.
Saúl mata a los sacerdotes de Nob
22:6 Oyó Saúl que se sabía de David y de los que
estaban con él. Y Saúl estaba sentado en Gabaa, debajo de
un tamarisco sobre un alto; y tenía su lanza en su mano, y todos
sus siervos estaban alrededor de él.
22:7 Y dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él:
Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también
a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará
a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas,
22:8 para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí,
y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho
alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela
de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo
contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy?
22:9 Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de
Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que
vino a Nob, a Ahimelec hijo de Ahitob,
22:10 el cual consultó por él a Jehová y le dio
provisiones, y también le dio la espada de Goliat el filisteo.
22:11 Y el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob,
y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y todos
vinieron al rey.
22:12 Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él
dijo: Heme aquí, señor mío.
22:13 Y le dijo Saúl: ¿Por qué habéis conspirado
contra mí, tú y el hijo de Isaí, cuando le diste pan
y espada, y consultaste por él a Dios, para que se levantase contra
mí y me acechase, como lo hace hoy día?
22:14 Entonces Ahimelec respondió al rey, y dijo: ¿Y
quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, yerno también
del rey, que sirve a tus órdenes y es ilustre en tu casa?
22:15 ¿He comenzado yo desde hoy a consultar por él a
Dios? Lejos sea de mí; no culpe el rey de cosa alguna a su siervo,
ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa sabe de este
asunto, grande ni pequeña.
22:16 Y el rey dijo: Sin duda morirás, Ahimelec, tú y
toda la casa de tu padre.
22:17 Entonces dijo el rey a la gente de su guardia que estaba alrededor
de él: Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque
también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos
que huía, no me lo descubrieron. Pero los siervos del rey no quisieron
extender sus manos para matar a los sacerdotes de Jehová.
22:18 Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y arremete contra
los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a
los sacerdotes, y mató en aquel día a ochenta y cinco varones
que vestían efod de lino.
22:19 Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada;
así a hombres como a mujeres, niños hasta los de pecho, bueyes,
asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.
22:20 Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba
Abiatar, escapó, y huyó tras David.
22:21 Y Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había
dado muerte a los sacerdotes de Jehová.
22:22 Y dijo David a Abiatar: Yo sabía que estando allí
aquel día Doeg el edomita, él lo había de hacer saber
a Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas las personas de la casa
de tu padre.
22:23 Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará
también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.
Capítulo 23
David en el desierto
23:1 Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos combaten
a Keila, y roban las eras.
23:2 Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré
a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve,
ataca a los filisteos, y libra a Keila.
23:3 Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que
nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto
más si fuéremos a Keila contra el ejército de los
filisteos?
23:4 Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová
le respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues yo
entregaré en tus manos a los filisteos.
23:5 Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra
los filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran
derrota; y libró David a los de Keila.
23:6 Y aconteció que cuando Abiatar hijo de Ahimelec huyó
siguiendo a David a Keila, descendió con el efod en su mano.
23:7 Y fue dado aviso a Saúl que David había venido a
Keila. Entonces dijo Saúl: Dios lo ha entregado en mi mano, pues
se ha encerrado entrando en ciudad con puertas y cerraduras.
23:8 Y convocó Saúl a todo el pueblo a la batalla para
descender a Keila, y poner sitio a David y a sus hombres.
23:9 Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él,
dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod.
23:10 Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido
que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa
mía.
23:11 ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos?
¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová
Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo:
Sí, descenderá.
23:12 Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de
Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová
respondió: Os entregarán.
23:13 David entonces se levantó con sus hombres, que eran como
seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino
a Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila,
y desistió de salir.
23:14 Y David se quedó en el desierto en lugares fuertes, y
habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba Saúl todos
los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.
23:15 Viendo, pues, David que Saúl había salido en busca
de su vida, se estuvo en Hores, en el desierto de Zif.
23:16 Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl
y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios.
23:17 Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl
mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo
después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe.
23:18 Y ambos hicieron pacto delante de Jehová;
y David se quedó en Hores, y Jonatán se volvió a su
casa.
23:19 Después subieron los de Zif para decirle a Saúl
en Gabaa: ¿No está David escondido en nuestra tierra en las
peñas de Hores, en el collado de Haquila, que está al sur
del desierto?
23:20 Por tanto, rey, desciende pronto ahora, conforme a tu deseo,
y nosotros lo entregaremos en la mano del rey.
23:21 Y Saúl dijo: Benditos seáis vosotros de Jehová,
que habéis tenido compasión de mí.
23:22 Id, pues, ahora, aseguraos más, conoced y ved el lugar
de su escondite, y quién lo haya visto allí; porque se me
ha dicho que él es astuto en gran manera.
23:23 Observad, pues, e informaos de todos los escondrijos donde se
oculta, y volved a mí con información segura, y yo iré
con vosotros; y si él estuviere en la tierra, yo le buscaré
entre todos los millares de Judá.
23:24 Y ellos se levantaron, y se fueron a Zif delante de Saúl.
Pero David y su gente estaban en el desierto de Maón, en el Arabá
al sur del desierto.
23:25 Y se fue Saúl con su gente a buscarlo; pero fue dado aviso
a David, y descendió a la peña, y se quedó en el desierto
de Maón. Cuando Saúl oyó esto, siguió a David
al desierto de Maón.
23:26 Y Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres
por el otro lado del monte, y se daba prisa David para escapar de Saúl;
mas Saúl y sus hombres habían encerrado a David y a su gente
para capturarlos.
23:27 Entonces vino un mensajero a Saúl, diciendo: Ven luego,
porque los filisteos han hecho una irrupción en el país.
23:28 Volvió, por tanto, Saúl de perseguir a David, y
partió contra los filisteos. Por esta causa pusieron a aquel lugar
por nombre Sela-hama-lecot.
23:29 Entonces David subió de allí y habitó en
los lugares fuertes de En-gadi.
Capítulo 24
David perdona la vida a Saúl en En-gadi
24:1 Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le
dieron aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto
de En-gadi.
24:2 Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel,
fue en busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos
de las cabras monteses.
24:3 Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde
había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus
pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva.

24:4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día
de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en
tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó
David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.
24:5 Después de esto se turbó el corazón de David,
porque había cortado la orilla del manto de Saúl.
24:6 Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa
contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi
mano contra él; porque es el ungido de Jehová.
24:7 Así reprimió David a sus hombres con palabras, y
no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl,
saliendo de la cueva, siguió su camino.
24:8 También David se levantó después, y saliendo
de la cueva dio voces detrás de Saúl, diciendo: ¡Mi
señor el rey! Y cuando Saúl miró hacia atrás,
David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia.
24:9 Y dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras
de los que dicen: Mira que David procura tu mal?
24:10 He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová
te ha puesto hoy en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase,
pero te perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra
mi señor, porque es el ungido de Jehová.
24:11 Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano;
porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce,
pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra
ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para quitármela.
24:12 Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme
de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti.
24:13 Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos
saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra
ti.
24:14 ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A
quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?
24:15 Jehová, pues, será juez, y él juzgará
entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.
24:16 Y aconteció que cuando David acabó de decir estas
palabras a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya,
hijo mío David? Y alzó Saúl su voz y lloró,
24:17 y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me
has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal.
24:18 Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no
me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano.
24:19 Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo
dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que
en este día has hecho conmigo.
24:20 Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que
el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable,
24:21 júrame, pues, ahora por Jehová, que no destruirás
mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre
de la casa de mi padre.
24:22 Entonces David juró a Saúl. Y se fue Saúl
a su casa, y David y sus hombres subieron al lugar fuerte.
Capítulo 25
David y Abigail
25:1 Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron,
y lo sepultaron en su casa en Ramá. Y se levantó David y
se fue al desierto de Parán.
25:2 Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda
en Carmel, el cual era muy rico, y tenía tres mil ovejas y mil cabras.
Y aconteció que estaba esquilando sus ovejas en Carmel.
25:3 Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era
aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre
era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb.
25:4 Y oyó David en el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.
25:5 Entonces envió David diez jóvenes y les dijo: Subid
a Carmel e id a Nabal, y saludadle en mi nombre,
25:6 y decidle así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz
a todo cuanto tienes.
25:7 He sabido que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores han estado
con nosotros; no les tratamos mal, ni les faltó nada en todo el
tiempo que han estado en Carmel.
25:8 Pregunta a tus criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por
tanto, estos jóvenes gracia en tus ojos, porque hemos venido en
buen día; te ruego que des lo que tuvieres a mano a tus siervos,
y a tu hijo David.
25:9 Cuando llegaron los jóvenes enviados por David, dijeron
a Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron.
25:10 Y Nabal respondió a los jóvenes enviados por David,
y dijo: ¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí?
Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores.
25:11 ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que
he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé
de dónde son?
25:12 Y los jóvenes que había enviado David se volvieron
por su camino, y vinieron y dijeron a David todas estas palabras.
25:13 Entonces David dijo a sus hombres: Cíñase cada
uno su espada. Y se ciñó cada uno su espada y también
David se ciñó su espada; y subieron tras David como cuatrocientos
hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.
25:14 Pero uno de los criados dio aviso a Abigail mujer de Nabal, diciendo:
He aquí David envió mensajeros del desierto que saludasen
a nuestro amo, y él los ha zaherido.
25:15 Y aquellos hombres han sido muy buenos con nosotros, y nunca
nos trataron mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo que anduvimos
con ellos, cuando estábamos en el campo.
25:16 Muro fueron para nosotros de día y de noche, todos los
días que hemos estado con ellos apacentando las ovejas.
25:17 Ahora, pues, reflexiona y ve lo que has de hacer, porque el mal
está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa; pues
él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle.
25:18 Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, dos cueros
de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas
de grano tostado, cien racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos
secos, y lo cargó todo en asnos.
25:19 Y dijo a sus criados: Id delante de mí, y yo os seguiré
luego; y nada declaró a su marido Nabal.
25:20 Y montando un asno, descendió por una parte secreta del
monte; y he aquí David y sus hombres venían frente a ella,
y ella les salió al encuentro.
25:21 Y David había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo
lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado de
todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien.
25:22 Así haga Dios a los enemigos de David y aun les añada,
que de aquí a mañana, de todo lo que fuere suyo no he de
dejar con vida ni un varón.
25:23 Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del
asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó
a tierra;
25:24 y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío,
sobre mí sea el pecado; mas te ruego que permitas que tu sierva
hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva.
25:25 No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de
Nabal; porque conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y
la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes
que tú enviaste.
25:26 Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive
tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y
vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos
los que procuran mal contra mi señor.
25:27 Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor,
sea dado a los hombres que siguen a mi señor.
25:28 Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová
de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor
pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus
días.
25:29 Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra
tu vida, con todo, la vida de mi señor será ligada en el
haz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y él arrojará
la vida de tus enemigos como de en medio de la palma de una honda.
25:30 Y acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor
conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe
sobre Israel,
25:31 entonces, señor mío, no tendrás motivo de
pena ni remordimientos por haber derramado sangre sin causa, o por haberte
vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi señor, y cuando
Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.
25:32 Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel,
que te envió para que hoy me encontrases.
25:33 Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has
estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano.
25:34 Porque vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido
de hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi encuentro,
de aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni
un varón.
25:35 Y recibió David de su mano lo que le había traído,
y le dijo: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te
he tenido respeto.
25:36 Y Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él
tenía banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón
de Nabal estaba alegre, y estaba completamente ebrio, por lo cual ella
no le declaró cosa alguna hasta el día siguiente.
25:37 Pero por la mañana, cuando ya a Nabal se le habían
pasado los efectos del vino, le refirió su mujer estas cosas; y
desmayó su corazón en él, y se quedó como una
piedra.
25:38 Y diez días después, Jehová hirió
a Nabal, y murió.
25:39 Luego que David oyó que Nabal había muerto, dijo:
Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida
de mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová
ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza. Después envió
David a hablar con Abigail, para tomarla por su mujer.
25:40 Y los siervos de David vinieron a Abigail en Carmel, y hablaron
con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti, para tomarte por su mujer.
25:41 Y ella se levantó e inclinó su rostro a tierra,
diciendo: He aquí tu sierva, que será una sierva para lavar
los pies de los siervos de mi señor.
25:42 Y levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le
servían, montó en un asno y siguió a los mensajeros
de David, y fue su mujer.
25:43 También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas
fueron sus mujeres.
25:44 Porque Saúl había dado a su hija Mical mujer de
David a Palti hijo de Lais, que era de Galim.
Capítulo 26
David perdona la vida a Saúl en Zif
26:1 Vinieron los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está
David escondido en el collado de Haquila, al oriente del desierto?
26:2 Saúl entonces se levantó y descendió al desierto
de Zif, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar
a David en el desierto de Zif.
26:3 Y acampó Saúl en el collado de Haquila, que está
al oriente del desierto, junto al camino. Y estaba David en el desierto,
y entendió que Saúl le seguía en el desierto.
26:4 David, por tanto, envió espías, y supo con certeza
que Saúl había venido.
26:5 Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había
acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl
y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl
durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de
él.
26:6 Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de Sarvia,
hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl
en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo.
26:7 David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he
aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento,
y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército
estaban tendidos alrededor de él.
26:8 Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo
en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo
enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo
golpe.
26:9 Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién
extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será
inocente?
26:10 Dijo además David: Vive Jehová, que si Jehová
no lo hiriere, o su día llegue para que muera, o descendiendo en
batalla perezca,
26:11 guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido
de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera,
y la vasija de agua, y vámonos.
26:12 Se llevó, pues, David la lanza y la vasija de agua de
la cabecera de Saúl, y se fueron; y no hubo nadie que viese, ni
entendiese, ni velase, pues todos dormían; porque un profundo sueño
enviado de Jehová había caído sobre ellos.
26:13 Entonces pasó David al lado opuesto, y se puso en la cumbre
del monte a lo lejos, habiendo gran distancia entre ellos.
26:14 Y dio voces David al pueblo, y a Abner hijo de Ner, diciendo:
¿No respondes, Abner? Entonces Abner respondió y dijo: ¿Quién
eres tú que gritas al rey?
26:15 Y dijo David a Abner: ¿No eres tú un hombre? ¿y
quién hay como tú en Israel? ¿Por qué, pues,
no has guardado al rey tu señor? Porque uno del pueblo ha entrado
a matar a tu señor el rey.
26:16 Esto que has hecho no está bien. Vive Jehová, que
sois dignos de muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor,
al ungido de Jehová. Mira pues, ahora, dónde está
la lanza del rey, y la vasija de agua que estaba a su cabecera.
26:17 Y conociendo Saúl la voz de David, dijo: ¿No es
esta tu voz, hijo mío David? Y David respondió: Mi voz es,
rey señor mío.
26:18 Y dijo: ¿Por qué persigue así mi señor
a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay en
mi mano?
26:19 Ruego, pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras
de su siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte él
la ofrenda; mas si fueren hijos de hombres, malditos sean ellos en presencia
de Jehová, porque me han arrojado hoy para que no tenga parte en
la heredad de Jehová, diciendo: Vé y sirve a dioses ajenos.
26:20 No caiga, pues, ahora mi sangre en tierra delante de Jehová,
porque ha salido el rey de Israel a buscar una pulga, así como quien
persigue una perdiz por los montes.
26:21 Entonces dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío
David, que ningún mal te haré más, porque mi vida
ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente,
y he errado en gran manera.
26:22 Y David respondió y dijo: He aquí la lanza del
rey; pase acá uno de los criados y tómela.
26:23 Y Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues
Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise
extender mi mano contra el ungido de Jehová.
26:24 Y he aquí, como tu vida ha sido estimada preciosa hoy
a mis ojos, así sea mi vida a los ojos de Jehová, y me libre
de toda aflicción.
26:25 Y Saúl dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío
David; sin duda emprenderás tú cosas grandes, y prevalecerás.
Entonces David se fue por su camino, y Saúl se volvió a su
lugar.
Capítulo 27
David entre los filisteos
27:1 Dijo luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún
día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será
mejor que fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl no
se ocupe de mí, y no me ande buscando más por todo el territorio
de Israel; y así escaparé de su mano.
27:2 Se levantó, pues, David, y con los seiscientos hombres
que tenía consigo se pasó a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat.
27:3 Y moró David con Aquis en Gat, él y sus hombres,
cada uno con su familia; David con sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita
y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel.
27:4 Y vino a Saúl la nueva de que David había huido
a Gat, y no lo buscó más.
27:5 Y David dijo a Aquis: Si he hallado gracia ante tus ojos, séame
dado lugar en alguna de las aldeas para que habite allí; pues ¿por
qué ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real?
27:6 Y Aquis le dio aquel día a Siclag, por lo cual Siclag vino
a ser de los reyes de Judá hasta hoy.
27:7 Fue el número de los días que David habitó
en la tierra de los filisteos, un año y cuatro meses.
27:8 Y subía David con sus hombres, y hacían incursiones
contra los gesuritas, los gezritas y los amalecitas; porque éstos
habitaban de largo tiempo la tierra, desde como quien va a Shur hasta la
tierra de Egipto.
27:9 Y asolaba David el país, y no dejaba con vida hombre ni
mujer; y se llevaba las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y las
ropas, y regresaba a Aquis.
27:10 Y decía Aquis: ¿Dónde habéis merodeado
hoy? Y David decía: En el Neguev de Judá, y el Neguev de
Jerameel, o en el Neguev de los ceneos.
27:11 Ni hombre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen a
Gat; diciendo: No sea que den aviso de nosotros y digan: Esto hizo David.
Y esta fue su costumbre todo el tiempo que moró en la tierra de
los filisteos.
27:12 Y Aquis creía a David, y decía: El se ha hecho
abominable a su pueblo de Israel, y será siempre mi siervo.
Capítulo 28
28:1 Aconteció en aquellos días, que los filisteos reunieron
sus fuerzas para pelear contra Israel. Y dijo Aquis a David: Ten entendido
que has de salir conmigo a campaña, tú y tus hombres.
28:2 Y David respondió a Aquis: Muy bien, tú sabrás
lo que hará tu siervo. Y Aquis dijo a David: Por tanto, yo te constituiré
guarda de mi persona durante toda mi vida.
Saúl y la adivina de Endor
28:3 Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado,
y le habían sepultado en Ramá, su ciudad.
Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos.
28:4 Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem;
y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa.
28:5 Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo
miedo, y se turbó su corazón en gran manera.
28:6 Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová
no le respondió ni por sueños, ni por Urim,
ni por profetas.
28:7 Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que
tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y
por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí
hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.
28:8 Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y
se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él
dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación,
y me hagas subir a quien yo te dijere.
28:9 Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl
ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los
adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para
hacerme morir?
28:10 Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo:
Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.
28:11 La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré
venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel.
28:12 Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló
aquella mujer a Saúl, diciendo:
28:13 ¿Por qué me has engañado? pues tú
eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto?
Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de
la tierra.
28:14 El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió:
Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió
que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia.
28:15 Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado
haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado,
pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí,
y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños;
por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer.
28:16 Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas
a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo?
28:17 Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues
Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero,
David.
28:18 Como tú no obedeciste
a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec,
por eso Jehová te ha hecho esto hoy.
28:19 Y Jehová entregará a Israel también contigo
en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú
y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército
de Israel en mano de los filisteos.
28:20 Entonces Saúl cayó en tierra cuan grande era, y
tuvo gran temor por las palabras de Samuel; y estaba sin fuerzas, porque
en todo aquel día y aquella noche no había comido pan.
28:21 Entonces la mujer vino a Saúl, y viéndolo turbado
en gran manera, le dijo: He aquí que tu sierva ha obedecido a tu
voz, y he arriesgado mi vida, y he oído las palabras que tú
me has dicho.
28:22 Te ruego, pues, que tú también oigas la voz de
tu sierva; pondré yo delante de ti un bocado de pan para que comas,
a fin de que cobres fuerzas, y sigas tu camino.
28:23 Y él rehusó diciendo: No comeré. Pero porfiaron
con él sus siervos juntamente con la mujer, y él les obedeció.
Se levantó, pues, del suelo, y se sentó sobre una cama.
28:24 Y aquella mujer tenía en su casa un ternero engordado,
el cual mató luego; y tomó harina y la amasó, y coció
de ella panes sin levadura.
28:25 Y lo trajo delante de Saúl y de sus siervos; y después
de haber comido, se levantaron, y se fueron aquella noche.
Capítulo 29
Los filisteos desconfían de David
29:1 Los filisteos juntaron todas sus fuerzas en Afec, e Israel acampó
junto a la fuente que está en Jezreel.
29:2 Y cuando los príncipes de los filisteos pasaban revista
a sus compañías de a ciento y de a mil hombres, David y sus
hombres iban en la retaguardia con Aquis.
29:3 Y dijeron los príncipes de los filisteos: ¿Qué
hacen aquí estos hebreos? Y Aquis respondió a los príncipes
de los filisteos: ¿No es éste David, el siervo de Saúl
rey de Israel, que ha estado conmigo por días y años, y no
he hallado falta en él desde el día que se pasó a
mí hasta hoy?
29:4 Entonces los príncipes de los filisteos se enojaron contra
él, y le dijeron: Despide a este hombre, para que se vuelva al lugar
que le señalaste, y no venga con nosotros a la batalla, no sea que
en la batalla se nos vuelva enemigo; porque ¿con qué cosa
volvería mejor a la gracia de su señor que con las cabezas
de estos hombres?
29:5 ¿No es éste David, de quien cantaban en las danzas,
diciendo:
Saúl hirió a sus miles,
Y David a sus diez miles?

29:6 Y Aquis llamó a David y le dijo: Vive Jehová, que
tú has sido recto, y que me ha parecido bien tu salida y tu entrada
en el campamento conmigo, y que ninguna cosa mala he hallado en ti desde
el día que viniste a mí hasta hoy; mas a los ojos de los
príncipes no agradas.
29:7 Vuélvete, pues, y vete en paz, para no desagradar a los
príncipes de los filisteos.
29:8 Y David respondió a Aquis: ¿Qué he hecho?
¿Qué has hallado en tu siervo desde el día que estoy
contigo hasta hoy, para que yo no vaya y pelee contra los enemigos de mi
señor el rey?
29:9 Y Aquis respondió a David, y dijo: Yo sé que tú
eres bueno ante mis ojos, como un ángel de Dios; pero los príncipes
de los filisteos me han dicho: No venga con nosotros a la batalla.
29:10 Levántate, pues, de mañana, tú y los siervos
de tu señor que han venido contigo; y levantándoos al amanecer,
marchad.
29:11 Y se levantó David de mañana, él y sus hombres,
para irse y volver a la tierra de los filisteos; y los filisteos fueron
a Jezreel.
Capítulo 30
David derrota a los amalecitas
30:1 Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día,
los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían
asolado a Siclag y le habían prendido fuego.
30:2 Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los
que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a nadie habían
dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino.
30:3 Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí
que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido
llevados cautivos.
30:4 Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su
voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.
30:5 Las dos mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la que
fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran cautivas.
30:6 Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de
apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por
sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová
su Dios.
30:7 Y dijo David al sacerdote Abiatar
hijo de Ahimelec: Yo te ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó
el efod a David.
30:8 Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré
a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le
dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto
librarás a los cautivos.
30:9 Partió, pues, David, él y los seiscientos hombres
que con él estaban, y llegaron hasta el torrente de Besor, donde
se quedaron algunos.
30:10 Y David siguió adelante con cuatrocientos hombres; porque
se quedaron atrás doscientos, que cansados no pudieron pasar el
torrente de Besor.
30:11 Y hallaron en el campo a un hombre egipcio, el cual trajeron
a David, y le dieron pan, y comió, y le dieron a beber agua.
30:12 Le dieron también un pedazo de masa de higos secos y dos
racimos de pasas. Y luego que comió, volvió en él
su espíritu; porque no había comido pan ni bebido agua en
tres días y tres noches.
30:13 Y le dijo David: ¿De quién eres tú, y de
dónde eres? Y respondió el joven egipcio: Yo soy siervo de
un amalecita, y me dejó mi amo hoy hace tres días, porque
estaba yo enfermo;
30:14 pues hicimos una incursión a la parte del Neguev que es
de los cereteos, y de Judá, y al Neguev de Caleb; y pusimos fuego
a Siclag.
30:15 Y le dijo David: ¿Me llevarás tú a esa tropa?
Y él dijo: Júrame por Dios que no me matarás, ni me
entregarás en mano de mi amo, y yo te llevaré a esa gente.
30:16 Lo llevó, pues; y he aquí que estaban desparramados
sobre toda aquella tierra, comiendo y bebiendo y haciendo fiesta, por todo
aquel gran botín que habían tomado de la tierra de los filisteos
y de la tierra de Judá.
30:17 Y los hirió David desde aquella mañana hasta la
tarde del día siguiente; y no escapó de ellos ninguno, sino
cuatrocientos jóvenes que montaron sobre los camellos y huyeron.
30:18 Y libró David todo lo que los amalecitas habían
tomado, y asimismo libertó David a sus dos mujeres.
30:19 Y no les faltó cosa alguna, chica ni grande, así
de hijos como de hijas, del robo, y de todas las cosas que les habían
tomado; todo lo recuperó David.
30:20 Tomó también David todas las ovejas y el ganado
mayor; y trayéndolo todo delante, decían: Este es el botín
de David.
30:21 Y vino David a los doscientos hombres que habían quedado
cansados y no habían podido seguir a David, a los cuales habían
hecho quedar en el torrente de Besor; y ellos salieron a recibir a David
y al pueblo que con él estaba. Y cuando David llegó a la
gente, les saludó con paz.
30:22 Entonces todos los malos y perversos de entre los que habían
ido con David, respondieron y dijeron: Porque no fueron con nosotros, no
les daremos del botín que hemos quitado, sino a cada uno su mujer
y sus hijos; que los tomen y se vayan.
30:23 Y David dijo: No hagáis eso, hermanos míos, de
lo que nos ha dado Jehová, quien nos ha guardado, y ha entregado
en nuestra mano a los merodeadores que vinieron contra nosotros.
30:24 ¿Y quién os escuchará en este caso? Porque
conforme a la parte del que desciende a la batalla, así ha de ser
la parte del que queda con el bagaje; les tocará parte igual.
30:25 Desde aquel día en adelante fue esto por ley y ordenanza
en Israel, hasta hoy.
30:26 Y cuando David llegó a Siclag, envió del botín
a los ancianos de Judá, sus amigos, diciendo: He aquí un
presente para vosotros del botín de los enemigos de Jehová.
30:27 Lo envió a los que estaban en Bet-el, en Ramot del Neguev,
en Jatir,
30:28 en Aroer, en Sifmot, en Estemoa,
30:29 en Racal, en las ciudades de Jerameel, en las ciudades del ceneo,
30:30 en Horma, en Corasán, en Atac,
30:31 en Hebrón, y en todos los lugares donde David había
estado con sus hombres.
Capítulo 31
Muerte de Saúl y de sus hijos
(1 Cr. 10.1-12)
31:1 Los filisteos, pues, pelearon contra Israel, y los de Israel huyeron
delante de los filisteos, y cayeron muertos en el monte de Gilboa.
31:2 Y siguiendo los filisteos a Saúl y a sus hijos, mataron
a Jonatán, a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Saúl.
31:3 Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron
los flecheros, y tuvo gran temor de ellos.
31:4 Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame
con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan.
Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces
tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella.
31:5 Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también
se echó sobre su espada, y murió con él.
31:6 Así murió Saúl en aquel día, juntamente
con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones.
31:7 Y los de Israel que eran del otro lado del valle, y del otro lado
del Jordán, viendo que Israel había huido y que Saúl
y sus hijos habían sido muertos, dejaron las ciudades y huyeron;
y los filisteos vinieron y habitaron en ellas.
31:8 Aconteció al siguiente día, que viniendo los filisteos
a despojar a los muertos, hallaron a Saúl y a sus tres hijos tendidos
en el monte de Gilboa.
31:9 Y le cortaron la cabeza, y le despojaron de las armas; y enviaron
mensajeros por toda la tierra de los filisteos, para que llevaran las buenas
nuevas al templo de sus ídolos y al pueblo.
31:10 Y pusieron sus armas en el templo de Astarot, y colgaron su cuerpo
en el muro de Bet-sán.
31:11 Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron
a Saúl,
31:12 todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda
aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus
hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron allí.
31:13 Y tomando sus huesos, los sepultaron debajo de un árbol
en Jabes, y ayunaron siete días.
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