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Capítulo 12
La levadura de los fariseos
12:1 En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos
a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos,
primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos,
que es la hipocresía.
12:2 Porque nada hay encubierto, que no haya
de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.
12:3 Por tanto, todo lo que habéis dicho
en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al
oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.
A quién se debe temer
(Mt. 10.26-31)
12:4 Mas os digo, amigos míos: No temáis
a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.
12:5 Pero os enseñaré a quién
debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado
la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste
temed.
12:6 ¿No se venden cinco pajarillos por
dos cuartos?
Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
12:7 Pues aun los cabellos de vuestra cabeza
están todos contados. No temáis, pues; más valéis
vosotros que muchos pajarillos.
El que me confesare delante de los hombres
12:8 Os digo que todo aquel que me confesare delante
de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante
de los ángeles de Dios;
12:9 mas el que me negare delante de los hombres,
será negado delante de los ángeles de Dios.
12:10 A todo aquel que dijere alguna palabra
contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare
contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
12:11 Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante
los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo
o qué habréis de responder, o qué habréis de
decir;
12:12 porque el Espíritu Santo os enseñará
en la misma hora lo que debáis decir. 
El rico insensato
12:13 Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta
conmigo la herencia.
12:14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién
me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?
12:15 Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia;
porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que
posee.
12:16 También les refirió una parábola, diciendo:
La
heredad de un hombre rico había producido mucho.
12:17 Y él pensaba dentro de sí,
diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde
guardar mis frutos?
12:18 Y dijo: Esto haré: derribaré
mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré
todos mis frutos y mis bienes;
12:19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes
tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe,
regocíjate.
12:20 Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen
a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?
12:21 Así es el que hace para sí
tesoro, y no es rico para con Dios.
El afán y la ansiedad
(Mt. 6.25-34)
12:22 Dijo luego a sus discípulos: Por
tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis;
ni por el cuerpo, qué vestiréis.
12:23 La vida es más que la comida, y
el cuerpo que el vestido.
12:24 Considerad los cuervos, que ni siembran,
ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No
valéis vosotros mucho más que las aves?
12:25 ¿Y quién de vosotros podrá
con afanarse añadir a su estatura un codo?
12:26 Pues si no podéis ni aun lo que
es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?
12:27 Considerad los lirios, cómo crecen;
no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda
su gloria
se vistió como uno de ellos.
12:28 Y si así viste Dios la hierba que
hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto
más a vosotros, hombres de poca fe?
12:29 Vosotros, pues, no os preocupéis
por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber,
ni estéis en ansiosa inquietud.
12:30 Porque todas estas cosas buscan las gentes
del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas
cosas.
12:31 Mas buscad el reino de Dios, y todas estas
cosas os serán añadidas.
Tesoro en el cielo
(Mt. 6.19-21)
12:32 No temáis, manada pequeña,
porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
12:33 Vended lo que poseéis, y dad limosna;
haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote,
donde ladrón no llega, ni polilla destruye.
12:34 Porque donde está vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón.
El siervo vigilante
12:35 Estén ceñidos vuestros lomos,
y vuestras lámparas encendidas;
12:36 y vosotros sed semejantes a hombres que
aguardan a que su señor regrese
de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida.
12:37 Bienaventurados aquellos siervos a los
cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo
que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y
vendrá a servirles.
12:38 Y aunque venga a la segunda vigilia, y
aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados
son aquellos siervos.
12:39 Pero sabed esto, que si supiese el padre
de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría
ciertamente, y no dejaría minar su casa.
12:40 Vosotros, pues, también, estad preparados,
porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.
El siervo infiel
(Mt. 24.45-51)
12:41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola
a nosotros, o también a todos?
12:42 Y dijo el Señor: ¿Quién
es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre
su casa, para que a tiempo les dé su ración?
12:43 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando
su señor venga, le halle haciendo así.
12:44 En verdad os digo que le pondrá
sobre todos sus bienes.
12:45 Mas si aquel siervo dijere en su corazón:
Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a
las criadas, y a comer y beber y embriagarse,
12:46 vendrá el señor de aquel
siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe,
y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.
12:47 Aquel siervo que conociendo la voluntad
de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad,
recibirá muchos azotes.
12:48 Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas
de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya
dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado,
más se le pedirá.
Jesús, causa de división
(Mt. 10.34-36)
12:49 Fuego vine a echar en la tierra; ¿y
qué quiero, si ya se ha encendido?
12:50 De un bautismo tengo que ser bautizado;
y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!
12:51 ¿Pensáis que he venido para
dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión.
12:52 Porque de aquí en adelante, cinco
en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra
tres.
12:53 Estará dividido el padre contra
el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija
contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
¿Cómo no reconocéis este tiempo?
(Mt. 16.1-4;
Mr.
8.11-13)
12:54 Decía también a la multitud: Cuando
veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así
sucede.
12:55 Y cuando sopla el viento del sur, decís:
Hará calor; y lo hace.
12:56 ¡Hipócritas! Sabéis
distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no
distinguís este tiempo?
Arréglate con tu adversario
(Mt. 5.25-26)
12:57 ¿Y por qué no juzgáis
por vosotros mismos lo que es justo?
12:58 Cuando vayas al magistrado con tu adversario,
procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al
juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
12:59 Te digo que no saldrás de allí,
hasta que hayas pagado aun la última blanca.
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