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Capítulo 11
Los mensajeros de Juan el Bautista
(Lc. 7. 18-35)
11:1 Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce
discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar
en las ciudades de ellos.
11:2 Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo,
le envió dos de sus discípulos,
11:3 para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había
de venir, o esperaremos a otro?
11:4 Respondiendo Jesús, les dijo: Id,
y haced saber a Juan las cosas que oís y veis.
11:5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos
son limpiados, los sordos oyen,
los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;
11:6 y bienaventurado es el que no halle tropiezo
en mí.
11:7 Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de
Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver
al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
11:8 ¿O qué salisteis a ver? ¿A
un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan
vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están.
11:9 Pero ¿qué salisteis a ver?
¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.
11:10 Porque éste es de quien está
escrito:
He aquí, yo envío mi mensajero
delante de tu faz,
El cual preparará tu camino delante
de ti.
11:11 De cierto os digo: Entre los que nacen
de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más
pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.
11:12 Desde los días de Juan el Bautista
hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo
arrebatan.
11:13 Porque todos los profetas y la ley profetizaron
hasta Juan.
11:14 Y si queréis recibirlo, él
es aquel Elías que había de venir. 
11:15 El que tiene oídos para oír,
oiga.
11:16 Mas ¿a qué compararé
esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en
las plazas, y dan voces a sus compañeros,
11:17 diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis;
os endechamos, y no lamentasteis.
11:18 Porque vino Juan, que ni comía ni
bebía, y dicen: Demonio tiene.
11:19 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe,
y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo
de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por
sus hijos.
Ayes sobre las ciudades impenitentes
(Lc. 10. 13-16)
11:20 Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales
había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido,
diciendo:
11:21 Ay de ti, Corazín! Ay de ti, Betsaida!
Porque si en Tiro y en Sidón
    se
hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha
que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.
11:22 Por tanto os digo que en el día
del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para
Sidón, que para vosotras.
11:23 Y tú, Capernaum, que eres levantada
hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida;
porque si en Sodoma
se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría
permanecido hasta el día de hoy.
11:24 Por tanto os digo que en el día
del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra
de Sodoma,
que para ti.
Venid a mí y descansad
(Lc. 10. 21-22)
11:25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te
alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste
estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.
11:26 Sí, Padre, porque así te
agradó.
11:27 Todas las cosas me fueron entregadas por
mi Padre;
y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino
el Hijo,
y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
11:28 Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
11:29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended
de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas;
11:30 porque mi yugo es fácil, y ligera
mi carga.
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