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Capítulo 35
Futuro glorioso de Sion
35:1 Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará
y florecerá como la rosa.
35:2 Florecerá profusamente, y también se alegrará
y cantará con júbilo; la gloria del Líbano le será
dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón. Ellos verán la
gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro.
35:3 Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles.
35:4 Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis;
he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago;
Dios mismo vendrá, y os salvará.
35:5 Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos
de los sordos se abrirán.
35:6 Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará
la lengua del mudo;
porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.
35:7 El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal
en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será
lugar de cañas y juncos.
35:8 Y habrá allí calzada y camino, y será llamado
Camino de Santidad; no pasará inmundo por él, sino que él
mismo estará con ellos; el que anduviere en este camino, por torpe
que sea, no se extraviará.
35:9 No habrá allí león, ni fiera subirá
por él, ni allí se hallará, para que caminen los redimidos.
35:10 Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán
a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas;
y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el
gemido.
Capítulo 36
La invasión de Senaquerib
(2 R. 18. 13-37;
2
Cr. 32. 1-19)
36:1 Aconteció en el año catorce del rey Ezequías,
que Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fortificadas
de Judá, y las tomó.
36:2 Y el rey de Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército
desde Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías; y acampó
junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del
Lavador.
36:3 Y salió a él Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo,
y Sebna, escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller,
36:4 a los cuales dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías:
El gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza
es esta en que te apoyas?
36:5 Yo digo que el consejo y poderío para la guerra, de que
tú hablas, no son más que palabras vacías. Ahora bien,
¿en quién confías para que te rebeles contra mí?
36:6 He aquí que confías en este báculo de caña
frágil, en Egipto, en el cual si alguien se apoyare, se le entrará
por la mano, y la atravesará. Tal es Faraón rey de Egipto
para con todos los que en él confían.
36:7 Y si me decís: En Jehová nuestro Dios confiamos;
¿no es éste aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo
quitar Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante
de este altar adoraréis?
36:8 Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi señor,
y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes que
cabalguen sobre ellos.
36:9 ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán,
al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado
en Egipto con sus carros y su gente de a caballo?
36:10 ¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin
Jehová? Jehová me dijo: Sube a esta tierra y destrúyela.
36:11 Entonces dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al Rabsaces: Te rogamos
que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos; y no
hables con nosotros en lengua de Judá, porque lo oye el pueblo que
está sobre el muro.
36:12 Y dijo el Rabsaces: ¿Acaso me envió mi señor
a que dijese estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres
que están sobre el muro, expuestos a comer su estiércol y
beber su orina con vosotros?
36:13 Entonces el Rabsaces se puso en pie y gritó a gran voz
en lengua de Judá, diciendo: Oíd las palabras del gran rey,
el rey de Asiria.
36:14 El rey dice así: No os engañe Ezequías,
porque no os podrá librar.
36:15 Ni os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo:
Ciertamente Jehová nos librará; no será entregada
esta ciudad en manos del rey de Asiria.
36:16 No escuchéis a Ezequías, porque así dice
el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí; y coma cada uno
de su viña, y cada uno de su higuera, y beba cada cual las aguas
de su pozo,
36:17 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra
de grano y de vino, tierra de pan y de viñas.
36:18 Mirad que no os engañe Ezequías diciendo: Jehová
nos librará. ¿Acaso libraron los dioses de las naciones cada
uno su tierra de la mano del rey de Asiria?
36:19 ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad?
¿Dónde está el dios de Sefarvaim? ¿Libraron
a Samaria de mi mano?
36:20 ¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras
que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de
mi mano a Jerusalén?
36:21 Pero ellos callaron, y no le respondieron palabra; porque el
rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis.
36:22 Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna
escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados
sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces.
Capítulo 37
Judá es librado de Senaquerib
(2 R. 19. 1-37;
2
Cr. 32. 20-23)
37:1 Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó
esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de
Jehová.
37:2 Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos
de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo
de Amoz.
37:3 Los cuales le dijeron: Así ha dicho Ezequías: Día
de angustia, de reprensión y de blasfemia es este día; porque
los hijos han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz no tiene
fuerzas.
37:4 Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras del
Rabsaces, al cual el rey de Asiria su señor envió para blasfemar
al Dios vivo, y para vituperar con las palabras que oyó Jehová
tu Dios; eleva, pues, oración tú por el remanente que aún
ha quedado.
37:5 Vinieron, pues, los siervos de Ezequías a Isaías.
37:6 Y les dijo Isaías: Diréis así a vuestro señor:
Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído,
con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria.
37:7 He aquí que yo pondré en él un espíritu,
y oirá un rumor, y volverá a su tierra; y haré que
en su tierra perezca a espada.
37:8 Vuelto, pues, el Rabsaces, halló al rey de Asiria que combatía
contra Libna; porque ya había oído que se había apartado
de Laquis.
37:9 Mas oyendo decir de Tirhaca rey de Etiopía: He aquí
que ha salido para hacerte guerra; al oírlo, envió embajadores
a Ezequías, diciendo:
37:10 Así diréis a Ezequías rey de Judá:
No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo:
Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria.
37:11 He aquí que tú oíste lo que han hecho los
reyes de Asiria a todas las tierras, que las destruyeron; ¿y escaparás
tú?
37:12 ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que destruyeron
mis antepasados, a Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén
que moraban en Telasar?
37:13 ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad,
y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?
37:14 Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores,
y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió
delante de Jehová.
37:15 Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo:
37:16 Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras
entre los querubines,
sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú
hiciste los cielos y la tierra.
37:17 Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová,
tus ojos, y mira; y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado
a blasfemar al Dios viviente.
37:18 Ciertamente, oh Jehová, los reyes de Asiria destruyeron
todas las tierras y sus comarcas,
37:19 y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses,
sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron.
37:20 Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su
mano, para que todos los reinos de la tierra conozcan que sólo tú
eres Jehová.
37:21 Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías:
Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste
sobre Senaquerib rey de Asiria,
37:22 estas son las palabras que Jehová habló contra
él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás
de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén.
37:23 ¿A quién vituperaste, y a quién blasfemaste?
¿Contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en
alto? Contra el Santo de Israel.
37:24 Por mano de tus siervos has vituperado al Señor, y dijiste:
Con la multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes,
a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses
escogidos; llegaré hasta sus más elevadas cumbres, al bosque
de sus feraces campos.
37:25 Yo cavé, y bebí las aguas, y con las pisadas de
mis pies secaré todos los ríos de Egipto.
37:26 ¿No has oído decir que desde tiempos antiguos yo
lo hice, que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado?
Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para reducir las ciudades
fortificadas a montones de escombros.
37:27 Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y confusos,
fueron como hierba del campo y hortaliza verde, como heno de los terrados,
que antes de sazón se seca.
37:28 He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu
furor contra mí.
37:29 Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido
a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno
en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste.
37:30 Y esto te será por señal: Comeréis este
año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de
suyo; y el año tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis
viñas, y comeréis su fruto.
37:31 Y lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que hubiere
escapado, volverá a echar raíz abajo, y dará fruto
arriba.
37:32 Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del
monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos
hará esto.
37:33 Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria:
No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no
vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella
baluarte.
37:34 Por el camino que vino, volverá, y no entrará en
esta ciudad, dice Jehová.
37:35 Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor
de mí mismo, y por amor de David mi siervo.
37:36 Y salió el ángel de Jehová y mató
a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando
se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos
de muertos.
37:37 Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en
Nínive.
37:38 Y aconteció que mientras adoraba en el templo de Nisroc
su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer le mataron a espada, y huyeron a
la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esarhadón su hijo.
Capítulo 38
Enfermedad de Ezequías
(2 R. 20. 1-11;
2
Cr. 32. 24-26)
38:1 En aquellos días Ezequías enfermó de muerte.
Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová
dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás.
38:2 Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e
hizo oración a Jehová,
38:3 y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he
andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que
he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías
con gran lloro.
38:4 Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo:
38:5 Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre
dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas;
he aquí que yo añado a tus días quince años.
38:6 Y te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria;
y a esta ciudad ampararé.
38:7 Y esto te será señal de parte de Jehová,
que Jehová hará esto que ha dicho:
38:8 He aquí yo haré volver la sombra por los grados
que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás.
Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había
ya descendido.
38:9 Escritura de Ezequías rey de Judá, de cuando enfermó
y sanó de su enfermedad:
38:10 Yo dije: A la mitad de mis días iré a las puertas
del Seol; privado soy del resto de mis años.
38:11 Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra de los vivientes;
ya no veré más hombre con los moradores del mundo.
38:12 Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda
de pastor. Como tejedor corté mi vida; me cortará con la
enfermedad; me consumirás entre el día y la noche.
38:13 Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió
todos mis huesos; de la mañana a la noche me acabarás.
38:14 Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía
como la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco;
fortaléceme.
38:15 ¿Qué diré? El que me lo dijo, él
mismo lo ha hecho. Andaré humildemente todos mis años, a
causa de aquella amargura de mi alma.
38:16 Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán,
y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú
me restablecerás, y harás que viva.
38:17 He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a
ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste
tras tus espaldas todos mis pecados.
38:18 Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la
muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad.
38:19 El que vive, el que vive, éste te dará alabanza,
como yo hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos.
38:20 Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros
cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra
vida.
38:21 Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla
en la llaga, y sanará.
38:22 Había asimismo dicho Ezequías: ¿Qué
señal tendré de que subiré a la casa de Jehová?
Capítulo 39
Ezequías recibe a los enviados de Babilonia
(2 R. 20. 12-19;
2
Cr. 32. 27-31)
39:1 En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey
de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías; porque
supo que había estado enfermo, y que había convalecido.
39:2 Y se regocijó con ellos Ezequías, y les mostró
la casa de su tesoro, plata y oro, especias, ungüentos preciosos,
toda su casa de armas, y todo lo que se hallaba en sus tesoros; no hubo
cosa en su casa y en todos sus dominios, que Ezequías no les mostrase.
39:3 Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías,
y le dijo: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han
venido a ti? Y Ezequías respondió: De tierra muy lejana han
venido a mí, de Babilonia.
39:4 Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo
Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay
en mis tesoros que no les haya mostrado.
39:5 Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de
Jehová de los ejércitos:
39:6 He aquí vienen días en que será llevado a
Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado
hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová.
39:7 De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás engendrado,
tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. 
39:8 Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová
que has hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz
y seguridad en mis días.
Capítulo 40
Jehová consuela a Sion
40:1 Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios.
40:2 Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces
que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha
recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.
40:3 Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová;
enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. 
40:4 Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y
lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.
40:5 Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne
juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.
40:6 Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué
tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como
flor del campo.
40:7 La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de
Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.
40:8 Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra
del Dios nuestro permanece para siempre.
40:9 Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta
fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala,
no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios
vuestro!
40:10 He aquí que Jehová el Señor vendrá
con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa
viene con él, y su paga delante de su rostro.
40:11 Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará
los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente
a las recién paridas.
El incomparable Dios de Israel
40:12 ¿Quién midió las aguas con el hueco de su
mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de
la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?
40:13 ¿Quién enseñó al Espíritu
de Jehová, o le aconsejó enseñándole?
40:14 ¿A quién pidió consejo para ser avisado?
¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le
enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?
40:15 He aquí que las naciones le son como la gota de agua que
cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he
aquí que hace desaparecer las islas como polvo.
40:16 Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus
animales para el sacrificio.
40:17 Como nada son todas las naciones delante de él; y en su
comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que
no es.
40:18 ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o
qué imagen le compondréis?
40:19 El artífice prepara la imagen de talla, el platero le
extiende el oro y le funde cadenas de plata.
40:20 El pobre escoge, para ofrecerle, madera que no se apolille; se
busca un maestro sabio, que le haga una imagen de talla que no se mueva.
40:21 ¿No sabéis? ¿No habéis oído?
¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis
sido enseñados desde que la tierra se fundó?
40:22 El está sentado sobre el círculo de la tierra,
cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como
una cortina, los despliega como una tienda para morar.
40:23 El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la
tierra hace como cosa vana.
40:24 Como si nunca hubieran sido plantados, como si nunca hubieran
sido sembrados, como si nunca su tronco hubiera tenido raíz en la
tierra; tan pronto como sopla en ellos se secan, y el torbellino los lleva
como hojarasca.
40:25 ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis?
dice el Santo.
40:26 Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó
estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama
por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza,
y el poder de su dominio.
40:27 ¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel:
Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó
mi juicio?
40:28 ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno
es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece,
ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
40:29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no
tiene ningunas.
40:30 Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean
y caen;
40:31 pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;
levantarán alas como las águilas; correrán, y no se
cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Capítulo 41
Seguridad de Dios para Israel
41:1 Escuchadme, costas, y esfuércense los pueblos; acérquense,
y entonces hablen; estemos juntamente a juicio.
41:2 ¿Quién despertó del oriente al justo, lo
llamó para que le siguiese, entregó delante de él
naciones, y le hizo enseñorear de reyes; los entregó a su
espada como polvo, como hojarasca que su arco arrebata?
41:3 Los siguió, pasó en paz por camino por donde sus
pies nunca habían entrado.
41:4 ¿Quién hizo y realizó esto? ¿Quién
llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero,
y yo mismo con los postreros.
41:5 Las costas vieron, y tuvieron temor; los confines de la tierra
se espantaron; se congregaron, y vinieron.
41:6 Cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate.
41:7 El carpintero animó al platero, y el que alisaba con martillo
al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la soldadura;
y lo afirmó con clavos, para que no se moviese.
41:8 Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob,
a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo.
41:9 Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras
lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí,
y no te deseché.
41:10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy
tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré
con la diestra de mi justicia.
41:11 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán
avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los
que contienden contigo.
41:12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los
hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos
que te hacen la guerra.
41:13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu
mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
41:14 No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo
soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.
41:15 He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo,
lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados
reducirás a tamo.
41:16 Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá
el torbellino; pero tú te regocijarás en Jehová, te
gloriarás en el Santo de Israel.
41:17 Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay;
seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo
el Dios de Israel no los desampararé.
41:18 En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio
de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales
de aguas en la tierra seca.
41:19 Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos;
pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente,
41:20 para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que
la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó.
Dios reta a los falsos dioses
41:21 Alegad por vuestra causa, dice Jehová; presentad vuestras
pruebas, dice el Rey de Jacob.
41:22 Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos
lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón
en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender
lo que ha de venir.
41:23 Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos
que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos
qué contar, y juntamente nos maravillemos.
41:24 He aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad;
abominación es el que os escogió.
41:25 Del norte levanté a uno, y vendrá; del nacimiento
del sol invocará mi nombre; y pisoteará príncipes
como lodo, y como pisa el barro el alfarero.
41:26 ¿Quién lo anunció desde el principio, para
que sepamos; o de tiempo atrás, y diremos: Es justo? Cierto, no
hay quien anuncie; sí, no hay quien enseñe; ciertamente no
hay quien oiga vuestras palabras.
41:27 Yo soy el primero que he enseñado estas cosas a Sion,
y a Jerusalén daré un mensajero de alegres nuevas.
41:28 Miré, y no había ninguno; y pregunté de
estas cosas, y ningún consejero hubo; les pregunté, y no
respondieron palabra.
41:29 He aquí, todos son vanidad, y las obras de ellos nada;
viento y vanidad son sus imágenes fundidas.
Capítulo 42
El Siervo de Jehová
42:1 He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en
quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu;
él traerá justicia a las naciones.   
42:2 No gritará, ni alzará su voz, ni la hará
oír en las calles.
42:3 No quebrará la caña cascada, ni apagará el
pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia.
42:4 No se cansará ni desmayará, hasta que establezca
en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley.
42:5 Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el
que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da
aliento al pueblo que mora sobre ella,
y espíritu a los que por ella andan:
42:6 Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré
por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo,
por luz de las naciones,  
42:7 para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel
a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.
42:8 Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi
gloria, ni mi alabanza a esculturas.
42:9 He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio
cosas nuevas; antes que salgan a luz, yo os las haré notorias.
Alabanza por la liberación poderosa de Jehová
42:10 Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde
el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en
él, las costas y los moradores de ellas.
42:11 Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita
Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la cumbre de los montes den
voces de júbilo.
42:12 Den gloria a Jehová, y anuncien sus loores en las costas.
42:13 Jehová saldrá como gigante, y como hombre de guerra
despertará celo; gritará, voceará, se esforzará
sobre sus enemigos.
42:14 Desde el siglo he callado, he guardado silencio, y me he detenido;
daré voces como la que está de parto; asolaré y devoraré
juntamente.
42:15 Convertiré en soledad montes y collados, haré secar
toda su hierba; los ríos tornaré en islas, y secaré
los estanques.
42:16 Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían,
les haré andar por sendas que no habían conocido; delante
de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura.
Estas cosas les haré, y no los desampararé.
42:17 Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los
que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición:
Vosotros sois nuestros dioses.
Israel no aprende de la disciplina
42:18 Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver.
42:19 ¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién
es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego
como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová,
42:20 que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos
y no oye?
42:21 Jehová se complació por amor de su justicia en
magnificar la ley y engrandecerla.
42:22 Mas este es pueblo saqueado y pisoteado, todos ellos atrapados
en cavernas y escondidos en cárceles; son puestos para despojo,
y no hay quien libre; despojados, y no hay quien diga: Restituid.
42:23 ¿Quién de vosotros oirá esto? ¿Quién
atenderá y escuchará respecto al porvenir?
42:24 ¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó
a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos?
No quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley.
42:25 Por tanto, derramó sobre él el ardor de su ira,
y fuerza de guerra; le puso fuego por todas partes, pero no entendió;
y le consumió, mas no hizo caso.
Capítulo 43
Jehová es el único Redentor
43:1 Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador
tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre,
mío eres tú.
43:2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por
los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te
quemarás, ni la llama arderá en ti.
43:3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu
Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por
ti.
43:4 Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo
te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida.
43:5 No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu
generación, y del occidente te recogeré.
43:6 Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae
de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra,
43:7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he
creado, los formé y los hice.
43:8 Sacad al pueblo ciego que tiene ojos, y a los sordos que tienen
oídos.
43:9 Congréguense a una todas las naciones, y júntense
todos los pueblos. ¿Quién de ellos hay que nos dé
nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras? Presenten
sus testigos, y justifíquense; oigan, y digan: Verdad es.
43:10 Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que
yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis
que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será
después de mí.
43:11 Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.
43:12 Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo
entre vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová,
que yo soy Dios.
43:13 Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi
mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?
43:14 Así dice Jehová, Redentor vuestro, el Santo de
Israel: Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender como fugitivos
a todos ellos, aun a los caldeos en las naves de que se gloriaban.
43:15 Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey.
43:16 Así dice Jehová, el que abre camino en el mar,
y senda en las aguas impetuosas;
43:17 el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente
para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados.
43:18 No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis
a memoria las cosas antiguas.
43:19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a
luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en
el desierto, y ríos en la soledad.
43:20 Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos
del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la
soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido.
43:21 Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.
43:22 Y no me invocaste a mí, oh Jacob, sino que de mí
te cansaste, oh Israel.
43:23 No me trajiste a mí los animales de tus holocaustos, ni
a mí me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda,
ni te hice fatigar con incienso.
43:24 No compraste para mí caña aromática por
dinero, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino pusiste
sobre mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades.
43:25 Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí
mismo, y no me acordaré de tus pecados.
43:26 Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú
para justificarte.
43:27 Tu primer padre pecó, y tus enseñadores prevaricaron
contra mí.
43:28 Por tanto, yo profané los príncipes del santuario,
y puse por anatema a Jacob y por oprobio a Israel.
Capítulo 44
Jehová es el único Dios
44:1 Ahora pues, oye, Jacob, siervo mío, y tú, Israel, a
quien yo escogí.
44:2 Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó
desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío
Jacob, y tú, Jesurún, a quien yo escogí.
44:3 Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos
sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre
tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;
44:4 y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas
de las aguas.
44:5 Este dirá: Yo soy de Jehová; el otro se llamará
del nombre de Jacob, y otro escribirá con su mano: A Jehová,
y se apellidará con el nombre de Israel.
44:6 Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová
de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, 
y fuera de mí no hay Dios.
44:7 ¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará,
y lo pondrá en orden delante de mí, como hago yo desde que
establecí el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y
lo que está por venir.
44:8 No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice
oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois
mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno.
La insensatez de la idolatría
44:9 Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad,
y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos
son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven
ni entienden.
44:10 ¿Quién formó un dios, o quién fundió
una imagen que para nada es de provecho?
44:11 He aquí que todos los suyos serán avergonzados,
porque los artífices mismos son hombres. Todos ellos se juntarán,
se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados
a una.
44:12 El herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le da forma
con los martillos, y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego tiene
hambre, y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya.
44:13 El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre,
lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en
forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa.
44:14 Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre
los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia.
44:15 De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de
ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes;
hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla
delante de él.
44:16 Parte del leño quema en el fuego; con parte de él
come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y
dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego;
44:17 y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra
delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque
mi Dios eres tú.
44:18 No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos
para no ver, y su corazón para no entender.
44:19 No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para
decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí
pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto
de él una abominación? ¿Me postraré delante
de un tronco de árbol?
44:20 De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvía,
para que no libre su alma, ni diga: ¿No es pura mentira lo que tengo
en mi mano derecha?
Jehová es el Redentor de Israel
44:21 Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, porque mi
siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; Israel,
no me olvides.
44:22 Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados;
vuélvete a mí, porque yo te redimí.
44:23 Cantad loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo; gritad
con júbilo, profundidades de la tierra; prorrumpid, montes, en alabanza;
bosque, y todo árbol que en él está; porque Jehová
redimió a Jacob, y en Israel será glorificado.
44:24 Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó
desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo
los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo;
44:25 que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco
a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco
su sabiduría.
44:26 Yo, el que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo
de sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás habitada;
y a las ciudades de Judá: Reconstruidas serán, y sus ruinas
reedificaré;
44:27 que dice a las profundidades: Secaos, y tus ríos haré
secar;
44:28 que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que
yo quiero,
al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás
fundado.
Capítulo 45
Encargo de Dios para Ciro
45:1 Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé
yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar
lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas
no se cerrarán:
45:2 Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos;
quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré
pedazos;
45:3 y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados,
para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo
nombre.
45:4 Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé
por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste.
45:5 Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera
de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste,
45:6 para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se
pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más
que yo,
45:7 que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo
la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto.
Jehová el Creador
45:8 Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase
la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse
brotar juntamente. Yo Jehová lo he creado.
45:9 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con
los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra:
¿Qué haces?;
o tu obra: No tiene manos?
45:10 ¡Ay del que dice al padre: ¿Por qué engendraste?
y a la mujer: ¿Por qué diste a luz?!
45:11 Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador:
Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca
de la obra de mis manos.
45:12 Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre. Yo, mis
manos, extendieron los cielos, y a todo su ejército mandé.
45:13 Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos
sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis
cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos.
45:14 Así dice Jehová: El trabajo de Egipto, las mercaderías
de Etiopía, y los sabeos, hombres de elevada estatura, se pasarán
a ti y serán tuyos; irán en pos de ti, pasarán con
grillos; te harán reverencia y te suplicarán diciendo: Ciertamente
en ti está Dios, y no hay otro fuera de Dios.
45:15 Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel,
que salvas.
45:16 Confusos y avergonzados serán todos ellos; irán
con afrenta todos los fabricadores de imágenes.
45:17 Israel será salvo en Jehová con salvación
eterna; no os avergonzaréis ni os afrentaréis, por todos
los siglos.
45:18 Porque así dijo Jehová, que creó los cielos;
él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso;
no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy
Jehová, y no hay otro.
45:19 No hablé en secreto, en un lugar oscuro de la tierra;
no dije a la descendencia de Jacob: En vano me buscáis. Yo soy Jehová
que hablo justicia, que anuncio rectitud.
Jehová y los ídolos de Babilonia
45:20 Reuníos, y venid; juntaos todos los sobrevivientes de entre
las naciones. No tienen conocimiento aquellos que erigen el madero de su
ídolo, y los que ruegan a un dios que no salva.
45:21 Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en consulta;
¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene
dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que
yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.
45:22 Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de
la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.
45:23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra
en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará
toda rodilla, y jurará toda lengua.
45:24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está
la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra
él se enardecen serán avergonzados.
45:25 En Jehová será justificada y se gloriará
toda la descendencia de Israel.
Capítulo 46
46:1 Se postró Bel, se abatió Nebo; sus imágenes fueron
puestas sobre bestias, sobre animales de carga; esas cosas que vosotros
solíais llevar son alzadas cual carga, sobre las bestias cansadas.
46:2 Fueron humillados, fueron abatidos juntamente; no pudieron escaparse
de la carga, sino que tuvieron ellos mismos que ir en cautiverio.
46:3 Oídme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de
Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los
que sois llevados desde la matriz.
46:4 Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré
yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.
46:5 ¿A quién me asemejáis, y me igualáis,
y me comparáis, para que seamos semejantes?
46:6 Sacan oro de la bolsa, y pesan plata con balanzas, alquilan un
platero para hacer un dios de ello; se postran y adoran.
46:7 Se lo echan sobre los hombros, lo llevan, y lo colocan en su lugar;
allí se está, y no se mueve de su sitio. Le gritan, y tampoco
responde, ni libra de la tribulación.
46:8 Acordaos de esto, y tened vergüenza; volved en vosotros,
prevaricadores.
46:9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque
yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí,
46:10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad
lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá,
y haré todo lo que quiero;
46:11 que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón
de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado,
y también lo haré.
46:12 Oídme, duros de corazón, que estáis lejos
de la justicia:
46:13 Haré que se acerque mi justicia; no se alejará,
y mi salvación no se detendrá. Y pondré salvación
en Sion, y mi gloria en Israel.
Capítulo 47
Juicio sobre Babilonia
47:1 Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia.
Siéntate en la tierra, sin trono, hija de los caldeos; porque nunca
más te llamarán tierna y delicada.
47:2 Toma el molino y muele harina; descubre tus guedejas, descalza
los pies, descubre las piernas, pasa los ríos.
47:3 Será tu vergüenza descubierta, y tu deshonra será
vista; haré retribución, y no se librará hombre alguno.
47:4 Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su
nombre, el Santo de Israel.
47:5 Siéntate, calla, y entra en tinieblas, hija de los caldeos;
porque nunca más te llamarán señora de reinos.
47:6 Me enojé contra mi pueblo, profané mi heredad, y
los entregué en tu mano; no les tuviste compasión; sobre
el anciano agravaste mucho tu yugo.
47:7 Dijiste: Para siempre seré señora; y no has pensado
en esto, ni te acordaste de tu postrimería.
47:8 Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás
sentada confiadamente, tú que dices en tu corazón: Yo soy,
y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré
orfandad.
47:9 Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día,
orfandad y viudez;
en toda su fuerza vendrán sobre ti, a pesar de la multitud de tus
hechizos y de tus muchos encantamientos.
47:10 Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría
y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón:
Yo, y nadie más.
47:11 Vendrá, pues, sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás;
caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar;
y destrucción que no sepas vendrá de repente sobre ti.
47:12 Estate ahora en tus encantamientos y en la multitud de tus hechizos,
en los cuales te fatigaste desde tu juventud; quizá podrás
mejorarte, quizá te fortalecerás.
47:13 Te has fatigado en tus muchos consejos. Comparezcan ahora y te
defiendan los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas,
los que cuentan los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre
ti.
47:14 He aquí que serán como tamo; fuego los quemará,
no salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa
para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten.
47:15 Así te serán aquellos con quienes te fatigaste,
los que traficaron contigo desde tu juventud; cada uno irá por su
camino, no habrá quien te salve.
Capítulo 48
Dios reprende la infidelidad de Israel
48:1 Oíd esto, casa de Jacob, que os llamáis del nombre de
Israel, los que salieron de las aguas de Judá, los que juran en
el nombre de Jehová, y hacen memoria del Dios de Israel, mas no
en verdad ni en justicia;
48:2 porque de la santa ciudad se nombran, y en el Dios de Israel confían;
su nombre es Jehová de los ejércitos.
48:3 Lo que pasó, ya antes lo dije, y de mi boca salió;
lo publiqué, lo hice pronto, y fue realidad.
48:4 Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz,
y tu frente de bronce,
48:5 te lo dije ya hace tiempo; antes que sucediera te lo advertí,
para que no dijeras: Mi ídolo lo hizo, mis imágenes de escultura
y de fundición mandaron estas cosas.
48:6 Lo oíste, y lo viste todo; ¿y no lo anunciaréis
vosotros? Ahora, pues, te he hecho oír cosas nuevas y ocultas que
tú no sabías.
48:7 Ahora han sido creadas, no en días pasados, ni antes de
este día las habías oído, para que no digas: He aquí
que yo lo sabía.
48:8 Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías
conocido; ciertamente no se abrió antes tu oído; porque sabía
que siendo desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé
rebelde desde el vientre.
48:9 Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza
mía la reprimiré para no destruirte.
48:10 He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido
en horno de aflicción.
48:11 Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para
que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.
48:12 Oyeme, Jacob, y tú, Israel, a quien llamé: Yo mismo,
yo el primero, yo también el postrero. 
48:13 Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha
midió los cielos con el palmo; al llamarlos yo, comparecieron juntamente.
48:14 Juntaos todos vosotros, y oíd. ¿Quién hay
entre ellos que anuncie estas cosas? Aquel a quien Jehová amó
ejecutará su voluntad en Babilonia, y su brazo estará sobre
los caldeos.
48:15 Yo, yo hablé, y le llamé y le traje; por tanto,
será prosperado su camino.
48:16 Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no
hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo;
y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu.
48:17 Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de
Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente,
que te encamina por el camino que debes seguir.
48:18 ¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces
tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.
48:19 Fuera como la arena tu descendencia, y los renuevos de tus entrañas
como los granos de arena; nunca su nombre sería cortado, ni raído
de mi presencia.
48:20 Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos; dad nuevas de
esto con voz de alegría, publicadlo, llevadlo hasta lo postrero
de la tierra; decid: Redimió Jehová a Jacob su siervo.
48:21 No tuvieron sed cuando los llevó por los desiertos; les
hizo brotar agua de la piedra; abrió la peña, y corrieron
las aguas.
48:22 No hay paz para los malos, dijo Jehová.
Capítulo 49
Israel, siervo de Jehová
49:1 Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me
llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo
mi nombre en memoria.
49:2 Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra
de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su
aljaba;
49:3 y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré.
49:4 Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho
he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová,
y mi recompensa con mi Dios.
49:5 Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el
vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para
congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová,
y el Dios mío será mi fuerza);
49:6 dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para
levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel;
también te di por luz de las naciones, 
para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra.
49:7 Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo
suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo
de los tiranos: Verán reyes, y se levantarán príncipes,
y adorarán por Jehová; porque fiel es el Santo de Israel,
el cual te escogió.
Dios promete restaurar a Sion
49:8 Así dijo Jehová: En tiempo aceptable te oí,
y en el día de salvación te ayudé;
y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures
la tierra, para que heredes asoladas heredades;
49:9 para que digas a los presos: Salid; y a los que están en
tinieblas: Mostraos. En los caminos serán apacentados, y en todas
las alturas tendrán sus pastos.
49:10 No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá;
porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá
a manantiales de aguas.
49:11 Y convertiré en camino todos mis montes, y mis calzadas
serán levantadas.
49:12 He aquí éstos vendrán de lejos; y he aquí
éstos del norte y del occidente, y éstos de la tierra de
Sinim.
49:13 Cantad alabanzas, oh cielos, y alégrate, tierra; y prorrumpid
en alabanzas, oh montes; porque Jehová ha consolado a su pueblo,
y de sus pobres tendrá misericordia.
49:14 Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor
se olvidó de mí.
49:15 ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para
dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca
me olvidaré de ti.
49:16 He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida;
delante de mí están siempre tus muros.
49:17 Tus edificadores vendrán aprisa; tus destruidores y tus
asoladores saldrán de ti.
49:18 Alza tus ojos alrededor, y mira: todos éstos se han reunido,
han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos, como de vestidura
de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como
novia.
49:19 Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será
estrecha por la multitud de los moradores, y tus destruidores serán
apartados lejos.
49:20 Aun los hijos de tu orfandad dirán a tus oídos:
Estrecho es para mí este lugar; apártate, para que yo more.
49:21 Y dirás en tu corazón: ¿Quién me
engendró éstos? Porque yo había sido privada de hijos
y estaba sola, peregrina y desterrada; ¿quién, pues, crió
éstos? He aquí yo había sido dejada sola; ¿dónde
estaban éstos?
49:22 Así dijo Jehová el Señor: He aquí,
yo tenderé mi mano a las naciones, y a los pueblos levantaré
mi bandera; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán
traídas en hombros.
49:23 Reyes serán tus ayos, y sus reinas tus nodrizas; con el
rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo
de tus pies; y conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán
los que esperan en mí.
49:24 ¿Será quitado el botín al valiente? ¿Será
rescatado el cautivo de un tirano?
49:25 Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será
rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano;
y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos.
49:26 Y a los que te despojaron haré comer sus propias carnes,
y con su sangre serán embriagados como con vino; y conocerá
todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el
Fuerte de Jacob.
Capítulo 50
Jehová ayuda a quienes confían en él
50:1 Así dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de
repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes
son mis acreedores, a quienes yo os he vendido? He aquí que por
vuestras maldades sois vendidos, y por vuestras rebeliones fue repudiada
vuestra madre.
50:2 ¿Por qué cuando vine, no hallé a nadie, y
cuando llamé, nadie respondió? ¿Acaso se ha acortado
mi mano para no redimir? ¿No hay en mí poder para librar?
He aquí que con mi reprensión hago secar el mar; convierto
los ríos en desierto; sus peces se pudren por falta de agua, y mueren
de sed.
50:3 Visto de oscuridad los cielos, y hago como cilicio su cubierta.
50:4 Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber
hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana,
despertará mi oído para que oiga como los sabios.
50:5 Jehová el Señor me abrió el oído,
y yo no fui rebelde, ni me volví atrás.
50:6 Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban
la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.
50:7 Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto
no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé
que no seré avergonzado.
50:8 Cercano está de mí el que me salva; ¿quién
contenderá conmigo? Juntémonos. ¿Quién es el
adversario de mi causa? Acérquese a mí.
50:9 He aquí que Jehová el Señor me ayudará;
¿quién hay que me condene? He aquí que todos ellos
se envejecerán como ropa de vestir, serán comidos por la
polilla.
50:10 ¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová,
y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe
en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.
50:11 He aquí que todos vosotros encendéis fuego, y os
rodeáis de teas; andad a la luz de vuestro fuego, y de las teas
que encendisteis. De mi mano os vendrá esto; en dolor seréis
sepultados.
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