|
| 1
| 2 | 3 | 4
| 5 | 6
|
7 | 8
| 9 | 10 |
11 | 12 | 13
| 14 | 15 | 16
|
Capítulo 2
Jesús sana a un paralítico
(Mt. 9. 1-8;
Lc.
5. 17-26)
2:1 Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos
días; y se oyó que estaba en casa.
2:2 E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían
ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.
2:3 Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico,
que era cargado por cuatro.
2:4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud,
descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron
el lecho en que yacía el paralítico.
2:5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico:
Hijo,
tus pecados te son perdonados.
2:6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales
cavilaban en sus corazones:
2:7 ¿Por qué habla éste así? Blasfemias
dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
2:8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban
de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por
qué caviláis así en vuestros corazones?
2:9 ¿Qué es más fácil,
decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate,
toma tu lecho y anda?
2:10 Pues para que sepáis que el Hijo
del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo
al paralítico):
2:11 A ti te digo: Levántate, toma tu
lecho, y vete a tu casa.
2:12 Entonces él se levantó en seguida, y tomando su
lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron,
y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.
Llamamiento de Leví
(Mt. 9. 9-13;
Lc.
5. 27-32)
2:13 Después volvió a salir al mar; y toda la gente venía
a él, y les enseñaba.
2:14 Y al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado al banco
de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.
Y levantándose, le siguió.
2:15 Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de
él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa
juntamente con Jesús y sus discípulos; porque había
muchos que le habían seguido.
2:16 Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos
y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué
es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?
2:17 Al oír esto Jesús, les dijo: Los
sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido
a llamar a justos, sino a pecadores.
La pregunta sobre el ayuno
(Mt. 9. 14-17;
Lc.
5. 33-39)
2:18 Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban;
y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos
de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?
2:19 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden
los que están de bodas ayunar mientras está con ellos el
esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar.
2:20 Pero vendrán días cuando el
esposo les será quitado, y entonces en aquellos días ayunarán.
2:21 Nadie pone remiendo de paño nuevo
en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo,
y se hace peor la rotura.
2:22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos;
de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y
los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.
Los discípulos recogen espigas en el día de reposo
(Mt. 12. 1-8;
Lc.
6. 1-5)
2:23 Aconteció que al pasar él por los sembrados un día
de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas.
2:24 Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué
hacen en el día de reposo lo que no es lícito?
2:25 Pero él les dijo: ¿Nunca leísteis
lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y sintió hambre, él
y los que con él estaban;
2:26 cómo entró en la casa de Dios,
siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición,
de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes,
y aun dio a los que con él estaban?
2:27 También les dijo: El día de
reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día
de reposo.
2:28 Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor
aun del día de reposo.
|