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Capítulo 15
Parábola de la oveja perdida
(Mt. 18.10-14)
15:1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para
oírle,
15:2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los
pecadores recibe, y con ellos come.
15:3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:
15:4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo
cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el
desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?
15:5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus
hombros gozoso;
15:6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos
y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi
oveja que se había perdido.
15:7 Os digo que así habrá más
gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve
justos que no necesitan de arrepentimiento.
Parábola de la moneda perdida
15:8 ¿O qué mujer que tiene diez
dracmas,
si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y
busca con diligencia hasta encontrarla?
15:9 Y cuando la encuentra, reúne a sus
amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma
que había perdido.
15:10 Así os digo que hay gozo delante
de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
Parábola del hijo pródigo
15:11 También dijo: Un hombre tenía
dos hijos;
15:12 y el menor de ellos dijo a su padre: Padre,
dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los
bienes.
15:13 No muchos días después, juntándolo
todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí
desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
15:14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino
una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.
15:15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos
de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase
cerdos.
15:16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas
que comían los cerdos, pero nadie le daba.
15:17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos
jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí
perezco de hambre!
15:18 Me levantaré e iré a mi padre,
y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
15:19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo;
hazme como a uno de tus jornaleros.
15:20 Y levantándose, vino a su padre.
Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia,
y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
15:21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra
el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
15:22 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad
el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en
sus pies.
15:23 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos
y hagamos fiesta;
15:24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido;
se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
15:25 Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando
vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las
danzas;
15:26 y llamando a uno de los criados, le preguntó
qué era aquello.
15:27 El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu
padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano.
15:28 Entonces se enojó, y no quería
entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
15:29 Mas él, respondiendo, dijo al padre:
He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido
jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos.
15:30 Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido
tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.
15:31 El entonces le dijo: Hijo, tú siempre
estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
15:32 Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos,
porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido,
y es hallado. |