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Capítulo 13
Amnón y Tamar
13:1 Aconteció después de esto, que teniendo Absalón
hijo de David una hermana hermosa que se llamaba Tamar, se enamoró
de ella Amnón hijo de David.
13:2 Y estaba Amnón angustiado hasta enfermarse por Tamar su
hermana, pues por ser ella virgen, le parecía a Amnón que
sería difícil hacerle cosa alguna.
13:3 Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo
de Simea, hermano de David; y Jonadab era hombre muy astuto.
13:4 Y éste le dijo: Hijo del rey, ¿por qué de
día en día vas enflaqueciendo así? ¿No me lo
descubrirás a mí? Y Amnón le respondió: Yo
amo a Tamar la hermana de Absalón mi hermano.
13:5 Y Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás
enfermo; y cuando tu padre viniere a visitarte, dile: Te ruego que venga
mi hermana Tamar, para que me dé de comer, y prepare delante de
mí alguna vianda, para que al verla yo la coma de su mano.
13:6 Se acostó, pues, Amnón, y fingió que estaba
enfermo; y vino el rey a visitarle. Y dijo Amnón al rey: Yo te ruego
que venga mi hermana Tamar, y haga delante de mí dos hojuelas, para
que coma yo de su mano.
13:7 Y David envió a Tamar a su casa, diciendo: Ve ahora a casa
de Amnón tu hermano, y hazle de comer.
13:8 Y fue Tamar a casa de su hermano Amnón, el cual estaba
acostado; y tomó harina, y amasó, e hizo hojuelas delante
de él y las coció.
13:9 Tomó luego la sartén, y las sacó delante
de él; mas él no quiso comer. Y dijo Amnón: Echad
fuera de aquí a todos. Y todos salieron de allí.
13:10 Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la alcoba,
para que yo coma de tu mano. Y tomando Tamar las hojuelas que había
preparado, las llevó a su hermano Amnón a la alcoba.
13:11 Y cuando ella se las puso delante para que comiese, asió
de ella, y le dijo: Ven, hermana mía, acuéstate conmigo.
13:12 Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no
me
hagas violencia; porque no se debe hacer así en Israel. No hagas
tal vileza.
13:13 Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra?
Y aun tú serías estimado como uno de los perversos en Israel.
Te ruego pues, ahora, que hables al rey, que él no me negará
a ti.
13:14 Mas él no la quiso oír, sino que pudiendo más
que ella, la forzó, y se acostó con ella.
13:15 Luego la aborreció Amnón con tan gran aborrecimiento,
que el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la
había amado. Y le dijo Amnón: Levántate, y vete.
13:16 Y ella le respondió: No hay razón; mayor mal es
este de arrojarme, que el que me has hecho. Mas él no la quiso oír,
13:17 sino que llamando a su criado que le servía, le dijo:
Echame a ésta fuera de aquí, y cierra tras ella la puerta.
13:18 Y llevaba ella un vestido de diversos colores, traje que vestían
las hijas vírgenes de los reyes. Su criado, pues, la echó
fuera, y cerró la puerta tras ella.
13:19 Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre
su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que estaba vestida, y puesta
su mano sobre su cabeza, se fue gritando.
Venganza y huida de Absalón
13:20 Y le dijo su hermano Absalón: ¿Ha estado contigo
tu hermano Amnón? Pues calla ahora, hermana mía; tu hermano
es; no se angustie tu corazón por esto. Y se quedó Tamar
desconsolada en casa de Absalón su hermano.
13:21 Y luego que el rey David oyó todo esto, se enojó
mucho.
13:22 Mas Absalón no habló con Amnón ni malo ni
bueno; aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque había
forzado a Tamar su hermana.
13:23 Aconteció pasados dos años, que Absalón
tenía esquiladores en Baal-hazor, que está junto a Efraín;
y convidó Absalón a todos los hijos del rey.
13:24 Y vino Absalón al rey, y dijo: He aquí, tu siervo
tiene ahora esquiladores; yo ruego que venga el rey y sus siervos con tu
siervo.
13:25 Y respondió el rey a Absalón: No, hijo mío,
no vamos todos, para que no te seamos gravosos. Y aunque porfió
con él, no quiso ir, mas le bendijo.
13:26 Entonces dijo Absalón: Pues si no, te ruego que venga
con nosotros Amnón mi hermano. Y el rey le respondió: ¿Para
qué ha de ir contigo?
13:27 Pero como Absalón le importunaba, dejó ir con él
a Amnón y a todos los hijos del rey.
13:28 Y Absalón había dado orden a sus criados, diciendo:
Os ruego que miréis cuando el corazón de Amnón esté
alegre por el vino; y al decir yo: Herid a Amnón, entonces matadle,
y no temáis, pues yo os lo he mandado. Esforzaos, pues, y sed valientes.
13:29 Y los criados de Absalón hicieron con Amnón como
Absalón les había mandado. Entonces se levantaron todos los
hijos del rey, y montaron cada uno en su mula, y huyeron.
13:30 Estando ellos aún en el camino, llegó a David el
rumor que decía: Absalón ha dado muerte a todos los hijos
del rey, y ninguno de ellos ha quedado.
13:31 Entonces levantándose David, rasgó sus vestidos,
y se echó en tierra, y todos sus criados que estaban junto a él
también rasgaron sus vestidos.
13:32 Pero Jonadab, hijo de Simea hermano de David, habló y
dijo: No diga mi señor que han dado muerte a todos los jóvenes
hijos del rey, pues sólo Amnón ha sido muerto; porque por
mandato de Absalón esto había sido determinado desde el día
en que Amnón forzó a Tamar su hermana.
13:33 Por tanto, ahora no ponga mi señor el rey en su corazón
ese rumor que dice: Todos los hijos del rey han sido muertos; porque sólo
Amnón ha sido muerto.
13:34 Y Absalón huyó. Entre tanto, alzando sus ojos el
joven que estaba de atalaya, miró, y he aquí mucha gente
que venía por el camino a sus espaldas, del lado del monte.
13:35 Y dijo Jonadab al rey: He allí los hijos del rey que vienen;
es así como tu siervo ha dicho.
13:36 Cuando él acabó de hablar, he aquí los hijos
del rey que vinieron, y alzando su voz lloraron. Y también el mismo
rey y todos sus siervos lloraron con muy grandes lamentos.
13:37 Mas Absalón huyó y se fue a Talmai hijo de Amiud,
rey de Gesur.
Y David lloraba por su hijo todos los días.
13:38 Así huyó Absalón y se fue a Gesur, y estuvo
allá tres años.
13:39 Y el rey David deseaba ver a Absalón; pues ya estaba consolado
acerca de Amnón, que había muerto.
Capítulo 14
Joab procura el regreso de Absalón
14:1 Conociendo Joab hijo de Sarvia que el corazón del rey se inclinaba
por Absalón,
14:2 envió Joab a Tecoa, y tomó de allá una mujer
astuta, y le dijo: Yo te ruego que finjas estar de duelo, y te vistas ropas
de luto, y no te unjas con óleo, sino preséntate como una
mujer que desde mucho tiempo está de duelo por algún muerto;
14:3 y entrarás al rey, y le hablarás de esta manera.
Y puso Joab las palabras en su boca.
14:4 Entró, pues, aquella mujer de Tecoa al rey, y postrándose
en tierra sobre su rostro, hizo reverencia, y dijo: ¡Socorro, oh
rey!
14:5 El rey le dijo: ¿Qué tienes? Y ella respondió:
Yo a la verdad soy una mujer viuda y mi marido ha muerto.
14:6 Tu sierva tenía dos hijos, y los dos riñeron en
el campo; y no habiendo quien los separase, hirió el uno al otro,
y lo mató.
14:7 Y he aquí toda la familia se ha levantado contra tu sierva,
diciendo: Entrega al que mató a su hermano, para que le hagamos
morir por la vida de su hermano a quien él mató, y matemos
también al heredero. Así apagarán el ascua que me
ha quedado, no dejando a mi marido nombre ni reliquia sobre la tierra.
14:8 Entonces el rey dijo a la mujer: Vete a tu casa, y yo daré
órdenes con respecto a ti.
14:9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Rey señor mío,
la maldad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre; mas el rey y
su trono sean sin culpa.
14:10 Y el rey dijo: Al que hablare contra ti, tráelo a mí,
y no te tocará más.
14:11 Dijo ella entonces: Te ruego, oh rey, que te acuerdes de Jehová
tu Dios, para que el vengador de la sangre no aumente el daño, y
no destruya a mi hijo. Y el respondió: Vive Jehová, que no
caerá ni un cabello de la cabeza de tu hijo en tierra.
14:12 Y la mujer dijo: Te ruego que permitas que tu sierva hable una
palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla.
14:13 Entonces la mujer dijo: ¿Por qué, pues, has pensado
tú cosa semejante contra el pueblo de Dios? Porque hablando el rey
esta palabra, se hace culpable él mismo, por cuanto el rey no hace
volver a su desterrado.
14:14 Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra,
que no pueden volver a recogerse; ni Dios quita la vida, sino que provee
medios para no alejar de sí al desterrado.
14:15 Y el haber yo venido ahora para decir esto al rey mi señor,
es porque el pueblo me atemorizó; y tu sierva dijo: Hablaré
ahora al rey; quizá él hará lo que su sierva diga.
14:16 Pues el rey oirá, para librar a su sierva de mano del
hombre que me quiere destruir a mí y a mi hijo juntamente, de la
heredad de Dios.
14:17 Tu sierva, pues, dice: Sea ahora de consuelo la respuesta de
mi señor el rey, pues que mi señor el rey es como un ángel
de Dios para discernir entre lo bueno y lo malo. Así Jehová
tu Dios sea contigo.
14:18 Entonces David respondió y dijo a la mujer: Yo te ruego
que no me encubras nada de lo que yo te preguntare. Y la mujer dijo: Hable
mi señor el rey.
14:19 Y el rey dijo: ¿No anda la mano de Joab contigo en todas
estas cosas? La mujer respondió y dijo: Vive tu alma, rey señor
mío, que no hay que apartarse a derecha ni a izquierda de todo lo
que mi señor el rey ha hablado; porque tu siervo Joab, él
me mandó, y él puso en boca de tu sierva todas estas palabras.
14:20 Para mudar el aspecto de las cosas Joab tu siervo ha hecho esto;
pero mi señor es sabio conforme a la sabiduría de un ángel
de Dios, para conocer lo que hay en la tierra.
14:21 Entonces el rey dijo a Joab: He aquí yo hago esto; ve,
y haz volver al joven Absalón.
14:22 Y Joab se postró en tierra sobre su rostro e hizo reverencia,
y después que bendijo al rey, dijo: Hoy ha entendido tu siervo que
he hallado gracia en tus ojos, rey señor mío, pues ha hecho
el rey lo que su siervo ha dicho.
14:23 Se levantó luego Joab y fue a Gesur, y trajo a Absalón
a Jerusalén.
14:24 Mas el rey dijo: Váyase a su casa, y no vea mi rostro.
Y volvió Absalón a su casa, y no vio el rostro del rey.
14:25 Y no había en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura
como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había
en él defecto.
14:26 Cuando se cortaba el cabello (lo cual hacía al fin de
cada año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba), pesaba
el cabello de su cabeza doscientos siclos
de peso real.
14:27 Y le nacieron a Absalón tres hijos, y una hija que se
llamó Tamar, la cual era mujer de hermoso semblante.
14:28 Y estuvo Absalón por espacio de dos años en Jerusalén,
y no vio el rostro del rey.
14:29 Y mandó Absalón por Joab, para enviarlo al rey,
pero él no quiso venir; y envió aun por segunda vez, y no
quiso venir.
14:30 Entonces dijo a sus siervos: Mirad, el campo de Joab está
junto al mío, y tiene allí cebada; id y prendedle fuego.
Y los siervos de Absalón prendieron fuego al campo.
14:31 Entonces se levantó Joab y vino a casa de Absalón,
y le dijo: ¿Por qué han prendido fuego tus siervos a mi campo?
14:32 Y Absalón respondió a Joab: He aquí yo he
enviado por ti, diciendo que vinieses acá, con el fin de enviarte
al rey para decirle: ¿Para qué vine de Gesur? Mejor me fuera
estar aún allá. Vea yo ahora el rostro del rey; y si hay
en mí pecado, máteme.
14:33 Vino, pues, Joab al rey, y se lo hizo saber. Entonces llamó
a
Absalón, el cual vino al rey, e inclinó su rostro a tierra
delante del rey; y el rey besó a Absalón.
Capítulo 15
Absalón se subleva contra David
15:1 Aconteció después de esto, que Absalón se hizo
de carros y caballos, y cincuenta hombres que corriesen delante de él.
15:2 Y se levantaba Absalón de mañana, y se ponía
a un lado del camino junto a la puerta; y a cualquiera que tenía
pleito y venía al rey a juicio, Absalón le llamaba y le decía:
¿De qué ciudad eres? Y él respondía: Tu siervo
es de una de las tribus de Israel.
15:3 Entonces Absalón le decía: Mira, tus palabras son
buenas y justas; mas no tienes quien te oiga de parte del rey.
15:4 Y decía Absalón: ¡Quién me pusiera
por juez en la tierra, para que viniesen a mí todos los que tienen
pleito o negocio, que yo les haría justicia!
15:5 Y acontecía que cuando alguno se acercaba para inclinarse
a él, él extendía la mano y lo tomaba, y lo besaba.
15:6 De esta manera hacía con todos los israelitas que venían
al rey a juicio; y así robaba Absalón el corazón de
los de Israel.
15:7 Al cabo de cuatro años, aconteció que Absalón
dijo al rey: Yo te ruego me permitas que vaya a Hebrón, a pagar
mi voto que he prometido a Jehová.
15:8 Porque tu siervo hizo voto cuando estaba en Gesur en Siria, diciendo:
Si Jehová me hiciere volver a Jerusalén, yo serviré
a Jehová.
15:9 Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él se levantó, y
fue a Hebrón.
15:10 Entonces envió Absalón mensajeros por todas las
tribus de Israel, diciendo: Cuando oigáis el sonido de la trompeta
diréis: Absalón reina en Hebrón.
15:11 Y fueron con Absalón doscientos hombres de Jerusalén
convidados por él, los cuales iban en su sencillez, sin saber nada.
15:12 Y mientras Absalón ofrecía los sacrificios, llamó
a Ahitofel gilonita, consejero de David, de su ciudad de Gilo. Y la conspiración
se hizo poderosa, y aumentaba el pueblo que seguía a Absalón.
15:13 Y un mensajero vino a David, diciendo: El corazón de todo
Israel se va tras Absalón.
15:14 Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él
en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante
de Absalón; daos prisa a partir, no sea que apresurándose
él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad
a filo de espada.
15:15 Y los siervos del rey dijeron al rey: He aquí, tus siervos
están listos a todo lo que nuestro señor el rey decida.
15:16 El rey entonces salió, con toda su familia en pos de él.
Y dejó el rey diez mujeres concubinas, para que guardasen la casa.
15:17 Salió, pues, el rey con todo el pueblo que le seguía,
y se detuvieron en un lugar distante.
15:18 Y todos sus siervos pasaban a su lado, con todos los cereteos
y peleteos; y todos los geteos, seiscientos hombres que habían venido
a pie desde Gat, iban delante del rey.
15:19 Y dijo el rey a Itai geteo: ¿Para qué vienes tú
también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey;
porque tú eres extranjero, y desterrado también de tu lugar.
15:20 Ayer viniste, ¿y he de hacer hoy que te muevas para ir
con nosotros? En cuanto a mí, yo iré a donde pueda ir; tú
vuélvete, y haz volver a tus hermanos; y Jehová te muestre
amor permanente y fidelidad.
15:21 Y respondió Itai al rey, diciendo: Vive Dios, y vive mi
señor el rey, que o para muerte o para vida, donde mi señor
el rey estuviere, allí estará también tu siervo.
15:22 Entonces David dijo a Itai: Ven, pues, y pasa. Y pasó
Itai geteo, y todos sus hombres, y toda su familia.
15:23 Y todo el país lloró en alta voz; pasó luego
toda la gente el torrente de Cedrón; asimismo pasó el rey,
y todo el pueblo pasó al camino que va al desierto.
15:24 Y he aquí, también iba Sadoc, y con él todos
los levitas que llevaban el arca del pacto de Dios; y asentaron el arca
del pacto de Dios. Y subió Abiatar después que todo el pueblo
hubo acabado de salir de la ciudad.
15:25 Pero dijo el rey a Sadoc: Vuelve el arca de Dios a la ciudad.
Si yo hallare gracia ante los ojos de Jehová, él hará
que vuelva, y me dejará verla y a su tabernáculo.
15:26 Y si dijere: No me complazco en ti; aquí estoy, haga de
mí lo que bien le pareciere.
15:27 Dijo además el rey al sacerdote Sadoc: ¿No eres
tú el vidente? Vuelve en paz a la ciudad, y con vosotros vuestros
dos hijos; Ahimaas tu hijo, y Jonatán hijo de Abiatar.
15:28 Mirad, yo me detendré en los vados del desierto,
hasta que venga respuesta de vosotros que me dé aviso.
15:29 Entonces Sadoc y Abiatar volvieron el arca de Dios a Jerusalén,
y se quedaron allá.
15:30 Y David subió la cuesta de los Olivos; y la subió
llorando, llevando la cabeza cubierta y los pies descalzos. También
todo el pueblo que tenía consigo cubrió cada uno su cabeza,
e iban llorando mientras subían.
15:31 Y dieron aviso a David, diciendo: Ahitofel está entre
los que conspiraron con Absalón. Entonces dijo David: Entorpece
ahora, oh Jehová, el consejo de Ahitofel.
15:32 Cuando David llegó a la cumbre del monte para adorar allí
a Dios, he aquí Husai arquita que le salió al encuentro,
rasgados sus vestidos, y tierra sobre su cabeza.
15:33 Y le dijo David: Si pasares conmigo, me serás carga.
15:34 Mas si volvieres a la ciudad, y dijeres a Absalón: Rey,
yo seré tu siervo; como hasta aquí he sido siervo de tu padre,
así seré ahora siervo tuyo; entonces tú harás
nulo el consejo de Ahitofel.
15:35 ¿No estarán allí contigo los sacerdotes
Sadoc y Abiatar? Por tanto, todo lo que oyeres en la casa del rey, se lo
comunicarás a los sacerdotes Sadoc y Abiatar.
15:36 Y he aquí que están con ellos sus dos hijos, Ahimaas
el de Sadoc y Jonatán el de Abiatar; por medio de ellos me enviaréis
aviso de todo lo que oyereis.
15:37 Así vino Husai amigo de David a la ciudad; y Absalón
entró en Jerusalén.
Capítulo 16
16:1 Cuando David pasó un poco más allá de la cumbre
del monte, he aquí Siba el criado de Mefi-boset,
que salía a recibirle con un par de asnos enalbardados, y sobre
ellos doscientos panes, cien racimos de pasas, cien panes de higos secos,
y un cuero de vino.
16:2 Y dijo el rey a Siba: ¿Qué es esto? Y Siba respondió:
Los asnos son para que monte la familia del rey, los panes y las pasas
para que coman los criados, y el vino para que beban los que se cansen
en el desierto.
16:3 Y dijo el rey: ¿Dónde está el hijo de tu
señor? Y Siba respondió al rey: He aquí él
se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: Hoy me devolverá
la casa de Israel el reino de mi padre.
16:4 Entonces el rey dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo
que tiene Mefi-boset. Y respondió Siba inclinándose: Rey
señor mío, halle yo gracia delante de ti.
16:5 Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí salía
uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Simei hijo
de Gera; y salía maldiciendo,
16:6 y arrojando piedras contra David, y contra todos los siervos del
rey David; y todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su
derecha y a su izquierda.
16:7 Y decía Simei, maldiciéndole: ¡Fuera, fuera,
hombre sanguinario y perverso!
16:8 Jehová te ha dado el pago de toda la sangre de la casa
de Saúl, en lugar del cual tú has reinado, y Jehová
ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón; y hete aquí
sorprendido en tu maldad, porque eres hombre sanguinario.
16:9 Entonces Abisai hijo de Sarvia dijo al rey: ¿Por qué
maldice este perro muerto a mi señor el rey? Te ruego que me dejes
pasar, y le quitaré la cabeza.
16:10 Y el rey respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros,
hijos de Sarvia? Si él así maldice, es porque Jehová
le ha dicho que maldiga a David. ¿Quién, pues, le dirá:
¿Por qué lo haces así?
16:11 Y dijo David a Abisai y a todos sus siervos: He aquí,
mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida; ¿cuánto
más ahora un hijo de Benjamín? Dejadle que maldiga, pues
Jehová se lo ha dicho.
16:12 Quizá mirará Jehová mi aflicción,
y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy.
16:13 Y mientras David y los suyos iban por el camino, Simei iba por
el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando
piedras delante de él, y esparciendo polvo.
16:14 Y el rey y todo el pueblo que con él estaba, llegaron
fatigados, y descansaron allí.
16:15 Y Absalón y toda la gente suya, los hombres de Israel,
entraron en Jerusalén, y con él Ahitofel.
16:16 Aconteció luego, que cuando Husai arquita, amigo de David,
vino al encuentro de Absalón, dijo Husai: ¡Viva el rey, viva
el rey!
16:17 Y Absalón dijo a Husai: ¿Es este tu agradecimiento
para con tu amigo? ¿Por qué no fuiste con tu amigo?
16:18 Y Husai respondió a Absalón: No, sino que de aquel
que eligiere Jehová y este pueblo y todos los varones de Israel,
de aquél seré yo, y con él me quedaré.
16:19 ¿Y a quién había yo de servir? ¿No
es a su hijo? Como he servido delante de tu padre, así seré
delante de ti.
16:20 Entonces dijo Absalón a Ahitofel: Dad vuestro consejo
sobre lo que debemos hacer.
16:21 Y Ahitofel dijo a Absalón: Llégate a las concubinas
de tu padre, que él dejó para guardar la casa; y todo el
pueblo de Israel oirá que te has hecho aborrecible a tu padre, y
así se fortalecerán las manos de todos los que están
contigo.
16:22 Entonces pusieron para Absalón una tienda sobre el terrado,
y se llegó Absalón a las concubinas de su padre, ante los
ojos de todo Israel.
16:23 Y el consejo que daba Ahitofel en aquellos días, era como
si se consultase la palabra de Dios. Así era todo consejo de Ahitofel,
tanto con David como con Absalón.
Capítulo 17
Consejos de Ahitofel y de Husai
17:1 Entonces Ahitofel dijo a Absalón: Yo escogeré ahora
doce mil hombres, y me levantaré y seguiré a David esta noche,
17:2 y caeré sobre él mientras está cansado y
débil de manos; lo atemorizaré, y todo el pueblo que está
con él huirá, y mataré al rey solo.
17:3 Así haré volver a ti todo el pueblo (pues tú
buscas solamente la vida de un hombre); y cuando ellos hayan vuelto, todo
el pueblo estará en paz.
17:4 Este consejo pareció bien a Absalón y a todos los
ancianos de Israel.
17:5 Y dijo Absalón: Llamad también ahora a Husai arquita,
para que asimismo oigamos lo que él dirá.
17:6 Cuando Husai vino a Absalón, le habló Absalón,
diciendo: Así ha dicho Ahitofel; ¿seguiremos su consejo,
o no? Di tú.
17:7 Entonces Husai dijo a Absalón: El consejo que ha dado esta
vez Ahitofel no es bueno.
17:8 Y añadió Husai: Tú sabes que tu padre y los
suyos son hombres valientes, y que están con amargura de ánimo,
como la osa en el campo cuando le han quitado sus cachorros. Además,
tu padre es hombre de guerra, y no pasará la noche con el pueblo.
17:9 He aquí él estará ahora escondido en alguna
cueva, o en otro lugar; y si al principio cayeren algunos de los tuyos,
quienquiera que lo oyere dirá: El pueblo que sigue a Absalón
ha sido derrotado.
17:10 Y aun el hombre valiente, cuyo corazón sea como corazón
de león, desmayará por completo; porque todo Israel sabe
que tu padre es hombre valiente, y que los que están con él
son esforzados.
17:11 Aconsejo, pues, que todo Israel se junte a ti, desde Dan hasta
Beerseba, en multitud como la arena que está a la orilla del mar,
y que tú en persona vayas a la batalla.
17:12 Entonces le acometeremos en cualquier lugar en donde se hallare,
y caeremos sobre él como cuando el rocío cae sobre la tierra,
y ni uno dejaremos de él y de todos los que están con él.
17:13 Y si se refugiare en alguna ciudad, todos los de Israel llevarán
sogas a aquella ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, hasta que no
se encuentre allí ni una piedra.
17:14 Entonces Absalón y todos los de Israel dijeron: El consejo
de Husai arquita es mejor que el consejo de Ahitofel. Porque Jehová
había ordenado que el acertado consejo de Ahitofel se frustrara,
para que Jehová hiciese venir el mal sobre Absalón.
17:15 Dijo luego Husai a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: Así
y así aconsejó Ahitofel a Absalón y a los ancianos
de Israel; y de esta manera aconsejé yo.
17:16 Por tanto, enviad inmediatamente y dad aviso a David, diciendo:
No te quedes esta noche en los vados del desierto, sino pasa luego el Jordán,
para que no sea destruido el rey y todo el pueblo que con él está.
17:17 Y Jonatán y Ahimaas estaban junto a la fuente de Rogel,
y fue una criada y les avisó, porque ellos no podían mostrarse
viniendo a la ciudad; y ellos fueron y se lo hicieron saber al rey David.
17:18 Pero fueron vistos por un joven, el cual lo hizo saber a Absalón;
sin embargo, los dos se dieron prisa a caminar, y llegaron a casa de un
hombre en Bahurim, que tenía en su patio un pozo, dentro del cual
se metieron.
17:19 Y tomando la mujer de la casa una manta, la extendió sobre
la boca del pozo, y tendió sobre ella el grano trillado; y nada
se supo del asunto.
17:20 Llegando luego los criados de Absalón a la casa de la
mujer, le dijeron: ¿Dónde están Ahimaas y Jonatán?
Y la mujer les respondió: Ya han pasado el vado de las aguas. Y
como ellos los buscaron y no los hallaron, volvieron a Jerusalén.
17:21 Y después que se hubieron ido, aquéllos salieron
del pozo y se fueron, y dieron aviso al rey David, diciéndole: Levantaos
y daos prisa a pasar las aguas, porque Ahitofel ha dado tal consejo contra
vosotros.
17:22 Entonces David se levantó, y todo el pueblo que con él
estaba, y pasaron el Jordán antes que amaneciese; ni siquiera faltó
uno que no pasase el Jordán.
17:23 Pero Ahitofel, viendo que no se había seguido su consejo,
enalbardó su asno, y se levantó y se fue a su casa a su ciudad;
y después de poner su casa en orden, se ahorcó, y así
murió, y fue sepultado en el sepulcro de su padre.
17:24 Y David llegó a Mahanaim; y Absalón pasó
el Jordán con toda la gente de Israel.
17:25 Y Absalón nombró a Amasa jefe del ejército
en lugar de Joab. Amasa era hijo de un varón de Israel llamado Itra,
el cual se había llegado a Abigail hija de Nahas, hermana de Sarvia
madre de Joab.
17:26 Y acampó Israel con Absalón en tierra de Galaad.
17:27 Luego que David llegó a Mahanaim, Sobi hijo de Nahas,
de Rabá de los hijos de Amón, Maquir hijo de Amiel, de Lodebar,
y Barzilai galaadita de Rogelim,
17:28 trajeron a David y al pueblo que estaba con él, camas,
tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas,
garbanzos tostados,
17:29 miel, manteca, ovejas, y quesos de vaca, para que comiesen; porque
decían: El pueblo está hambriento y cansado y sediento en
el desierto.
Capítulo 18
Muerte de Absalón
18:1 David, pues, pasó revista al pueblo que tenía consigo,
y puso sobre ellos jefes de millares y jefes de centenas.
18:2 Y envió David al pueblo, una tercera parte bajo el mando
de Joab, una tercera parte bajo el mando de Abisai hijo de Sarvia, hermano
de Joab, y una tercera parte al mando de Itai geteo. Y dijo el rey al pueblo:
Yo también saldré con vosotros.
18:3 Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos,
no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera,
no harán caso de nosotros; mas tú ahora vales tanto como
diez mil de nosotros. Será, pues, mejor que tú nos des ayuda
desde la ciudad.
18:4 Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os parezca.
Y se puso el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo
el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil.
18:5 Y el rey mandó a Joab, a Abisai y a Itai, diciendo: Tratad
benignamente por amor de mí al joven Absalón. Y todo el pueblo
oyó cuando dio el rey orden acerca de Absalón a todos los
capitanes.
18:6 Salió, pues, el pueblo al campo contra Israel, y se libró
la batalla en el bosque de Efraín.
18:7 Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos
de David, y se hizo allí en aquel día una gran matanza de
veinte mil hombres.
18:8 Y la batalla se extendió por todo el país; y fueron
más los que destruyó el bosque aquel día, que los
que destruyó la espada.
18:9 Y se encontró Absalón con los siervos de David;
e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de
las ramas espesas de una gran encina, y se le enredó la cabeza en
la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la
tierra; y el mulo en que iba pasó delante.
18:10 Viéndolo uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí
que he visto a Absalón colgado de una encina.
18:11 Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo
tú, ¿por qué no le mataste luego allí echándole
a tierra? Me hubiera placido darte diez siclos de plata,
y un talabarte.
18:12 El hombre dijo a Joab: Aunque me pesaras mil siclos de plata,
no extendería yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros
oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Itai, diciendo:
Mirad que ninguno toque al joven Absalón.
18:13 Por otra parte, habría yo hecho traición contra
mi vida, pues que al rey nada se le esconde, y tú mismo estarías
en contra.
18:14 Y respondió Joab: No malgastaré mi tiempo contigo.
Y tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón
de Absalón, quien estaba aún vivo en medio de la encina.
18:15 Y diez jóvenes escuderos de Joab rodearon e hirieron a
Absalón, y acabaron de matarle.
18:16 Entonces Joab tocó la trompeta, y el pueblo se volvió
de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo.
18:17 Tomando después a Absalón, le echaron en un gran
hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un montón muy grande
de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a su tienda.
18:18 Y en vida, Absalón había tomado y erigido una columna,
la cual está en el valle del rey; porque había dicho: Yo
no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella
columna por su nombre, y así se ha llamado Columna de Absalón,
hasta hoy.
18:19 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora,
y daré al rey las nuevas de que Jehová ha defendido su causa
de la mano de sus enemigos?
18:20 Respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas; las
llevarás otro día; no darás hoy la nueva, porque el
hijo del rey ha muerto.
18:21 Y Joab dijo a un etíope: Ve tú, y di al rey lo
que has visto. Y el etíope hizo reverencia ante Joab, y corrió.
18:22 Entonces Ahimaas hijo de Sadoc volvió a decir a Joab:
Sea como fuere, yo correré ahora tras el etíope. Y Joab dijo:
Hijo mío, ¿para qué has de correr tú, si no
recibirás premio por las nuevas?
18:23 Mas él respondió: Sea como fuere, yo correré.
Entonces le dijo: Corre. Corrió, pues, Ahimaas por el camino de
la llanura, y pasó delante del etíope.
18:24 Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el atalaya había
ido al terrado sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró,
y vio a uno que corría solo.
18:25 El atalaya dio luego voces, y lo hizo saber al rey. Y el rey
dijo: Si viene solo, buenas nuevas trae. En tanto que él venía
acercándose,
18:26 vio el atalaya a otro que corría; y dio voces el atalaya
al portero, diciendo: He aquí otro hombre que corre solo. Y el rey
dijo: Este también es mensajero.
18:27 Y el atalaya volvió a decir: Me parece el correr del primero
como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese
es hombre de bien, y viene con buenas nuevas.
18:28 Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. Y se inclinó
a tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo,
que ha entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra
mi señor el rey.
18:29 Y el rey dijo: ¿El joven Absalón está bien?
Y Ahimaas respondió: Vi yo un gran alboroto cuando envió
Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué
era.
18:30 Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó,
y se quedó de pie.
18:31 Luego vino el etíope, y dijo: Reciba nuevas mi señor
el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos
los que se habían levantado contra ti.
18:32 El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven Absalón
está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven
sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levanten
contra ti para mal.
18:33 Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de
la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo
mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón!
¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón,
hijo mío, hijo mío!
Capítulo 19
David vuelve a Jerusalén
19:1 Dieron aviso a Joab: He aquí el rey llora, y hace duelo por
Absalón.
19:2 Y se volvió aquel día la victoria en luto para todo
el pueblo; porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey
tenía dolor por su hijo.
19:3 Y entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente,
como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado que ha huido de la
batalla.
19:4 Mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo
mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!
19:5 Entonces Joab vino al rey en la casa, y dijo: Hoy has avergonzado
el rostro de todos tus siervos, que hoy han librado tu vida, y la vida
de tus hijos y de tus hijas, y la vida de tus mujeres, y la vida de tus
concubinas,
19:6 amando a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman;
porque hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y siervos;
pues hoy me has hecho ver claramente que si Absalón viviera, aunque
todos nosotros estuviéramos muertos, entonces estarías contento.
19:7 Levántate pues, ahora, y ve afuera y habla bondadosamente
a tus siervos; porque juro por Jehová que si no sales, no quedará
ni un hombre contigo esta noche; y esto te será peor que todos los
males que te han sobrevenido desde tu juventud hasta ahora.
19:8 Entonces se levantó el rey y se sentó a la puerta,
y fue dado aviso a todo el pueblo, diciendo: He aquí el rey está
sentado a la puerta. Y vino todo el pueblo delante del rey; pero Israel
había huido, cada uno a su tienda.
19:9 Y todo el pueblo disputaba en todas las tribus de Israel, diciendo:
El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos, y nos ha salvado de
mano de los filisteos; y ahora ha huido del país por miedo de Absalón.
19:10 Y Absalón, a quien habíamos ungido sobre nosotros,
ha muerto en la batalla. ¿Por qué, pues, estáis callados
respecto de hacer volver al rey?
19:11 Y el rey David envió a los sacerdotes Sadoc y Abiatar,
diciendo: Hablad a los ancianos de Judá, y decidles: ¿Por
qué seréis vosotros los postreros en hacer volver el rey
a su casa, cuando la palabra de todo Israel ha venido al rey para hacerle
volver a su casa?
19:12 Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne sois. ¿Por
qué, pues, seréis vosotros los postreros en hacer volver
al rey?
19:13 Asimismo diréis a Amasa: ¿No eres tú también
hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y aun me
añada, si no fueres general del ejército delante de mí
para siempre, en lugar de Joab.
19:14 Así inclinó el corazón de todos los varones
de Judá, como el de un solo hombre, para que enviasen a decir al
rey: Vuelve tú, y todos tus siervos.
19:15 Volvió, pues, el rey, y vino hasta el Jordán. Y
Judá vino a Gilgal para recibir al rey y para hacerle pasar el Jordán.
19:16 Y Simei
hijo de Gera, hijo de Benjamín, que era de Bahurim, se dio prisa
y descendió con los hombres de Judá a recibir al rey David.
19:17 Con él venían mil hombres de Benjamín; asimismo
Siba, criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte
siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey.
19:18 Y cruzaron el vado para pasar a la familia del rey, y para hacer
lo que a él le pareciera. Entonces Simei hijo de Gera se postró
delante del rey cuando él hubo pasado el Jordán,
19:19 y dijo al rey: No me culpe mi señor de iniquidad, ni tengas
memoria de los males que tu siervo hizo el día en que mi señor
el rey salió de Jerusalén; no los guarde el rey en su corazón.
19:20 Porque yo tu siervo reconozco haber pecado, y he venido hoy el
primero de toda la casa de José, para descender a recibir a mi señor
el rey.
19:21 Respondió Abisai hijo de Sarvia y dijo: ¿No ha
de morir por esto Simei, que maldijo al ungido de Jehová?
19:22 David entonces dijo: ¿Qué tengo yo con vosotros,
hijos de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? ¿Ha de
morir hoy alguno en Israel? ¿Pues no sé yo que hoy soy rey
sobre Israel?
19:23 Y dijo el rey a Simei: No morirás. Y el rey se lo juró.
19:24 También Mefi-boset
hijo de Saúl descendió a recibir al rey; no había
lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había
lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta
el día en que volvió en paz.
19:25 Y luego que vino él a Jerusalén a recibir al rey,
el rey le dijo: Mefi-boset, ¿por qué no fuiste conmigo?
19:26 Y él respondió: Rey señor mío, mi
siervo me engañó; pues tu siervo había dicho: Enalbárdame
un asno, y montaré en él, e iré al rey; porque tu
siervo es cojo.
19:27 Pero él ha calumniado a tu siervo delante de mi señor
el rey; mas mi señor el rey es como un ángel de Dios; haz,
pues, lo que bien te parezca.
19:28 Porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de
mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados
a tu mesa. ¿Qué derecho, pues, tengo aún para clamar
más al rey?
19:29 Y el rey le dijo: ¿Para qué más palabras?
Yo he determinado que tú y Siba os dividáis las tierras.
19:30 Y Mefi-boset dijo al rey: Deja que él las tome todas,
pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.
19:31 También Barzilai
galaadita descendió de Rogelim, y pasó el Jordán con
el rey, para acompañarle al otro lado del Jordán.
19:32 Era Barzilai muy anciano, de ochenta años, y él
había dado provisiones al rey cuando estaba en Mahanaim, porque
era hombre muy rico.
19:33 Y el rey dijo a Barzilai: Pasa conmigo, y yo te sustentaré
conmigo en Jerusalén.
19:34 Mas Barzilai dijo al rey: ¿Cuántos años
más habré de vivir, para que yo suba con el rey a Jerusalén?
19:35 De edad de ochenta años soy este día. ¿Podré
distinguir entre lo que es agradable y lo que no lo es? ¿Tomará
gusto ahora tu siervo en lo que coma o beba? ¿Oiré más
la voz de los cantores y de las cantoras? ¿Para qué, pues,
ha de ser tu siervo una carga para mi señor el rey?
19:36 Pasará tu siervo un poco más allá del Jordán
con el rey; ¿por qué me ha de dar el rey tan grande recompensa?
19:37 Yo te ruego que dejes volver a tu siervo, y que muera en mi ciudad,
junto al sepulcro de mi padre y de mi madre. Mas he aquí a tu siervo
Quimam; que pase él con mi señor el rey, y haz a él
lo que bien te pareciere.
19:38 Y el rey dijo: Pues pase conmigo Quimam, y yo haré con
él como bien te parezca; y todo lo que tú pidieres de mí,
yo lo haré.
19:39 Y todo el pueblo pasó el Jordán; y luego que el
rey hubo también pasado, el rey besó a Barzilai, y lo bendijo;
y él se volvió a su casa.
19:40 El rey entonces pasó a Gilgal, y con él pasó
Quimam; y todo el pueblo de Judá acompañaba al rey, y también
la mitad del pueblo de Israel.
19:41 Y he aquí todos los hombres de Israel vinieron al rey,
y le dijeron: ¿Por qué los hombres de Judá, nuestros
hermanos, te han llevado, y han hecho pasar el Jordán al rey y a
su familia, y a todos los siervos de David con él?
19:42 Y todos los hombres de Judá respondieron a todos los de
Israel: Porque el rey es nuestro pariente. Mas ¿por qué os
enojáis vosotros de eso? ¿Hemos nosotros comido algo del
rey? ¿Hemos recibido de él algún regalo?
19:43 Entonces respondieron los hombres de Israel, y dijeron a los
de Judá: Nosotros tenemos en el rey diez partes, y en el mismo David
más que vosotros. ¿Por qué, pues, nos habéis
tenido en poco? ¿No hablamos nosotros los primeros, respecto de
hacer volver a nuestro rey? Y las palabras de los hombres de Judá
fueron más violentas que las de los hombres de Israel.
Capítulo 20
Sublevación de Seba
20:1 Aconteció que se hallaba allí un hombre perverso que
se llamaba Seba hijo de Bicri, hombre de Benjamín, el cual tocó
la trompeta, y dijo: No tenemos nosotros parte en David, ni heredad con
el hijo de Isaí. ¡Cada uno a su tienda, Israel!
20:2 Así todos los hombres de Israel abandonaron a David, siguiendo
a Seba hijo de Bicri; mas los de Judá siguieron a su rey desde el
Jordán hasta Jerusalén.
20:3 Y luego que llegó David a su casa en Jerusalén,
tomó el rey las diez mujeres concubinas
que había dejado para guardar la casa, y las puso en reclusión,
y les dio alimentos; pero nunca más se llegó a ellas, sino
que quedaron encerradas hasta que murieron, en viudez perpetua.
20:4 Después dijo el rey a Amasa: Convócame a los hombres
de Judá para dentro de tres días, y hállate tú
aquí presente.
20:5 Fue, pues, Amasa para convocar a los de Judá; pero se detuvo
más del tiempo que le había sido señalado.
20:6 Y dijo David a Abisai: Seba hijo de Bicri nos hará ahora
más daño que Absalón; toma, pues, tú los siervos
de tu señor, y ve tras él, no sea que halle para sí
ciudades fortificadas, y nos cause dificultad.
20:7 Entonces salieron en pos de él los hombres de Joab, y los
cereteos y peleteos y todos los valientes; salieron de Jerusalén
para ir tras Seba hijo de Bicri.
20:8 Y estando ellos cerca de la piedra grande que está en Gabaón,
les salió Amasa al encuentro. Y Joab estaba ceñido de su
ropa, y sobre ella tenía pegado a sus lomos el cinto con una daga
en su vaina, la cual se le cayó cuando él avanzó.
20:9 Entonces Joab dijo a Amasa: ¿Te va bien, hermano mío?
Y tomó Joab con la diestra la barba de Amasa, para besarlo.
20:10 Y Amasa no se cuidó de la daga que estaba en la mano de
Joab; y éste le hirió con ella en la quinta costilla, y derramó
sus entrañas por tierra, y cayó muerto sin darle un segundo
golpe. Después Joab y su hermano Abisai fueron en persecución
de Seba hijo de Bicri.
20:11 Y uno de los hombres de Joab se paró junto a él,
diciendo: Cualquiera que ame a Joab y a David, vaya en pos de Joab.
20:12 Y Amasa yacía revolcándose en su sangre en mitad
del camino; y todo el que pasaba, al verle, se detenía; y viendo
aquel hombre que todo el pueblo se paraba, apartó a Amasa del camino
al campo, y echó sobre él una vestidura.
20:13 Luego que fue apartado del camino, pasaron todos los que seguían
a Joab, para ir tras Seba hijo de Bicri.
20:14 Y él pasó por todas las tribus de Israel hasta
Abel-bet-maaca y todo Barim; y se juntaron, y lo siguieron también.
20:15 Y vinieron y lo sitiaron en Abel-bet-maaca, y pusieron baluarte
contra la ciudad, y quedó sitiada; y todo el pueblo que estaba con
Joab trabajaba por derribar la muralla.
20:16 Entonces una mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: Oíd,
oíd; os ruego que digáis a Joab que venga acá, para
que yo hable con él.
20:17 Cuando él se acercó a ella, dijo la mujer: ¿Eres
tú Joab? Y él respondió: Yo soy. Ella le dijo: Oye
las palabras de tu sierva. Y él respondió: Oigo.
20:18 Entonces volvió ella a hablar, diciendo: Antiguamente
solían decir: Quien preguntare, pregunte en Abel; y así concluían
cualquier asunto.
20:19 Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel; pero tú
procuras destruir una ciudad que es madre en Israel. ¿Por qué
destruyes la heredad de Jehová?
20:20 Joab respondió diciendo: Nunca tal, nunca tal me acontezca,
que yo destruya ni deshaga.
20:21 La cosa no es así: mas un hombre del monte de Efraín,
que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey David;
entregad a ése solamente, y me iré de la ciudad. Y la mujer
dijo a Joab: He aquí su cabeza te será arrojada desde el
muro.
20:22 La mujer fue luego a todo el pueblo con su sabiduría;
y ellos cortaron la cabeza a Seba hijo de Bicri, y se la arrojaron a Joab.
Y él tocó la trompeta, y se retiraron de la ciudad, cada
uno a su tienda. Y Joab se volvió al rey a Jerusalén.
Oficiales de David
(2 S. 8.15-18;
1
Cr. 18.14-17)
20:23 Así quedó Joab sobre todo el ejército de
Israel, y Benaía hijo de Joiada sobre los cereteos y peleteos,
20:24 y Adoram sobre los tributos, y Josafat hijo de Ahilud era el
cronista.
20:25 Seva era escriba, y Sadoc y Abiatar, sacerdotes,
20:26 e Ira jaireo fue también sacerdote de David.
Capítulo 21
Venganza de los gabaonitas
21:1 Hubo hambre en los días de David por tres años consecutivos.
Y David consultó a Jehová, y Jehová le dijo: Es por
causa de Saúl, y por aquella casa de sangre, por cuanto mató
a los gabaonitas.
21:2 Entonces el rey llamó a los gabaonitas, y les habló.
(Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel, sino del resto de los amorreos,
a los cuales los hijos de Israel habían hecho juramento;
pero Saúl había procurado matarlos en su celo por los hijos
de Israel y de Judá.)
21:3 Dijo, pues, David a los gabaonitas: ¿Qué haré
por vosotros, o qué satisfacción os daré, para que
bendigáis la heredad de Jehová?
21:4 Y los gabaonitas le respondieron: No tenemos nosotros querella
sobre plata ni sobre oro con Saúl y con su casa; ni queremos que
muera hombre de Israel. Y él les dijo: Lo que vosotros dijereis,
haré.
21:5 Ellos respondieron al rey: De aquel hombre que nos destruyó,
y que maquinó contra nosotros para exterminarnos sin dejar nada
de nosotros en todo el territorio de Israel,
21:6 dénsenos siete varones de sus hijos, para que los ahorquemos
delante de Jehová en Gabaa de Saúl, el escogido de Jehová.
Y el rey dijo: Yo los daré.
21:7 Y perdonó el rey a Mefi-boset hijo de Jonatán, hijo
de Saúl, por el juramento de Jehová que hubo entre ellos,
entre David y Jonatán hijo de Saúl.
21:8 Pero tomó el rey a dos hijos de Rizpa hija de Aja, los
cuales ella había tenido de Saúl, Armoni y Mefi-boset, y
a cinco hijos de Mical
hija de Saúl, los cuales ella había tenido de Adriel hijo
de Barzilai meholatita,
21:9 y los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron
en el monte delante de Jehová; y así murieron juntos aquellos
siete, los cuales fueron muertos en los primeros días de la siega,
al comenzar la siega de la cebada.
21:10 Entonces Rizpa hija de Aja tomó una tela de cilicio y
la tendió para sí sobre el peñasco, desde el principio
de la siega hasta que llovió sobre ellos agua del cielo; y no dejó
que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni fieras
del campo de noche.
21:11 Y fue dicho a David lo que hacía Rizpa hija de Aja, concubina
de Saúl.
21:12 Entonces David fue y tomó los huesos de Saúl y
los huesos de Jonatán su hijo, de los hombres de Jabes de Galaad,
que los habían hurtado de la plaza de Bet-sán, donde los
habían colgado los filisteos, cuando los filisteos mataron a Saúl
en Gilboa;
21:13 e hizo llevar de allí los huesos de Saúl y los
huesos de Jonatán su hijo; y recogieron también los huesos
de los ahorcados.
21:14 Y sepultaron los huesos de Saúl y los de su hijo Jonatán
en tierra de Benjamín, en Zela, en el sepulcro de Cis su padre;
e hicieron todo lo que el rey había mandado. Y Dios fue propicio
a la tierra después de esto.
Abisai libra a David del gigante
21:15 Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel, y descendió
David y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos; y David
se cansó.
21:16 E Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya
lanza pesaba trescientos siclos de bronce,
y quien estaba ceñido con una espada nueva, trató de matar
a David;
21:17 mas Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, e hirió
al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David le juraron,
diciendo: Nunca más de aquí en adelante saldrás con
nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel.
Los hombres de David matan a los gigantes
(1 Cr. 20. 4-8)
21:18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los filisteos;
entonces Sibecai husatita mató a Saf, quien era uno de los descendientes
de los gigantes.
21:19 Hubo otra vez guerra en Gob contra los filisteos, en la cual
Elhanán, hijo de Jaare-oregim de Belén, mató a Goliat
geteo, el asta de cuya lanza era como el rodillo de un telar.
21:20 Después hubo otra guerra en Gat, donde había un
hombre de gran estatura, el cual tenía doce dedos en las manos,
y otros doce en los pies, veinticuatro por todos; y también era
descendiente de los gigantes.
21:21 Este desafió a Israel, y lo mató Jonatán,
hijo de Simea hermano de David.
21:22 Estos cuatro eran descendientes de los gigantes en Gat, los cuales
cayeron por mano de David y por mano de sus siervos.
Capítulo 22
Cántico de liberación de David
(Sal. 18 título,
1-50)
22:1 Habló David a Jehová las palabras de este cántico,
el día que Jehová le había librado de la mano de todos
sus enemigos, y de la mano de Saúl.
22:2 Dijo:
Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador;
22:3 Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste.
22:4 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mi enemigos.
22:5 Me rodearon ondas de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron.
22:6 Ligaduras del Seol me rodearon; Tendieron sobre mí lazos de muerte.
22:7 En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios; El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos.
22:8 La tierra fue conmovida, y tembló, Y se conmovieron los cimientos de los cielos; Se estremecieron, porque se indignó él.
22:9 Humo subió de su nariz, Y de su boca fuego consumidor; Carbones fueron por él encendidos.
22:10 E inclinó los cielos, y descendió; Y había tinieblas debajo de sus pies.
22:11 Y cabalgó sobre un querubín, y voló; Voló sobre las alas del viento.
22:12 Puso tinieblas por su escondedero alrededor de sí; Oscuridad de aguas y densas nubes.
22:13 Por el resplandor de su presencia se encendieron carbones
ardientes.
22:14 Y tronó desde los cielos Jehová, Y el Altísimo dio su voz;
22:15 Envió sus saetas, y los dispersó; Y lanzó relámpagos, y los destruyó.
22:16 Entonces aparecieron los torrentes de las aguas, Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo; A la reprensión de Jehová, Por el soplo del aliento de su nariz.
22:17 Envió desde lo alto y me tomó; Me sacó de las muchas aguas.
22:18 Me libró de poderoso enemigo, Y de los que me aborrecían, aunque eran más fuertes
que yo.
22:19 Me asaltaron en el día de mi quebranto; Mas Jehová fue mi apoyo,
22:20 Y me sacó a lugar espacioso; Mi libró, porque se agradó de mí.
22:21 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia; Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado.
22:22 Porque yo he guardado los caminos de Jehová, Y no me aparté impíamente de mi Dios.
22:23 Pues todos sus decretos estuvieron delante de mí, Y no me he apartado de sus estatutos.
22:24 Fui recto para con él, Y me he guardado de mi maldad;
22:25 Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi
justicia; Conforme a la limpieza de mis manos delante de su vista.
22:26 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, Y recto para con el hombre íntegro.
22:27 Limpio te mostrarás para con el limpio, Y rígido serás para con el perverso.
22:28 Porque tú salvas al pueblo afligido, Mas tus ojos están sobre los altivos para abatirlos.
22:29 Tú eres mi lámpara, oh Jehová; Mi Dios alumbrará mis tinieblas.
22:30 Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros.
22:31 En cuanto a Dios, perfecto es su camino, Y acrisolada la palabra de Jehová. Escudo es a todos los que en él esperan.
22:32 Porque ¿quién es Dios, sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?
22:33 Dios es el que me ciñe de fuerza, Y quien despeja mi camino;
22:34 Quien hace mis pies como de ciervas,
Y me hace estar firme sobre mis alturas;
22:35 Quien adiestra mis manos para la batalla, De manera que se doble el arco de bronce con mis brazos.
22:36 Me diste asimismo el escudo de tu salvación, Y tu benignidad me ha engrandecido.
22:37 Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, Y mis pies no han resbalado.
22:38 Perseguiré a mis enemigos, y los destruiré, Y no volveré hasta acabarlos.
22:39 Los consumiré y los heriré, de modo que no se
levanten; Caerán debajo de mis pies.
22:40 Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea; Has humillado a mis enemigos debajo de mí,
22:41 Y has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas, Para que yo destruyese a los que me aborrecen.
22:42 Clamaron, y no hubo quien los salvase; Aun a Jehová, mas no les oyó.
22:43 Como polvo de la tierra los molí; Como lodo de las calles los pisé y los trituré.
22:44 Me has librado de las contiendas del pueblo; Me guardaste para que fuese cabeza de naciones; Pueblo que yo no conocía me servirá.
22:45 Los hijos de extraños se someterán a mí; Al oír de mí, me obedecerán.
22:46 Los extraños se debilitarán, Y saldrán temblando de sus encierros.
22:47 Viva Jehová, y bendita sea mi roca, Y engrandecido sea el Dios de mi salvación.
22:48 El Dios que venga mis agravios, Y sujeta pueblos debajo de mí;
22:49 El que me libra de enemigos, Y aun me exalta sobre los que se levantan contra mí; Me libraste del varón violento.
22:50 Por tanto, yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre.
22:51 El salva gloriosamente a su rey, Y usa de misericordia para con su ungido, A David y a su descendencia para siempre.
Capítulo 23
Ultimas palabras de David
23:1 Estas son las palabras postreras de David.
Dijo David hijo de Isaí,
Dijo aquel varón que fue levantado en alto,
El ungido del Dios de Jacob,
El dulce cantor de Israel:
23:2 El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, Y su palabra ha estado en mi lengua.
23:3 El Dios de Israel ha dicho, Me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne entre los hombres, Que gobierne en el temor de Dios.
23:4 Será como la luz de la mañana, Como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, Como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra.
23:5 No es así mi casa para con Dios; Sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, Ordenado en todas las cosas, y será guardado, Aunque todavía no haga él florecer Toda mi salvación y mi deseo.
23:6 Mas los impíos serán todos ellos como espinos
arrancados, Los cuales nadie toma con la mano;
23:7 Sino que el que quiere tocarlos Se arma de hierro y de asta de lanza, Y son del todo quemados en su lugar.
Los valientes de David
(1 Cr. 11.10-47)
23:8 Estos son los nombres de los valientes que tuvo David: Joseb-basebet
el tacmonita, principal de los capitanes; éste era Adino el eznita,
que mató a ochocientos hombres en una ocasión.
23:9 Después de éste, Eleazar hijo de Dodo, ahohíta,
uno de los tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los
filisteos que se habían reunido allí para la batalla, y se
habían alejado los hombres de Israel.
23:10 Este se levantó e hirió a los filisteos hasta que
su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada. Aquel
día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo
en pos de él tan sólo para recoger el botín.
23:11 Después de éste fue Sama hijo de Age, ararita.
Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un pequeño
terreno lleno de lentejas, y el pueblo había huido delante de los
filisteos.
23:12 El entonces se paró en medio de aquel terreno y lo defendió,
y mató a los filisteos; y Jehová dio una gran victoria.
23:13 Y tres de los treinta jefes descendieron y vinieron en tiempo
de la siega a David en la cueva de Adulam; y el campamento de los filisteos
estaba en el valle de Refaim.
23:14 David entonces estaba en el lugar fuerte, y había en Belén
una guarnición de los filisteos.
23:15 Y David dijo con vehemencia: ¡Quién me diera a beber
del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!
23:16 Entonces los tres valientes irrumpieron por el campamento de
los filisteos, y sacaron agua del pozo de Belén que estaba junto
a la puerta; y tomaron, y la trajeron a David; mas él no la quiso
beber, sino que la derramó para Jehová, diciendo:
23:17 Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He
de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida?
Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.
23:18 Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fue el principal de
los treinta. Este alzó su lanza contra trescientos, a quienes mató,
y ganó renombre con los tres.
23:19 El era el más renombrado de los treinta, y llegó
a ser su jefe; mas no igualó a los tres primeros.
23:20 Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón
esforzado, grande en proezas, de Cabseel. Este mató a dos leones
de Moab; y él mismo descendió y mató a un león
en medio de un foso cuando estaba nevando.
23:21 También mató él a un egipcio, hombre de
gran estatura; y tenía el egipcio una lanza en su mano, pero descendió
contra él con un palo, y arrebató al egipcio la lanza de
la mano, y lo mató con su propia lanza.
23:22 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y ganó renombre
con los tres valientes.
23:23 Fue renombrado entre los treinta, pero no igualó a los
tres primeros. Y lo puso David como jefe de su guardia personal.
23:24 Asael hermano de Joab fue de los treinta; Elhanán hijo
de Dodo de Belén,
23:25 Sama harodita, Elica harodita,
23:26 Heles paltita, Ira hijo de Iques, tecoíta,
23:27 Abiezer anatotita, Mebunai husatita,
23:28 Salmón ahohíta, Maharai netofatita,
23:29 Heleb hijo de Baana, netofatita, Itai hijo de Ribai, de Gabaa
de los hijos de Benjamín,
23:30 Benaía piratonita, Hidai del arroyo de Gaas,
23:31 Abi-albón arbatita, Azmavet barhumita,
23:32 Eliaba saalbonita, Jonatán de los hijos de Jasén,
23:33 Sama ararita, Ahíam hijo de Sarar, ararita,
23:34 Elifelet hijo de Ahasbai, hijo de Maaca, Eliam hijo de Ahitofel,
gilonita,
23:35 Hezrai carmelita, Paarai arbita,
23:36 Igal hijo de Natán, de Soba, Bani gadita,
23:37 Selec amonita, Naharai beerotita, escudero de Joab hijo de Sarvia,
23:38 Ira itrita, Gareb itrita,
23:39 Urías heteo; treinta y siete por todos.
Capítulo 24
David censa al pueblo
(1 Cr. 21.1-27)
24:1 Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel,
e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de
Israel y de Judá.
24:2 Y dijo el rey a Joab, general del ejército que estaba con
él: Recorre ahora todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba,
y haz un censo del pueblo, para que yo sepa el número de la gente.
24:3 Joab respondió al rey: Añada Jehová tu Dios
al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey;
mas ¿por qué se complace en esto mi señor el rey?
24:4 Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los
capitanes del ejército. Salió, pues, Joab, con los capitanes
del ejército, de delante del rey, para hacer el censo del pueblo
de Israel.
24:5 Y pasando el Jordán acamparon en Aroer, al sur de la ciudad
que está en medio del valle de Gad y junto a Jazer.
24:6 Después fueron a Galaad y a la tierra baja de Hodsi; y
de allí a Danjaán y a los alrededores de Sidón.
24:7 Fueron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de
los heveos y de los cananeos, y salieron al Neguev de Judá en Beerseba.
24:8 Después que hubieron recorrido toda la tierra, volvieron
a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días.
24:9 Y Joab dio el censo del pueblo al rey; y fueron los de Israel
ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada, y los de Judá
quinientos mil hombres.
24:10 Después que David hubo censado al pueblo, le pesó
en su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente
por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites
el pecado de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente.
24:11 Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino
palabra de Jehová al profeta Gad, vidente de David, diciendo:
24:12 Ve y di a David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas
te ofrezco; tú escogerás una de ellas, para que yo la haga.
24:13 Vino, pues, Gad a David, y se lo hizo saber, y le dijo: ¿Quieres
que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o que huyas
tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? ¿o que
tres días haya peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué
responderé al que me ha enviado.
24:14 Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos
ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas
no caiga yo en manos de hombres.
24:15 Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana
hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta
Beerseba, setenta mil hombres.
24:16 Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén
para destruirla, Jehová se arrepintió de aquel mal, y dijo
al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora; detén
tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna
jebuseo.
24:17 Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel que
destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué
hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí,
y contra la casa de mi padre.
24:18 Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta
un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo.
24:19 Subió David, conforme al dicho de Gad, según había
mandado Jehová;
24:20 y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos que venían
hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó delante del
rey, rostro a tierra.
24:21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el
rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a
fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del
pueblo.
24:22 Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey
lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los
trillos y los yugos de los bueyes para leña.
24:23 Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al
rey: Jehová tu Dios te sea propicio.
24:24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré;
porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me
cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta
siclos de plata.
24:25 Y edificó allí David un altar a Jehová,
y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó
las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel.
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