|
| 1 | 2 | 3
| 4 | 5 | 6
|
7 | 8 | 9
|
10 | 11 | 12
|
Capítulo 9
Oración de Daniel por su pueblo
9:1 En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación
de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos,
9:2 en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente
en los libros el número de los años de que habló Jehová
al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones
de Jerusalén en setenta años.
9:3 Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole
en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza.
9:4 Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo:
Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto
y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos;
9:5 hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente,
y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus
ordenanzas.
9:6 No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre
hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres
y a todo el pueblo de la tierra.
9:7 Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión
de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá,
los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de
lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión
con que se rebelaron contra ti.
9:8 Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de
nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque
contra ti pecamos.
9:9 De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar,
aunque contra él nos hemos rebelado,
9:10 y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar
en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos
los profetas.
9:11 Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no
obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición
y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo
de Dios; porque contra él pecamos.
9:12 Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros
y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan
grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que
se ha hecho contra Jerusalén.
9:13 Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo
este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová
nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad.
9:14 Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre
nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras
que ha hecho, porque no obedecimos a su voz.
9:15 Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de
la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes
hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente.
9:16 Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese
ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte;
porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres,
Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro.
9:17 Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo,
y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado,
por amor del Señor.
9:18 Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos,
y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu
nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras
justicias, sino en tus muchas misericordias.
9:19 Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído,
Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío;
porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.
Profecía de las setenta semanas
9:20 Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el
pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová
mi Dios por el monte santo de mi Dios;
9:21 aún estaba hablando en oración, cuando el varón
Gabriel,
a quien había visto en la visión al principio, volando con
presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.
9:22 Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel,
ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.
9:23 Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para
enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues,
la orden, y entiende la visión.
9:24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre
tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al
pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar
la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
9:25 Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar
y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá
siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la
plaza y el muro en tiempos angustiosos.
9:26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará
la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe
que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será
con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.
9:27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la
mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después
con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador,  
hasta que venga la consumación, y lo que está determinado
se derrame sobre el desolador.
|