HECHOS DE LOS APÓSTOLES

PROLOGO: Hechos es el libro que revela el poder de la iglesia. Por lo tanto, cuando una iglesia comienza a disminuir, a perder su poder y a volverse aburrida y monótona en su testimonio, necesita volver con desesperación al Espíritu Santo, a la expectación, al conocimiento y a la enseñanza del libro de los Hechos. En este libro, los principios de la vida transformada "no vivo yo, sino Cristo se ponen dramáticamente de manifiesto.

Si se eliminase el libro de Hechos del Nuevo Testamento, nunca entenderíamos el resto. Cuando concluimos el relato de los Evangelios, lo único con lo que nos encontramos es con un puñado de judíos en la ciudad de Jerusalén, el centro de la vida judía, hablando juntos acerca de un reino para Israel.

Al abrir el libro de Romanos, que viene después de los Hechos, descubrimos que un hombre, cuyo nombre no se menciona nunca en los evangelios, está escribiendo a un grupo de cristianos en Roma, de todos los lugares posibles, el centro de la cultura gentil, y les está hablando acerca de la necesidad de salir de los rincones de la tierra. Evidentemente, algo ha sucedido entre tanto. ¿Cómo se produjo este tremendo cambio? ¿Qué fue lo que pasó como para que el evangelio brotase con fuerza y saliese de los confines del judaísmo, en la ciudad de Jerusalén, y alcanzase en una sola generación los límites del mundo entonces conocido?

En realidad debería titularse "Los Hechos del Espíritu Santo o tal vez "La Continuación de los Hechos del Señor Jesucristo. Esta sugerencia la encontramos casualmente en la introducción del libro. Al escribir Lucas de nuevo al amigo al que le dirigió su primer libro, le dice: "En el primer relato escribí, oh Teófilo, acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y enseñar... Es evidente, por lo tanto, que lo que escribió entonces Lucas fue el "Primer Volumen y Hechos es el "Segundo Volumen. Hechos es, en realidad, una continuación de lo que Jesús comenzó tanto a hacer como a enseñar. Lucas continúa diciendo:

"...hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamiento por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido. A estos también se presentó vivo, después de haber padecido, con muchas pruebas convincentes. Durante cuarenta días se hacía visible a ellos y les hablaba acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalén, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa del Padre, de la cual me oísteis hablar; porque Juan, a la verdad bautizó en agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo después de no muchos días." Hechos 1:2

De eso trata el libro de Hechos, que es el relato de la manera en que el Espíritu Santo, descendiendo sobre la iglesia, continuó lo que Jesús había empezado, es decir, continuó con la obra que se inició durante los días de su encarnación.

Por lo tanto, el relato del que ha quedado constancia en los evangelios no es otra cosa que el principio de la obra del Señor Jesucristo. Cuando llegamos al final de los evangelios, no hemos llegado al final, ni siquiera al principio del final, sino al final del comienzo. En el libro de Hechos, el Espíritu Santo comienza a realizar su obra por medio del cuerpo encarnado de Jesucristo, que es la iglesia, el cuerpo mediante el cual el Señor tiene la intención de llegar hasta los confines de la tierra. Eso es algo que empezó hace más de 1900 años y como ve sigue realizándola en la actualidad. Hoy estamos viviendo en la era del Espíritu, que se inauguró en el día de Pentecostés, el primer acontecimiento importante del libro de los Hechos.

Al leer el libro, se encuentran los diferentes aspectos del ministerio del Espíritu Santo. Para empezar, es visible al dirigir las actividades de la iglesia. Es el Espíritu de Dios el que toma la iniciativa y promueve nuevos movimientos para llevar a cabo el programa de Dios. Por ejemplo, cuando Felipe estaba en Samaria predicando el evangelio, estaba teniendo lugar un avivamiento por toda la ciudad como resultado de su predicación y toda la ciudad se sintió conmovida, pero el Espíritu le dijo: "Levántate y ve a un hombre que está en el desierto. (Hechos 8:26)  ¿Qué clase de estrategia es esa, dejar una campaña que afectaba a toda una ciudad, en la que se estaba moviendo con poder el Espíritu de Dios, donde las multitudes estaban yendo a Cristo, para ir al desierto con el fin de hablar con un hombre? Preguntaríamos nosotros.

¿Pero quién era aquel hombre? Era el eunuco etíope, un hombre que era el tesorero de los etíopes. Recordarán la historia de cómo fue preparado por el Espíritu Santo. Al correr Felipe junto al carro, le oyó al etíope que leía del rollo de Isaías y le preguntó si entendía lo que leía, a lo que éste le contestó: "¿Pues cómo podré yo a menos que alguien me guíe? Cuando Felipe fue y se sentó a su lado, se encontró con que estaba leyendo exactamente el lugar indicado, Isaías 53. Comenzando en ese punto, Felipe le predicó acerca de Jesús y le ganó para Cristo.

Así es siempre el testimonio dirigido por el Espíritu Santo, el hombre apropiado en el lugar indicado en el momento oportuno diciendo lo apropiado a la persona indicada. Esta es una de las primeras evidencias en este libro de la actividad directriz general del Espíritu Santo.

En el capítulo nueve, el Espíritu Santo llama a un hombre que iba camino a Damasco y envía a otro hombre a que ore por él, Ananías, que se quedó totalmente asombrado por lo que le había sido encomendado. "Señor dijo, "no sabes lo que estás pidiendo. Pero Dios le respondió "se a quién he llamado y es un instrumento que yo he escogido.

En el capítulo 13 dice que el Espíritu Santo le dijo a la iglesia en Antioquía: "Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. (Hechos 13:2)

Más adelante en el libro, Pablo dice: "procuraban entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Por lo que comenzaron a predicar el evangelio en Asia, pero también el Espíritu se lo prohibió. (Hechos 16:6,7)

Por todo este libro nos encontramos con que la estrategia ha sido planificada por adelantado por el Espíritu Santo. Cuando los cristianos se ponen a su disposición, él les va mostrando la estrategia a seguir paso a paso y no hay nadie que pueda planear esta clase de programa. Lo único que podemos hacer es estar dispuestos a seguir la dirección del Espíritu de Dios que obra en la iglesia y esa es la estrategia divina.

Más adelante en Hechos encontramos el Espíritu Santo en otro de los aspectos del ministerio, haciendo algo que ningún hombre puede hacer: dando vida a los que creen. Dondequiera que es predicado el evangelio, dondequiera que se transmite la Palabra de Dios, siempre que las buenas nuevas de la obra del Señor Jesús se prediquen a los hombres, el Espíritu Santo estará ahí para comunicar vida.

¿Se han fijado alguna vez en quién es el que hace el llamamiento al altar en el libro de Hechos? Es casi de manera invariable aquellos a los que se les está predicando. Así sucedió en el día de Pentecostés. Al predicar el Espíritu de Dios por boca de Pedro a miles que habían sido llamados por el impresionante milagro de las lenguas después de descender sobre ellos el Espíritu Santo. ¿Qué fue lo que sucedió? Se sintieron convencidos en sus corazones y le interrumpieron preguntándole: "Hermanos (predicador) ¿qué debemos hacer para ser salvos?

No es solo que el Espíritu Santo comunica vida, como lo hizo en la casa de Cornelio (mientras el mensaje estaba siendo predicado el Espíritu Santo cayó sobre los que estaban allí reunidos), sino que está obrando conservando la pureza de la iglesia.

Pero en todo el libro de los Hechos descubrirán que el mismo Espíritu Santo se encarga de esta labor. Por ejemplo, hay un incidente asombroso que tiene lugar al principio del libro. La hipocresía de Ananías y de Safira se pone de manifiesto cuando intentan adjudicarse una santidad que de hecho no poseían. (Hechos 5:1-11)

Quisieron causar la impresión de ser personas más dedicadas o entregadas de lo que eran en realidad, se esforzaron por ganarse la reputación de ser santos entre los cristianos solamente por la apariencia exterior.

Pero el juicio del Espíritu Santo se manifestó de inmediato en la forma de su muerte física.

 Hoy en día no juzga de ese modo (al menos no hasta ese punto). Este es un ejemplo para mostrarnos lo que hace el Espíritu de Dios a nivel espiritual, pero al principio, juzga a nivel físico, a fin de que veamos de qué modo se aplica este principio. Pero ya sea espiritual o físicamente, el resultado es realmente el mismo. Que alguien comience a valerse de su postura religiosa, de sus oportunidades cristianas con el fin de promover su propia santidad a los ojos de los demás, pretender poseer una santidad que no posee en realidad y ¿qué sucede? El Espíritu de Dios le elimina de la manifestación de la vida de Cristo y de inmediato esa vida carece de poder, se vuelve débil y sin fruto, estando muerta en lo que se refiere al efecto que ejerce sobre los que le rodean, como lo estuvieron Ananías y Safira al caer muertos al suelo junto a los pies de Pedro.

Finalmente, lo que más enfatiza este libro y lo sorprendente acerca de estos cristianos, la cualidad que hacía que asombrasen continuamente a aquellos que les escuchaban predicar, es que el Espíritu de Dios está siempre obrando, haciendo valientes a los cristianos. Ahora, una vez que ha descendido sobre ellos, están por las calles y por los atrios del templo proclamando con valentía la verdad sobre Jesucristo. Al ser encerrados en la cárcel, el ángel les libera y vuelven de nuevo a los atrios del templo para orar y predicar una vez más.

Ese es el programa del Espíritu Santo el que toma el control de todo, dándoles las energías, guiándoles, dirigiéndoles, programando, llenándoles de poder y transmitiendo vida. El lo hace todo. No depende de nosotros hacer nada, a parte de estas disponibles, dispuestos a ser sus instrumentos, preparados a ir a donde él quiera enviarnos, a abrir nuestras bocas, listos para aprovechar cualquiera que sea la situación en la que nos coloque. Es tarea del Espíritu, que no deja nunca de cumplir, llevar a cabo el ministerio y eso es precisamente lo que le ha venido faltando a la iglesia, ¿no es cierto? Es lo que tanto encontramos aquí en el libro de Hechos.

En este libro se nos revela este programa, tanto desde el punto de vista geográfico como desde el cronológico. En el capítulo uno encontramos la dimensión geográfica (versículo 8):

"Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra." Hechos 1:8

Se puede dividir el libro sobre esta base y éste es un índice de materias divino. Los primeros siete capítulos están relacionados con el hecho de ser testigos de Cristo en Jerusalén. En el capítulo 8 nos encontramos con que se produce una interrupción y los discípulos son echados de Jerusalén, yendo a Judea y a Samaria. Comenzando por el capítulo 13 encontramos el llamamiento de Pablo y Bernabé para que saliesen al mundo gentil y ahí empieza la historia de la extensión del evangelio hasta lo último de la tierra. Ese es el programa de Dios, en lo que se refiere a la extensión geográfica del evangelio y es solo durante nuestra propia generación cuando vemos que esto empieza a cumplirse.

En el capítulo dos vemos cómo se cumple el mismo programa, desde el punto de vista cronológico (en cuanto al tiempo). En este caso, las personas se quedan asombradas por el derramamiento del Espíritu Santo, preguntando qué deben hacer para ser salvas, según nos dice Pedro (Hechos 1: 38-39):

"Arrepentíos [es decir, cambiad de manera de pensar] y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros. Esto se dirigía a la misma generación a la que le estaba predicando "a vosotros y a vuestros hijos [a la próxima generación] y a todos aquellos que se encuentran aún distantes a lo largo de los siglos. Sea cual fuere el número de las generaciones que puedan vivir en esta era de la gracia, la promesa es para vosotros y para todos ellos, para que todo el que reciba al Señor Jesucristo, le sea dada la promesa del Espíritu Santo. "A todos los que se encuentran distantes, a todos los que el Señor nuestro Dios llame a sí mismo. Ese es el programa de Dios en la dimensión del tiempo."

Lo interesante es ver cómo los cristianos, al leer acerca de este asombroso suceso, han centrado su atención en lo incidental, descuidando lo esencial. ¿Qué es lo incidental en este caso? El viento que sopla, el fuego que danzaba sobre las cabezas de los discípulos, y las muchas lenguas o idiomas que hablaban. Estos son datos incidentales de la historia. Son sencillamente los acontecimientos periféricos que sucedieron, las señales que mostraron que estaba sucediendo algo importante.

¿Qué era entonces lo esencial y lo importante? Era la formación de un nuevo pueblo, la iglesia. Se reunieron en los patios del templo ciento veinte personas, que tenían poco relación entre sí, como podría suceder con personas que procediesen de diferentes lugares de la tierra en la actualidad. Estaban individualmente relacionadas con el Señor, pero no tenían lazos de consanguinidad. Cuando fue derramado sobre ellas el Espíritu Santo, les bautizó en un solo cuerpo, convirtiéndose en una unidad viviente y ya no estaban relacionadas solamente con el Señor, sino que estaban relacionadas unas con otras.

Se convirtieron en un organismo vivo, que fue a partir de ese momento y que sigue siendo, el cuerpo de Cristo, el medio por el cual habla al mundo, por medio del cual se le ha concedido una existencia de carne y sangre en nuestros días. Se convirtieron en un pueblo nuevo, gracias a un nuevo poder, el del Espíritu Santo, que habitaba en ellos uniéndoles unos a otros e introduciendo entre ellos un nuevo programa. Como ya hemos visto, el propósito era alcanzar a Jerusalén, a Judea, a Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra, a lo largo del tiempo, de una generación a la próxima, hasta la venida de Jesucristo. Esos son los datos esenciales. ¿No resulta extraño de qué modo concentramos nuestra atención sobre cosas de poca importancia, al tiempo que descuidamos asuntos de una tremenda importancia que el Espíritu Santo desea impartirnos?

El resto del libro trata acerca del llamamiento de Pablo, el constructor sabio, aquel al que había seleccionado el Espíritu Santo para servir de ejemplo a los cristianos gentiles. Por eso fue por lo que Pablo tuvo que someterse a un período de intensa preparación por parte del Espíritu Santo, durante el cual se vio sometido a las más rigurosas pruebas que ha tenido que soportar ningún ser humano. Fue enviado a su ciudad natal para vivir en ella como un desconocido durante siete años, hasta que aprendió la gran lección que el Espíritu Santo intenta enseñar a cada cristiano y sin la cual ninguno de nosotros podemos ser efectivos para él. Según palabras de nuestro Señor mismo:

 

"A menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda solo." (Juan 12:24)

Al seguir la carrera del apóstol Pablo, descubrimos que al igual que nos ha sucedido a cada uno de nosotros, al principio de venir a Cristo, no lo entendió. Como hubiéramos razonado nosotros de haber estado en su lugar, estaba convencido de que estaba preparado para todo y que estaba especialmente capacitado para ser la clase de instrumento que podría ser utilizado por Dios con poder para ganar a Israel a Cristo. Sin duda se diría a sí mismo, como revela en la epístola a los Filipenses, que tenía la capacitación necesaria y la preparación adecuada. Era hebreo de nacimiento, había sido educado conforme a la ley y en el entendimiento de los hebreos, tenía la posición, era el alumno favorito del más importante de los profesores de Israel, Robbon Gamaliel, y era fariseo por excelencia, por lo que entendía todo lo relacionado con la historia y los antecedentes hebreos.

Teniendo consciencia de sus propios antecedentes y capacitación brotó en su corazón ese latido que nos encontramos constantemente manifestándose y acerca del cual leemos de vez en cuando en los escritos de este poderoso hombre. Este anhelo ardiente de ser un instrumento para alcanzar a Israel para Cristo. En el capítulo noveno de Romanos dijo: "porque desearía yo mismo ser separado de Cristo por el bien de mis hermanos, los que son mis familiares según la carne. (Rom. 9:3)

Pero Dios le había dicho a este hombre: "No quiero que alcances a Israel, sino que deseo que te conviertas en el apóstol de los gentiles, para llevar mi nombre ante los reyes y para predicar a los gentiles sobre las inescrutables riquezas de Cristo.

Pablo  intentado predicar a Cristo en las Sinagogas de Damasco, según la energía de su propia carne y dándose cuenta de que estaba fracasando, fue sacado de la ciudad, como si hubiera sido un criminal, teniendo que descender en una cesta por la muralla de la ciudad. Con el corazón destrozado y derrotado, encontró el camino hasta Jerusalén y pensó que al menos los apóstoles le permitirían estar con ellos, pero también ellos le dejaron de lado. Fue solo cuando Bernabé intercedió por él cuando fue aceptado por los apóstoles.

Y luego, entrando en el templo, se encontró al Señor que le dijo: "Vuelve a tu hogar. Vete de la ciudad porque aquí no recibirán tu testimonio. No perteneces aquí y este no es el lugar al que te he llamado. (Hechos 22:17-21)

En Tarso se enfrentó por fin con lo que Dios le había estado diciendo todo el tiempo, que a menos que estuviese dispuesto a morir (o renunciar) a su propia ambición de ser un apóstol en Israel, no podría ser nunca un siervo de Cristo y cuando recibió por fin su comisión y se la tomó en serio, dijo: "Señor, iré donde tú quieres que vaya. Dondequiera que desees mandarme. Estoy dispuesto a ir. Dios le envió a Bernabé, que le tomó de la mano y le llevó a Antioquía, a una iglesia gentil, y allí comenzó el apóstol Pablo su ministerio.

El libro acaba con Pablo en Roma, predicando en su misma casa alquilada, encadenado de día y de noche a un guardia romano, sin poder salir, sin poder seguir adelante con la evangelización por todos los rincones de la tierra, como deseaba ardientemente hacer en su corazón, viéndose limitado, encadenado y atado, a pesar de lo cual, como escribe a los Filipenses, siente en su corazón y tiene plena consciencia de que a pesar de estar encadenado, la palabra de Dios no lo está.

Una de las palabras más asombrosas en toda la escritura es la que aparece aquí, al escribir Pablo a sus amigos en Filipos diciéndoles: "quiero que sepáis que las cosas que han sucedido han redundado mas bien para el progreso del evangelio. (Fil. 1:12)

No han limitado nada, no han impedido que nada siga adelante. Estos obstáculos, y estas aparentes decepciones no han impedido nada, solo han servido para avanzar el evangelio. Y a continuación nos presenta dos maneras concretas de cómo estaba sucediendo esto. Una de ellas era en relación con lo mejorcito del ejército romano, que formaba la guardia especial del palacio del emperador, que estaban siendo traídos a Cristo uno por uno. La guardia del Pretorio estaba siendo alcanzada y, como es natural, ya sabemos cómo estaba sucediendo. Estaban siendo traídos por orden del emperador y siendo encadenados al apóstol Pablo durante seis horas. ¡Hablando de una audiencia cautiva! Dios estaba usando al emperador para traer a sus mejores muchachos y encadenarlos al apóstol durante seis horas de instrucción sobre el evangelio cristiano. No es, pues, de sorprender que Pablo escriba al final de su epístola: "todos los santos os saludan y mayormente los que pertenecen a la casa de César. (Fil. 4:22)

La segunda cosa es que debido a que Pablo había sido arrestado, todos los demás hermanos en la ciudad estaban ocupados predicando el evangelio, por lo que el evangelio se estaba extendiendo más en Roma debido a que él estaba en la cárcel de lo que lo hubiera sido de haber estado Pablo en libertad. El dijo: "me regocijo en ello. ¡Eso siempre me sugiere que una de las mejores maneras de evangelizar a una comunidad podría ser meter a todos los predicadores en la cárcel!

Pero hay una tercera ventaja de la que el apóstol no era consciente, algo que jamás soñó que pudiese suceder. Vemos ahora, al volver la vista atrás, que la cosa más importante que jamás hizo Pablo durante toda su vida no fue predicar el evangelio y plantar iglesias, como podría haber creído, sino que el mayor de sus logros fue las epístolas que no habría escrito nunca a las iglesias de no haberse encontrado en prisión. Gracias a estas epístolas, la iglesia ha recibido el ministerio, ha sido alimentada y fortalecida durante los 200 siglos de la vida de la iglesia.

Como saben, el libro de Hechos es un libro inacabado. No ha sido nunca completado, sino que termina de repente. Lucas ni siquiera escribe la palabra fin al final del mismo, sino que lo deja tal cual. No vuelve nunca a esa parte porque, como es natural, el Espíritu Santo quiso que quedase sin terminar y todavía se está escribiendo. El libro de Hechos es el relato de las cosas que el Señor Jesús comenzó a hacer y a enseñar. ¿Ha terminado ya? No, él sigue aún realizando su obra. Cuando este libro quede totalmente acabado y lo podamos leer en la gloria, ¿qué parte habrán representado de vosotros en él?

 

Un intento por desacreditar al libro de los Hechos

Hace más de un siglo, un erudito inglés llamado William Ramsay se propuso demostrar que el libro de los Hechos estaba lleno de errores geográficos y arqueológicos. Creía que tendría éxito, ya que muchos estudiosos de su época, siguiendo las técnicas modernas de la crítica textual y la arqueología, habían encontrado numerosos errores en otros escritos clásicos. Este eminente profesor de humanidades se preparó diligentemente en arqueología y geografía antes de partir al Cercano Oriente y Asia Menor para demostrar que el relato de Lucas acerca de las primeras décadas de la Iglesia era en gran parte un mito. La empresa de Ramsay no dio los resultados que esperaba. Después de un cuarto de siglo de investigación en lo que hoy conocemos como Turquía e Israel, y al rastrear cuidadosamente las pisadas de los apóstoles según el libro de los Hechos, este famoso escéptico sacudió al mundo intelectual al anunciar que se había convertido al cristianismo. Confesó que este cambio radical de mente y corazón se debió en gran parte a su asombro por la precisión del relato que escribió Lucas. Después de examinar los detalles históricos y geográficos del libro de los Hechos por varias décadas, Ramsay concluyó: “Lucas es un historiador de primera categoría; además de que sus declaraciones son verídicas, él posee un verdadero sentido histórico . . . En suma, este autor debe ser clasificado junto con los historiadores más grandes” (The Bearing of Recent Discovery on the Trustworthiness of the New Testament [“La importancia de los descubrimientos más recientes respecto de la veracidad del Nuevo Testamento”], 1953, p. 80).

Ramsay continuó escribiendo varios libros acerca de los Hechos de los Apóstoles y las epístolas de Pablo. A la postre fue hecho caballero de la corte inglesa por sus contribuciones a los campos de la arqueología y la geografía.

 

La tumba del rey David

En el Día de Pentecostés, cuando 120 discípulos recibieron el Espíritu de Dios y la Iglesia cristiana comenzó, miles de peregrinos judíos se encontraban en Jerusalén con motivo de esta fiesta santa (Hechos 2:1-5). En ese día y estando lleno del Espíritu Santo, el apóstol Pedro le dio a la muchedumbre judía un sermón inspirado por Dios. Miles escucharon y se arrepintieron de sus pecados. Al hablar de la reciente resurrección de Jesús, citó uno de los salmos proféticos del rey David: “Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción” (Hechos 2:27; Salmos 16:10).

 

Pedro siguió: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy” (Hechos 2:29). Al estar hablando en los atrios del templo en Jerusalén, Pedro podía señalar a poca distancia el sitio de las tumbas de los reyes de Israel, y específicamente la de David.

 

A pesar de que no era costumbre israelita o judía enterrar a los muertos dentro de una aldea o ciudad, la realeza era una excepción. Las Escrituras relatan lo siguiente: “Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad” (1 Reyes 2:10). Posteriormente, muchos de los reyes israelitas también fueron sepultados en Jerusalén, aunque no todos en las tumbas designadas para los reyes. Por ejemplo, el malvado rey Joram fue enterrado “en la ciudad de David, pero no en los sepulcros de los reyes” (2 Crónicas 21:20).

Cientos de años más tarde, durante la restauración de Jerusalén bajo Nehemías, el lugar alrededor de las tumbas de los reyes fue reparado, “hasta delante de los sepulcros de David. . .” (Nehemías 3:16).

 

Josefo, historiador judío que nació poco después de que Pedro dio su sermón en el Día de Pentecostés, escribió que unas décadas antes Herodes el Grande había abierto la tumba de David para saquear sus tesoros, sólo para encontrar que ya habían sido robados por un rey anterior” (Antigüedades de los judíos, XVI, vii, 1). De modo que la tumba de David aún era muy conocida cuando Josefo escribió su relato, décadas después del sermón de Pedro.

A.T. Robertson añade: “La tumba [de David] se encontraba en el monte de Sion, donde estaban enterrados la mayoría de los reyes. Se dice que la tumba fue convertida en ruinas durante el reinado del emperador Adriano (117-138 d.C.)” (Word Pictures in the New Testament [“Imágenes verbales del Nuevo Testamento”].

Entre los arqueólogos no hay acuerdo si unas tumbas descubiertas hacen más de un siglo en el sur de Jerusalén son las sepulturas de los reyes de Israel; no obstante, el lugar concuerda con los relatos mencionados en la Biblia y cuenta con el respaldo de algunos arqueólogos.

El director de la revista Biblical Archaeology Review, Hershel Shanks, menciona: “El lugar que ha sido propuesto como el sitio de la tumba de David, junto con los demás sepulcros, es precisamente donde se esperaría encontrar el lugar de entierro mencionado en la Biblia: en la parte sur de la Ciudad de David, donde los entierros normalmente eran prohibidos.

”En 1913 al 1914 un francés llamado Raymond Weill excavó este lugar y encontró varias tumbas que enumeró como T1 hasta T8. . . La más espléndida de ellas era la tumba T1. Es un tipo de túnel largo o cueva excavada que mide 17 metros de largo por casi 3 metros de ancho y más de 4 metros de alto. . . El hecho de que algunas tumbas extravagantes, hasta ostentosas, se encontraban precisamente donde la Biblia dice que fueron enterrados los reyes de Judá, entre ellos David, indica a la mente razonable que la tumba más impresionante (T1) bien puede ser la del rey David” (edición de enero-febrero de 1995, p. 64). La identificación de esa tumba se hace difícil porque la zona fue extensamente explotada como cantera en los siglos posteriores de modo que sólo quedan restos de las tumbas. Ya sea que las investigaciones futuras logren o no identificar la tumba de David, lo importante es que cuando Pedro dio su sermón en el Día de Pentecostés y se inició la Iglesia del Nuevo Testamento, él pudo señalar el sitio en Jerusalén donde todos sabían que se encontraba esa tumba y podían atestiguar que los restos de David aún estaban allí.

 

Era obvio para todos que David no había resucitado de entre los muertos. Ahora Pedro y muchos otros testigos pudieron confirmar que fue la tumba de Jesús, no la de David, la que se había abierto y que era Jesús quien había vuelto a la vida, confirmando así la veracidad de sus pronunciamientos (Mateo 12:38-40; Lucas 11:29-30). Miles de oyentes judíos no pudieron refutar esta prueba; este hecho, entre otros, hizo que muchos reconocieran que Jesús era el Salvador prometido (Hechos 2:41).

 

 

APUNTES BIOGRAFICOS

Aunque Pedro y Pablo son los dos personajes de mayor importancia en la historia de la iglesia primitiva registrada en el libro de los Hechos de los Apóstoles, hay muchos otros que tuvieron un papel importante. El estudiante de este libro deberá conocer a los personajes principales, el papel que tuvieron en esta historia y donde encontrar las referencias. Debe estar tan familiarizado con este libro que él pueda encontrar inmediatamente la historia que se relaciona  con ellos. Algunos de los personajes principales figuran en esta lección:

 

AGOBO   Hechos 11:28; 12:10, 11

Un profeta de Jerusalén. Un hambre que él profetizó ocurrió en el reino de Claudio. También advirtió a Pablo de lo que le pasaría en Jerusalén.

 

AGRIPA   Hechos 25:13-27; 26:1-32

Herodes Agripa II, el último de los Herodes. Pablo predicó al rey Agripa y por poco fue persuadido de ser cristiano.

 

ANANIAS  Hechos 5:1-11

Ananías y su esposa Safira, eran judíos cristianos de Jerusalén. Mintieron al Espíritu Santo y murieron. Esto demuestra que Ananías era hipócrita.

 

ANANIAS  Hechos 9:10-18

Un cristiano judío que vivía en Damasco. Dios le utilizó en imponer las manos sobre Saulo de Tarso. Era indudablemente el que bautizó a Saulo. Era un hombre piadoso de buena fama (Hechos 22:12). Demostró cautela en acercarse al perseguidor, pero obedeció a Dios demostrando dedicación a la voluntad de Dios, también coraje y obediencia.

 

APOLOS   Hechos 18:24-28

Un judío sabio y elocuente de Alejandría. Era discípulo de Juan el Bautista. Demostró humildad al dejar  que Aquila le enseñara. Después, su ministerio tuvo mucho éxito en Corinto y Acaya.

 

AQUILA   Hechos 18:1-3, 18, 19, 26

Un judío cristiano y fabricante de tiendas quien, con su esposa, Priscila, hospedaron a Pablo en Corinto. Acompañó a Pablo a Efeso donde instruyó a Apolos en el evangelio verdadero.

 

BERNABE     Hechos 4:36, 37; 9:27; 11:19-26; 15:1; 2, 12

Un levita de Chipre. Demostró un bello carácter cristiano porque vendió su propiedad; porque ayudó a Pablo trayéndole a Antioquia; porque fue el primer misionero enviado por la iglesia; porque le concedió a Juan Marcos una segunda oportunidad. Toda su vida y su ministerio fue dedicado a la predicación del Evangelio y a animar a otros.

 

BERENICE    Hechos 25:23; 26:30

Hermana de Agripa II. Tenía mala fama y estaba con Agripa cuando Pablo predicó a él.

 

CLAUDIO LISIAS   Hechos 22:24; 23:35

Un oficial romano en Jerusalén que  protegió a Pablo de la multitud judía y le mandó a Cesarea con una escolta de soldados

 

CORNELIO   Hechos 10:1-48

Un piadoso centurión romano en Cesarea. El y sus familiares fueron los primeros gentiles convertidos a Cristo.

 

CRISPO  Hechos 18:8

El principal de la sinagoga en Corinto que fue salvo pro la predicación de Pablo.

 

DEMETRIO  Hechos 19:24-41

Un platero en Éfeso que incitó un alboroto porque la predicación de Pablo dañó el negocio de los plateros.

 

ELIMAS  Hechos 13:6-12

Un judíos, llamado también Barjesús, quien trató de impedir la conversión del procónsul romano en Pafos. Fue afligido con la ceguera por un tiempo.

 

ESCEVA  Hechos 19:14-16

Un sacerdote principal hebreo quien tenía siete hijos que trataron de usar el nombre de Jesús para echar fuera demonios.

 

 

ESTEBAN  Hechos capítulos 6 y 7

La primera mención de este protomártir de la fe cristiana se halla encabezando la lista de los siete que los cristianos de Jerusalén eligieron bajo sugerencia de los apóstoles, para presidir la distribución de las limosnas en la iglesia (Hch. 6:5).

Los helenistas (judíos de la diáspora, de habla griega) se quejaron de injusticias que se cometían con respecto a sus viudas. La elección de Esteban, que tenía un nombre griego, hace suponer que él mismo era helenista, probablemente procedente de fuera de Palestina. Fue de este mismo medio helenista que se suscitó la persecución (Hch. 6:9).

Esteban era un hombre destacado, lleno de fe y del Espíritu Santo (Hch. 6:5); predicaba el camino, y llevaba a cabo grandes milagros (Hch. 6:8). En vista de su actividad, los judíos de la dispersión, que tenían sinagogas en Jerusalén, empezaron a oponerse a la iglesia. Los primeros perseguidores fueron los de la sinagoga de los Libertos y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia, y de Asia Menor (Hch. 6:9). Acusaron a Esteban de haber blasfemado contra Moisés y contra Dios, afirmando que Jesús destruiría el Templo y que cambiaría las costumbres que venían de Moisés (Hch. 6:11-14). Lucas declara que se presentaron falsos testimonios contra Esteban, como había sucedido con Cristo. Esteban, presentado ante el sanedrín, pronunció el discurso recogido en Hch. 7:2-53. Para mostrarles con claridad que Dios había dirigido a Israel hacia una meta precisa, Esteban les recordó que Dios había elegido a los patriarcas (Hch. 7:2-22). Después les expuso cómo en la época de Moisés, y posteriormente, los israelitas se opusieron sin cesar a los designios de Dios (Hch. 7:23-43), y cómo no supieron discernir el carácter temporal y simbólico del Tabernáculo ni del Templo (Hch. 7:44-50). Al llegar a este punto del discurso, censuró a sus oyentes, acusándolos de resistir al Espíritu Santo como lo habían hecho sus padres, y de no haber observado la Ley (Hch. 7:51-53). En este momento, los judíos, rechinando los dientes, estaban dispuestos a lanzarse contra él; Esteban vio a Jesús de pie a la diestra de Dios, como listo para recibir a su testigo. Ante esta revelación de Esteban, los judíos se apoderaron de él, lo sacaron a las afueras de la ciudad, y lo apedrearon. La ley romana prohibía la ejecución de quien fuera sin antes haber visto la causa la autoridad romana. La muerte de Esteban fue un linchamiento debido al fanatismo de sus adversarios.

Pedro demuestra que el cristianismo es el cumplimiento de las profecías. Esteban expone que la historia de Israel desembocaba en el nuevo pacto. En su declaración de que el judaísmo no puede limitar al cristianismo, Esteban no revela el aspecto universal del Evangelio. Tampoco da ninguna indicación acerca de la doctrina de la Iglesia. Estas cuestiones serían reveladas por medio de Pablo. La persecución que siguió al martirio de Esteban dispersó a los cristianos. Como consecuencia, se evangelizó a los samaritanos y, posteriormente, a los gentiles.

Las últimas palabras del diácono, cuyo rostro se parecía al de un ángel (Hch. 6:15), fueron una oración en favor de sus perseguidores: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado» (Hch. 7:60).

Saulo de Tarso había dado su aprobación a la muerte de Esteban, y guardó las ropas de sus verdugos (Hch. 7:58; 8:1).

En vista de una muerte tan triunfal, se suscita la reflexión de si uno de los «aguijones» que Jesús mencionó a Saulo en el camino de Damasco no había sido este mismo hecho (Hch. 9:5). La muerte de Esteban fue un aparente fracaso. Pero, si su muerte había sido un medio para empezar a tocar la conciencia de Saulo, ¿no fue en realidad una gran victoria?

 

FELIPE  Hechos 6:5;  8:4-8,  26-39;  21:8, 9

Fue uno de los primeros diáconos y llegó a ser un evangelista poderoso. Fue el primero que predicó el Evangelio en Samaria. Bautizó al eunuco y fue a Cesárea. Tenía cuatro hijas que tenían el don de profecía.

El evangelista. Uno de los siete varones de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, elegidos para administrar el socorro a las viudas judías de habla griega y a los pobres de la iglesia de Jerusalén. El nombre de Felipe se halla a continuación del de Esteban (Hch. 6:3-6), la muerte del cual fue la señal de partida de las persecuciones que dispersaron a los cristianos. Felipe evangelizó Samaria, efectuando milagros, logrando la conversión de muchos (Hch. 8:4-8; 21:8), y confundiendo a Simón el Mago (Hch. 8:9-25). Un ángel ordenó a Felipe que siguiera el camino que llevaba de Jerusalén a Gaza. Obedeciendo, encontró al eunuco etíope, hablándole de Cristo y bautizándole (Hch. 8:26-39). A continuación, Felipe evangelizó Azoto (Asdod) y las ciudades de la región, hasta Cesarea (Hch. 8:40), donde moraba cuando Pablo pasó por allí para ir a Jerusalén por última vez. El evangelista tenía cuatro hijas vírgenes que profetizaban (Hch. 21:8, 9).

 

 

FELIX  Hechos 24:24-27

Un gobernador de Judea. Se casó con Drusila, judía. Tembló a causa de la predicación de Pablo. Demostró su debilidad de carácter porque quería agradar a los judíos y quería recibir dinero de sobornos. Dejó a Pablo en prisión.

Uno de los libertos del emperador Claudio, y por él designado para ser procurador o gobernador de Judea, 51 d.C. Cuando Pablo fue enviado como preso a Cesarea, compareció ante Félix, y otra vez ante él y su esposa Drusila; al razonar Pablo acerca de la justicia, templanza y el juicio venidero, Félix tembló. Mostró un espíritu mezquino e injusto al mantener a Pablo preso durante dos años en la esperanza de que podría ser sobornado para darle la libertad, y al dejarlo preso para complacer a los judíos (Hch. 23:24, 26; 24:3-27; 25:14).

Tácito dice que Félix gobernó la provincia de una manera mezquina y cruel (Anales 12:54; Historias, 5:9). El país estaba lleno de conspiraciones, y Josefo habla de varios «falsos mesías» que recibieron la muerte.

Finalmente, fue acusado ante Nerón por los judíos, y tan sólo escapó al castigo por intercesión de su hermano Pallas (Ant. 20:7; 8:1-9).

Fue sustituido por Porcio Festo el año 60 d.C.

 

FESTO   Hechos capítulos 25 y 26

El sucesor de Félix. Escuchó la defensa de Pablo y fue convencido se su inocencia.

Procurador de Judea, designado por Nerón como sucesor de Félix en el año 60 d.C.

Informado Festo por los judíos en contra de Pablo, no queriendo desairarlos del todo, pidió a Pablo su consentimiento para ser llevado a juicio a Jerusalén. Éste, sabedor de las intenciones de los judíos de darle muerte, apeló a César como ciudadano romano (Hch. 25, 26).

Josefo, en su relato acerca de Festo, explica que tenía un carácter noble.

 

GALION procónsul de Corinto    Hechos 18:12-17

La predicación de Pablo durante su larga estadía en Corinto llegó a provocar conflictos con los judíos: “Se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios. Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal” (Hechos 18:11-12).

 

Aquí Lucas menciona a otro gobernador romano. ¿Se han encontrado pruebas que corroboren la existencia de Galión?

 

De hecho, Galión fue un personaje prominente en la historia romana. Era hermano del gran escritor estoico Séneca, tutor del emperador Nerón. Galión provenía de una ilustre familia española que se trasladó a Roma. Su verdadero nombre era Marco Anneo Novato, pero fue adoptado por el orador Lucio Junio Galión y más tarde llevó el apellido de su padre adoptivo. Su hermano Séneca, que lo menciona en sus escritos, dice: “Ningún mortal es tan agradable con otra persona como lo es Galión con todos”.

 

Es de notarse que Lucas también describe esa misma personalidad estable y afable de Galión. Cuando los adversarios de Pablo inventaron falsos cargos en su contra, Galión rechazó su petición y se negó a tomar cartas en el asunto por considerar que no se trataba de una infracción de la ley romana. Además, permitió que una turba golpeara al principal de la sinagoga (Hechos 18:14-17). El hecho de que el procónsul se negara a emitir un juicio contra Pablo estableció un importante precedente legal por todo el Imperio Romano en lo que se refería a la misión del apóstol y a la religión cristiana.

 

Un comentario señala: “Si Galión hubiera aceptado las acusaciones judías y hubiese declarado que Pablo era culpable de esos cargos, todos los demás gobernadores provinciales habrían tenido un precedente y el ministerio de Pablo habría sido duramente restringido. El hecho de que Galión se hubiera negado a intervenir en el asunto era equivalente a reconocer el cristianismo como una religio lícita [una religión autorizada]; y la decisión de un eminente procónsul tendría bastante influencia cuando el asunto surgiera de nuevo, y haría vacilar a los que quisieran oponerse al movimiento cristiano. . .

 

Gracias en gran parte a la decisión de Galión, durante el siguiente decenio el mensaje cristiano fue proclamado en las provincias del imperio sin temor de entrar en conflicto con la ley romana” (The Expositor’s Bible Commentary [“Comentario bíblico para el expositor”], 1981, 9:486).

 

Hay que tener en cuenta, además, que se han encontrado pruebas arqueológicas que confirman que Galión fue el procónsul de Acaya, tal como lo escribió Lucas.

 

Según el profesor McRay: “En Delfos, unos arqueólogos encontraron un bloque

de piedra que probablemente era parte de una pared exterior del templo de Apolo.

 

En él está inscrito el texto de una carta que Claudio escribió a la ciudad de Delfos, en la cual él menciona a Galión como amigo suyo y procónsul de Acaya” (McRay, op. cit., p. 226).

 

¿Qué le sucedió a Galión después de su encuentro con Pablo? Lamentablemente, poco después murió Claudio (en el año 54) y Nerón llegó al trono. Al principio, Nerón gobernó sabiamente bajo la tutela de Séneca, hermano de Galión.

 

Pero después de cinco años, cambió por completo su manera de ser y se  entregó a las pasiones y codicias. Expulsó a su mentor de su vista. Con el tiempo, la perversión de Nerón lo llevó a la locura, y sintiéndose atormentado por la presencia y la integridad de Séneca y Galión, los ejecutó en el año 65.

 

F.F. Bruce escribe sobre Galión: “Se fue de Acaya debido a una fiebre y tomóun viaje por mar para recuperar su salud (Séneca, Epístolas Morales, 14.1). . .  En el año 65, junto con Séneca y otros miembros de su familia, fue víctima de las sospechas de Nerón” (The International Commentary of the New Testament [“Comentario internacional del Nuevo Testamento”], 1974, “Hechos”, p. 374).

 

Así era la vida en la antigua Roma. Durante ese mismo período Nerón inició su terrible masacre de los cristianos en Roma al acusarlos falsamente de haber incendiado la ciudad, hecho del cual los historiadores en general culpan al mismo Nerón.

 

GAMALIEL    Hechos 5:34-39

Durante los días y semanas posteriores al sermón de Pedro, los apóstoles encararon una violenta oposición que desembocó en su encarcelamiento. Las autoridades judías querían ejecutarlos, pero uno de los principales dirigentes religiosos los defendió: “Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles, y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres . . . Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad” (Hechos 5:34-40).

 

Gamaliel, quien se opuso a la ejecución de los apóstoles, fue maestro de Pablo (Hechos 22:3). También era nieto de Hillel, fundador de la escuela dominante de los fariseos, una de las ramas principales del judaísmo.

 

Los hallazgos arqueológicos han confirmado el nombre de familia de Gamaliel. En una tumba encontrada en las catacumbas de Bet-Shearim, cerca del mar de Galilea, en la sección llamada la Tumba de los Patriarcas, una de las sepulturas tiene una inscripción en hebreo y griego que dice: “Esta [tumba] es la del rabino Gamaliel”. El Gamaliel mencionado en la Biblia fue el primero de una ilustre familia rabínica que tuvo ese nombre. Esta tumba parece ser de uno de sus descendientes.

 

El historiador Josefo y algunas obras talmúdicas también mencionan a Gamaliel como un hombre manso y brillante. William Barclay agrega: “Fue un hombre bondadoso que tenía mucha más tolerancia que sus colegas. Fue uno de los pocos a quienes se les había otorgado el título ‘rabán’[gran rabino]. La gente lo llamaba ‘la hermosura de la ley’. Cuando murió, dijeron: ‘Desde que falleció el rabán Gamaliel no ha habido más reverencia hacia la ley . . .’” (The Daily Study Bible Commentary [“Comentario bíblico de estudio diario”]. Así podemos comprobar que otro personaje bíblico ha sido confirmado por fuentes no bíblicas.

 

JACOBO    Hechos 12:2

Uno de los doce Apóstoles y hermano del Apóstol Juan. Fue el primer apóstol materializado en la persecución pro Herodes.

 

JACOBO    Hechos 15:13

Hijo de María y José, hermanastro de Jesús. Llegó a ser el obispo de Jerusalén y presidió el primer concilio de la iglesia. Escribió la epístola de Santiago.

 

JASON   Hechos 17:5-9

Cristiano, pariente de Pablo (Ro. 16:21). Posiblemente sea el mismo que, viviendo en Tesalónica, alojó a Pablo y a Silas en su casa al pasar ellos por aquella ciudad. Los judíos adversarios y cómplices suyos llevaron a Jasón y a otros creyentes ante los magistrados, por haber ofrecido hospitalidad a extranjeros indeseables. Jasón y los demás sólo fueron liberados después de haber pagado una fianza (Hch. 17:5-9).

 

 

JULIO   Hechos 27:1, 42, 43

Centurión de la cohorte Augusta, encargado de un convoy de presos a Roma entre los cuales iba Pablo (Hch. 27:1, 8, 28).

Tuvo consideraciones especiales con Pablo, y el trato privilegiado que éste recibió en Roma al principio se debió, sin duda, al informe favorable rendido por él.

 

 

JUSTO  Hechos 1:23

Llamado también Barrabás. Uno de los hombres considerados para tomar el lugar de Judas Iscariote.

 

LUCAS (gr. del NT «Loukas», prob. un diminutivo de lat. «Lucanus» o «Lucius»).   Hechos 16:10

Médico y evangelista, amigo y compañero del apóstol Pablo; une sus saludos a los del apóstol en las epístolas escritas desde Roma a la iglesia en Colosas (Col. 4:14) y a Filemón (Filemon 24).

 

San Lucas nació en Antioquía que se encuentra en sur de Turquía, durante el siglo primero de nuestra era. De ascendencia griega, poseía una gran cultura, era médico de profesión y gran conocedor de las costumbres judías. Se le ha considerado siempre como escritor de gran talento y meticuloso historiador. Es autor del tercer Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles, en los que describe los orígenes del Cristianismo. Como escritor resulta muy agradable y fácil de leer, y su estilo es el más hermoso del Nuevo Testamento. Sin duda, su Evangelio es el de prosa más bella: son 1.200 renglones escritos en excelente estilo literario.

El historiador Eusebio, destaca: “los relaciones con todos los apóstoles y era muy solícito”. De esta sensibilidad y disponibilidad suyas hacia el prójimo, nos da testimonio el mismo San Pablo, unido a él por una gran amistad.

En su Epístola a los Colosenses, leemos: “Os saluda Lucas, médico muy amado”. Probablemente cuidaba de la quebrantada salud del gran apóstol, ya que le acompañó en sus cuatro famosos viajes. En su evangelio demuestra una gran estima por la mujer. También ha recibido el nombre de “evangelio de abajo”, porque en él, Jesús es representado en compañía de los pequeños,d e los enfermos, de los pobres y de los pecadores arrepentidos.

Una de las actividades más desconocidas, pero no por ello menos importante en la biografía de San Lucas, es su ejercicio profesional como físico (como se llamaba entonces al médico), que a lo largo de la historia del Cristianismo ha quedado semioculta en un segundo o tercer plano del desarrollo de su personalidad, del que se han destacado fundamentalmente sus facetas de escritor evangelista y pintor.

 

Realizó sus estudios relacionados con las ciencias médicas durante su juventud, ampliando y especializando sus conocimientos merced a sus viajes por Grecia y Egipto, las zonas de mayor nivel científico de su época, que contaban con una tradición secular en este campo de la medicina.

 

San Jerónimo asegura que Lucas era muy competente en su profesión, lo que hace suponer que dedicó mucho tiempo al estudio. Su formación cultural y humanística se refleja en el estilo de sus libros, y así su Evangelio está escrito en un griego sencillo, limpio y bello, rico en términos ausentes en los restantes Evangelios.

 

Pablo, dirigiéndose a los colosenses, designa a Lucas como «el médico amado»; en la carta a Filemón pone su nombre entre los de sus «colaboradores».

Lucas volvió a estar con Pablo en Roma cuando escribió la Segunda Epístola a Timoteo; en ella Pablo rinde un emocionante testimonio: «Sólo Lucas está conmigo» (2 Ti. 4:11).

El NT sólo menciona el nombre de Lucas en estos tres pasajes. Hay la cuestión de quién fuera el Lucio de Hch. 13:1 y de Ro. 16:21.

El autor del tercer Evangelio y de los Hechos. Ya desde el siglo II la tradición atribuye estas dos obras a Lucas, de las que es indiscutiblemente el autor (Hch. 1:1). En Hechos se nos revela que

 

Lucas participó al menos en parte de los últimos viajes de Pablo, por cuanto emplea la segunda persona en plural, «nosotros», etc. (Hch. 16:10-17; 20:5-21:18; 27:1-28:16). Estos pasajes muestran que Lucas acompañó a Pablo en su viaje a Troas durante el segundo viaje misionero, y que lo acompañó a Filipos. Después de partir para el tercer viaje, Lucas se reunió con Pablo en Filipos y los siguió a Jerusalén. Durante los dos años de encarcelamiento de Pablo en Cesarea es posible que Lucas se quedara en Palestina, porque se embarcó con Pablo desde Cesarea rumbo a Roma cuando el apóstol era enviado a presentar su causa ante César. El apóstol establece una distinción entre sus compañeros surgidos del judaísmo y Lucas (Col. 4:11; cfr. v. 14), que provenía de la gentilidad.

 

Una tradición muy antigua y plausible lo hace originario de Antioquía de Turquía. En todo caso, Lucas conocía a fondo la iglesia de Antioquía, y se interesaba en ella de manera particular (Hch. 6:5; 11:19-27; 13:1-3; 14:26-28; 15:1-2, 30-40; 18:22, 23).

 

 

LIDIA    Hechos 16:14, 15

Una señora de Tiatira que vivía en Filipos. Vendía cosas de púrpura de Tiatira. Fue la primera persona europea convertida a Cristo y dio hospedaje a Pablo en su casa.

 

 

MARCOS   Hechos 13:5, 13; 15:37-39

Juan Marcos era el hijo de María, la hermana de Bernabé. Acompañó a los Apóstoles en el primer viaje misionero pero les abandonó en Perga.  Más tarde Bernabé se separó de Pablo para dar a Marcos otra oportunidad de probar su mérito. Marcos llegó  a ser un ministro de provecho y escribió el segundo Evangelio.

 

MARIA   Hechos 12:12

La madre de Marcos. Los cristianos se reunieron para orar en su casa durante el encarcelamiento de Pedro. Se cree que su casa era uno de los sitios donde se reunieron los cristianos primitivos. Aparentemente era una señora adinerada.

 

MATIAS  Hechos 1:21:26

Fue elegido para ocupar el lugar de Judas como uno de los doce Apóstoles.

 

PABLO DE TARSO  Hechos 7:58;  8:1;   capítulos 9 al 28 (gr. «Paulos», lat. «Paulus», «pequeño»). El apóstol de los gentiles.

Origen y familia.

Su nombre judío era Saulo (heb. «Shã'ûl», gr. «Saulos»). A partir de la conversión de Sergio Paulo, procónsul de Chipre, Saulo recibe en Hechos el nombre de Pablo («Paulos»; Hch. 13:9).

 

Era miembro de la tribu de Benjamín (Fil. 3:5). No se conoce con certeza la razón de que su familia se estableciera en Tarso. Una tradición muy antigua informa que salieron de Gischala, en Galilea, cuando los romanos se apoderaron de esta ciudad. Es posible también que la familia emigrara voluntariamente, por necesidades de la profesión de comercio, como era el caso con muchas otras familias judías.

 

Los parientes de Pablo parecen haber sido numerosos e influyentes. En Ro. 16:7, 11, Pablo hace saludar a tres de sus parientes: dice de Andrónico y de Junias que son muy estimados entre los apóstoles y que fueron antes que él en Cristo. En Hch. 23:16 se nos informa que el hijo de la hermana de Pablo (que parece que residía en Jerusalén, posiblemente con su madre), denunció ante el tribuno el complot tramado contra su tío. Este episodio permite suponer que el joven estaba emparentado con alguna de las familias implicadas.

 

Pablo era miembro del sanedrín (Hch. 26:10), y el sumo sacerdote le encomendó la misión de que persiguiera a los cristianos (Hch. 9:1, 2; 22:5). Las mismas palabras del apóstol (Fil. 3:4-7) prueban que, siendo un personaje importante, y teniendo en el comienzo mismo de su carrera la perspectiva de honores y fortuna, muestra que pertenecía a una familia conocida, influyente y distinguida.

 

Criado en la obediencia a la Ley y en la piedad judía tradicional, por cuanto su padre era un fariseo estricto (Hch. 23:6), Pablo poseía también, por nacimiento, la ciudadanía romana. No se sabe en virtud de qué fue concedido este derecho a uno de sus ascendientes, probablemente como recompensa por servicios prestados al Estado. Es posible que ello dé explicación del nombre latino de Pablo. En todo caso, su condición de ciudadano romano le fue de utilidad en su apostolado y le salvó la vida en más de una ocasión.

 

Formación moral e intelectual.

Tarso, una de las capitales intelectuales de la época, era un foco de cultura griega. Estaba entonces de moda el estoicismo. Sin embargo, es muy poco probable que Pablo acudiera a escuelas griegas; sus padres, austeros judíos, lo enviaron de joven a estudiar en Jerusalén. Los jóvenes judíos aprendían una profesión, y Saulo hizo el aprendizaje de fabricación de tiendas (Hch. 18:3). Dice él (Hch. 22:3) que había sido criado en Jerusalén, a donde tuvo que llegar muy joven. La educación recibida lo arraigó profundamente en las tradiciones del fariseísmo. Fue instruido en el conocimiento preciso de la ley de sus padres (cfr. Hch. 22:3). Su maestro fue uno de los más célebres rabinos de su época, Gamaliel. A sus pies, el joven Saulo no estudió solamente el AT, sino también las sutilezas de las interpretaciones rabínicas. Se lanzó ardorosamente dentro del seno del judaísmo, animado de un excesivo celo por las tradiciones de sus padres (Gá. 1:14). Versado en la religión y en la cultura judías, sumamente dotado, miembro de una familia distinguida, el ferviente joven fariseo estaba preparado para grandes logros en el seno de su pueblo.

 

Saulo el perseguidor.

Los que lapidaron a Esteban encargaron al joven Saulo que guardara sus ropas (Hch. 7:58). Si el papel de Saulo no tuvo un carácter oficial, el relato implica, no obstante, que el joven participó en el deliberado propósito de llevar a cabo aquella muerte (Hch. 8:1). Saulo fue seguramente uno de los judíos helenistas mencionados en Hch. 6:9-14 como instigadores del martirio.

Es evidente que Pablo ya aborrecía entonces a los adeptos de aquella nueva secta, menospreciando a su Mesías, y que los estimaba peligrosos tanto sobre el plano político como sobre el religioso. Lleno de un fanatismo firme y acerbo, estaba dispuesto a llevarlos a todos a la muerte. Acto seguido después de la muerte de Esteban, Saulo organizó la persecución contra los cristianos (Hch. 8:3; 22:4; 26:10, 11; 1 Co. 15:9; Gá. 1:13; Fil. 3; 1 Ti. 1:13). Su conciencia ofuscada lo llevó a actuar con el encarnizamiento de un inquisidor. No contento con actuar en Jerusalén, pidió cartas del sumo sacerdote para las sinagogas de Damasco, a fin de llevar presos a Jerusalén a los cristianos de origen judío, a los que quería llevar cargados de cadenas (Hch. 9:1, 2).

 

Los judíos tenían una gran autonomía en sus asuntos internos, con la autorización de los romanos. En Damasco, que estaba bajo el control de Aretas, rey de los nabateos, el gobernador era particularmente favorable hacia los judíos (Hch. 9:23, 24; 2 Co. 11:32); así, es totalmente plausible la intervención de Pablo en esta ciudad. El testimonio formal de Lucas, corroborado por el propio Pablo, revela que éste, hasta el mismo momento de su conversión, aborrecía a los cristianos, y creía estar sirviendo a Dios al perseguirlos.

 

La repentina conversión de Saulo en el camino de Damasco (Hch. 9:1-19).

El perseguidor y sus compañeros siguieron, probablemente a caballo, el camino que iba de Galilea a Damasco, a través de regiones desérticas. Hacia el mediodía llegarían a las bellas campiñas irrigadas que rodeaban Damasco; el sol estaba en su cenit (Hch. 26:13). Repentinamente apareció en el cielo una luz fulgurante, empalideciendo la del sol, y los viajeros cayendo al suelo (Hch. 26:14). Pablo se quedó postrado, al parecer, en tanto que sus compañeros se levantaban (Hch. 9:7).

Una voz saliendo del resplandor dijo en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón» (Hch. 26:14). Saulo le dijo: «¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hch. 26:15). «Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer» (Hch. 9:6; 22:10). Los compañeros de Pablo oyeron algo (Hch. 9:7), pero sólo él entendió lo que la voz decía (Hch. 22:9).

La luz dejó ciego a Pablo. Así, entró en Damasco conducido por la mano, y fue llevado a la casa de un cierto Judas (Hch. 9:11), donde estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Estuvo orando (Hch. 9:9, 11), tratando de comprender el significado de lo que le había sucedido. Al tercer día, el Señor ordenó a Ananías, cristiano de origen judío, que se dirigiera a Pablo y que le impusiera las manos para que recobrara la vista.

 Ananías dudaba, porque temía al perseguidor. El Señor le dio seguridades, revelándole que Pablo había sido advertido por una visión, y Ananías obedeció. Saulo confesó su fe en el Señor Jesús, recobrando la vista y recibiendo el bautismo. Con su energía característica, y para confusión de los judíos, se puso de inmediato a proclamar en las sinagogas que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios (Hch. 9:10-22).

 

En Hechos se dan tres relatos de esta conversión: el relato de Lucas (Hch. 9:3-22); el de Pablo a los judíos (Hch. 22:1-16), y por último su testimonio ante Festo y Agripa (Hch. 26:1-20). Los tres registros concuerdan entre sí, aunque cada uno de ellos remarca unos detalles que no aparecen en los otros. El narrador tiene en cada caso un propósito diferente. En las epístolas, Pablo hace frecuente alusión a su conversión, que él atribuye a la gracia y al poder de Dios (1 Co. 9:1, 16; 15:8-10; Gá. 1:12-16; Ef. 3:1-8; Fil. 3:5-7; 1 Ti. 1:12-16; 2 Ti. 1:9-11). Así, los testimonios más convincentes dan prueba de esta conversión.

 

 Así, es cierto que no sólo se dignó Jesús dirigir la palabra a Saulo, sino que se le apareció (Hch. 9:17, 27; 22:14; 26:16; 1 Co. 9:1). La forma de Su aparición no nos ha sido descrita, pero es evidente que fue gloriosa: el fariseo se dio cuenta de que el Crucificado era el Hijo de Dios. Habla de la «visión celestial» (Hch. 26:19), expresión esta que se menciona sólo en Lc. 1:22 y 24:23; y que describe una manifestación angélica y sobrenatural.

 

Tampoco fue la sola aparición de Cristo lo que provocó su conversión. Ésta se produjo evidentemente gracias a la obra del Espíritu en el corazón de Saulo, hecho por ello capaz de comprender y aceptar la verdad, que le había sido revelada (cfr. en particular Gá. 1:15 ss.).

En fin, Dios se sirvió de Ananías para poner al nuevo convertido en relación con la naciente iglesia.

Las diversas teorías racionalistas que intentan explicar la conversión de Saulo sin tener en cuenta la intervención personal y sobrenatural de Cristo, esquivan el testimonio del apóstol. Él declara que, hasta el momento mismo de su conversión, consideraba que era su deber perseguir a los cristianos para ser leal al judaísmo. Él afirma que su conversión se debió al poder y a la gracia soberana de Dios, que, sin saberlo el mismo Saulo, lo había preparado para su tarea futura.

 

Su condición de ciudadano romano, la educación rabínica que había recibido, y sus dotes intelectuales, hacían de él un instrumento calificado. Se cree, con razón, que Saulo, a pesar de su celo, no había hallado en el judaísmo la paz que su alma necesitaba (Ro. 7:7-25). Lo repentino de su conversión debió hacerle consciente de que la salvación se debe totalmente a la gracia de Dios manifestada en Cristo. Su misma experiencia religiosa contribuyó a hacer de él el gran intérprete del Evangelio, a proclamar que sólo por la fe personal en la obra expiatoria de Cristo justifica Dios al pecador.

 

Inicio de su vida cristiana.

Desde su conversión, Saulo empezó a anunciar el Evangelio. Su carácter enérgico le llevaba a ello, así como la revelación de los propósitos de Dios, que lo llamaba al apostolado (Hch. 9:15; 26:16-20; Gá. 1:15, 16). Predicó a Cristo en las sinagogas de Damasco (Hch. 9:20-22). Los judíos de la ciudad, apoyados por el gobernador, decidieron eliminar a Saulo (2 Co. 11:32). Los discípulos le salvaron la vida bajándolo de noche por el muro dentro de una canasta (Hch. 9:23-25; 2 Co. 11:33).

En lugar de volver a Jerusalén, se dirigió a Arabia, y volvió después a Damasco (Gá. 1:17). Se desconoce el lugar de Arabia en el que estuvo Pablo, o el tiempo que se quedó, o lo que hiciera allí; lo probable es que se diera a la meditación y a la oración en soledad. Tres años después de su conversión fue de Damasco a Jerusalén para conocer a Pedro (cfr. Gá. 1:18). Estuvo solamente quince días en Jerusalén, y no vio a ningún otro apóstol, excepto a Jacobo, el hermano del Señor (Gá. 1:19). Lucas ofrece algunos detalles suplementarios (Hch. 9:26-29).

 

Los cristianos de Jerusalén tenían miedo de Pablo, y no creían que se hubiera convertido en discípulo de Cristo. Pero Bernabé, con la generosidad que le caracterizaba, presentó a Pablo a los apóstoles, y les relató su conversión y los sufrimientos que había tenido que sufrir a causa de su cambio radical. El antiguo perseguidor anunciaba enérgicamente el Evangelio y quería convencer a los judíos helenistas, sus amigos de otros días (Hch. 9:26-29), que intentaron darle muerte. Por esta razón, los discípulos enviaron a Pablo a Cesarea, desde donde se dirigió a Tarso (Hch. 9:29, 30; Gá. 1:21). El Señor se le apareció en el Templo, en Jerusalén, y le reveló que su apostolado iba a tener lugar entre los paganos (Hch. 22:17-21).

 

Hay exegetas que han pretendido que los pasajes de Hechos que relatan esta visita a Jerusalén no concuerdan con los de la Epístola a los Gálatas. Sin embargo, es fácil ver la armonía de ambos relatos. Es muy probable que Saulo, queriendo trabajar de acuerdo con los doce, quiso visitar a Pedro, que tenía un lugar prominente.

 

La desconfianza de los cristianos de Jerusalén con respecto al antiguo fariseo era bien natural; y el gesto de Bernabé, judío helenista como Pablo, está muy de acuerdo con su actitud posterior. Por otra parte, dos semanas transcurridas en Jerusalén fueron suficientes para el desarrollo de los hechos relatados en Hechos. La orden de partir que le dio el Señor a Saulo confirma la brevedad de esta visita (Hch. 22:18).

El pasaje de Lucas, mencionando que Bernabé «lo trajo a los apóstoles», no contradice en absoluto la afirmación de Gá. 1:18, 19, según la cual Saulo sólo vio a Pedro y a Santiago. Estas dos personas (el segundo recibe asimismo el nombre de «columna» Gá. 2:9) representaban en esta ocasión a todo el cuerpo apostólico. Éste es el significado de la afirmación de Lucas en Hechos.

En todo caso, Saulo y los dirigentes de la iglesia en Jerusalén comprendieron entonces con claridad que Cristo destinaba al nuevo discípulo a ser el apóstol de los gentiles. No parece que en este momento nadie se preocupara de la actitud que tomarían los convertidos provenientes del paganismo hacia la Ley de Moisés. Ni tampoco nadie podía suponer la importancia que tendría la misión de Pablo, pero reconocieron el mandato que le había sido dado. Conscientes de que su vida peligraba, los enviaron a Tarso (Hch. 9:30).

 

Saulo en Tarso y en Antioquía de Siria.

Son escasos los datos acerca del comienzo de este período. Es probable que la estancia de Saulo en Tarso durara de 6 a 7 años. Es indudable que el nuevo testigo llevó a cabo una obra misionera y que fundara las iglesias de Cilicia, mencionadas de manera incidental en Hch. 15:41.

En Tarso seguramente se encontró frente a diversas corrientes intelectuales; ya se ha mencionado que la ciudad era un foco de la filosofía estoica. El encuentro del apóstol con los epicúreos y los estoicos en Atenas da evidencia de que conocía bien los sistemas de ambos (Hch. 17:18-19).

 

Anunciando el evangelio en Tarso, es indudable que Pablo se atendría a lo que el Señor le había mostrado acerca del carácter de su ministerio. Algunos cristianos de origen judío-helenista, que habían sido ahuyentados de Jerusalén por la persecución que siguió al martirio de Esteban, llegaron a Antioquía de Siria (hoy Turquía), sobre el Orontes, al norte del Líbano. El gobernador romano de la provincia de Siria vivía entonces en esta ciudad, que había sido anteriormente la capital del reino de Siria.

 

Antioquía contaba con más de medio millón de habitantes. Una de las principales ciudades del imperio, y centro comercial con una población muy mezclada, ejercía una poderosa influencia. Cerca de Palestina, y a las puertas del Asia Menor (Turquía), y manteniendo relaciones comerciales y políticas con todo el resto del imperio, esta ciudad constituía una base desde donde la nueva fe, destinada a separarse del judaísmo, debía partir hacia todo el mundo.

 

Los cristianos refugiados en Antioquía anunciaron el Evangelio «a los griegos» (Hch. 11:20). Hubo numerosas conversiones. Y así es como nació, en la metrópolis de Turquía, una iglesia de cristianos salidos del paganismo. Cuando la iglesia en Jerusalén lo supo, enviaron a Bernabé a Antioquía. Con una hermosa grandeza de visión, se dio cuenta de que el Señor estaba otorgando Su bendición a la iglesia en Antioquía, aunque sus miembros no estuvieran circuncidados.

 

Después, discerniendo indudablemente que el propósito de Dios era que Pablo fuera a Antioquía, fue a Tarso a buscar al antiguo perseguidor, y lo llevó a la capital, donde trabajó un año con él (Hch. 11:21-26). Es en Antioquía donde los discípulos recibieron por vez primera el nombre de «cristianos», lo que demuestra el carácter no judío de esta comunidad. La aparición de una comunidad compuesta de cristianos surgidos del paganismo marca una gran etapa en la historia de la Iglesia. Éste sería el punto de partida de las misiones de Pablo al mundo pagano.

 

Un profeta de Jerusalén, Agabo, predijo a la asamblea que habría un período de hambre (Hch. 11:27, 28). Los hermanos de Antioquía decidieron ayudar a los cristianos de Judea. Este testimonio de solidaridad demuestra que estos gentiles se sentían obligados hacia los que les habían transmitido la nueva fe. Su gesto revela asimismo que el Evangelio destruyó ya en su comienzo las barreras de razas y de clases.

 

Bernabé y Saulo llevaron a los ancianos de la iglesia en Jerusalén los dones de los cristianos de Antioquía para los de Judea (Hch. 11:29, 30). Esta visita de Saulo a Jerusalén se sitúa probablemente alrededor del año 44 d.C., o algo después. La carta a los gálatas no la menciona, indudablemente porque Pablo no se encontró entonces con ninguno de los apóstoles. Hay exegetas que han tratado de identificar esta visita con la referida en Gá. 2:1-10, pero es evidente que este pasaje de Gálatas se refiere a otro viaje, posterior a la discusión acerca de la circuncisión de los gentiles. Y Lucas sitúa el inicio de esta controversia (Hch. 15:1, 2) en una época posterior al año 44. Pablo, escribiendo a los gálatas, sumaria las ocasiones en las que presentó su evangelio ante los apóstoles que habían sido antes que él, y que lo aprobaron. Según Lucas (Hch. 11:30), Pablo sólo se encontró en esta ocasión con los ancianos de la iglesia de Jerusalén, y se limitó a entregarles los fondos. El argumento de Pablo en Gá. 2:1-10 no exige la mención de una simple visita de caridad. Él y Bernabé se volvieron a Antioquía junto con Juan, de sobrenombre Marcos (Hch. 12:25).

 

Primer viaje misionero de Pablo.

El Espíritu Santo reveló a los profetas de la iglesia en Antioquía que Pablo debía emprender un apostolado itinerante (Hch. 13:1-3); les ordenó asimismo que pusieran aparte a Bernabé y a Pablo para la obra a la que Dios los había llamado.

Se desconoce la fecha precisa de este viaje, aunque es situado entre los años 45 y 50 d.C.; es posible que tuviera lugar entre el 46 y el 48. Tampoco se sabe cuánto tiempo duró. Bernabé, que era mayor, dirigía la misión, pero Pablo, más elocuente, se destacó pronto; Juan Marcos los acompañaba. El pequeño grupo se dirigió de Antioquía a Seleucia, en la desembocadura del Orontes. De allí se embarcaron hacia Chipre, país de origen de Bernabé.

Los tres misioneros desembarcaron en Salamina, sobre la costa oriental de Chipre, y empezaron a predicar el Evangelio en las sinagogas. Así atravesaron toda la isla, llegando al puerto de Pafos, en el suroeste. Sergio Paulo, el procónsul romano, residía en esta ciudad; interesándose en conocer el Evangelio, intentó oponerse a ello un falso profeta judío, Bar-jesús, que tenía por sobrenombre Elimas (el mago), que gozaba del favor del procónsul. La vehemencia de su oposición a la Palabra de Dios indignó a Pablo, que apostrofó al mago, anunciándole que el Señor lo heriría de ceguera. Testigo de esta intervención divina, y atento a las enseñanzas de los misioneros, abrazó de corazón la fe cristiana (Hch. 13:6-12).

 

El grupo, dirigido ahora por Pablo (cfr. Hch. 13:13), se embarcó hacia Asia Menor Turquía, llegando a Perge, en Panfilia. Allí es donde Juan-Marcos rehusó proseguir el viaje, volviéndose a Jerusalén. Se desconocen sus motivos. No parece que Pablo y Bernabé se quedaran en Perge; dirigiéndose al norte, entraron en Frigia, llegando a Antioquía de Pisidia, capital de la provincia romana de Galacia. Los misioneros acudieron a la sinagoga, donde los principales les invitaron a hablar. Entonces Pablo pronunció el gran discurso registrado en Hch. 13:16-41. Después de afirmar que Dios había conducido a Israel y que lo había preparado para recibir al Mesías, Pablo recordó el testimonio dado por Juan el Bautista y el rechazamiento de Jesús por parte de las autoridades judías. Dijo el apóstol que Dios había resucitado a Jesús, en quien se cumplían todas las antiguas promesas hechas a Israel, añadiendo que sólo la fe en Jesús justifica al pecador; exhortó a continuación a los judíos a que no asumieran la misma actitud que los príncipes homicidas de Jerusalén. Este discurso suscitó la hostilidad de los notables judíos, pero convenció a muchos de los israelitas piadosos, y especialmente a muchos de los gentiles que habían sentido la influencia del judaísmo. Estos prosélitos permitieron que Pablo hallara en todas partes el nexo entre la sinagoga y el mundo gentil. El sábado siguiente, los misioneros, injuriados, rompieron el contacto con la sinagoga, y se dirigieron directamente a los gentiles.

El Evangelio se expandió por todo el país, pero las autoridades de Antioquía de Pisidia, alertadas por los judíos, expulsaron a Pablo y Bernabé (Hch. 13:50). Se dirigieron entonces a Iconio, ciudad frígica, donde hubo numerosas conversiones de judíos y gentiles (Hch. 13:51-14:1). Los judíos, que mantenían una postura de hostilidad, sublevaron a una parte de la ciudad contra los misioneros, que partieron hacia Listra, y después a Derbe, ciudades importantes de Licaonia (Hch. 14:2-6). En Listra, Pablo curó milagrosamente a un hombre paralítico de nacimiento. La multitud, que creía que se trataba de los dioses Júpiter y Mercurio, les querían ofrecer sacrificios. Bernabé y Pablo se opusieron a ello, y Pablo pronunció su discurso contra la idolatría, resumido en los versículos 15-18. Éste es el segundo de los discursos de Pablo que nos refiere Lucas. La conversión de Timoteo se produjo indudablemente en Listra (cfr. Hch. 16:1; 2 Ti. 1:2; 3:11). Los judíos de Antioquía y de Iconio amotinaron entonces al populacho. Pablo fue lapidado, sacado de la ciudad, y dejado por muerto (Hch. 14:19). Sin embargo, Dios lo reanimó, y se dirigió con Bernabé a Derbe, posiblemente sobre el limite suroriental de la provincia de Galacia (Hch. 14:20).

Al llegar a Cilicia por las montañas, los misioneros hubieran podido dirigirse a Tarso y llegar directamente a Antioquía de Siria, después de haber hecho un itinerario circular. Pero deseaban confirmar las nuevas iglesias antes de volver a Antioquía de Siria. Así, volvieron de Derbe a Listra, a Iconio, a Antioquía de Pisidia, y a Perge, consolidando las iglesias y confirmando los ánimos de los discípulos. Se detuvieron en Perge para predicar, lo que probablemente no habían hecho en su anterior viaje. A continuación descendieron a Atalía, puerto de Perge, y allí embarcaron rumbo a Antioquía de Siria (Hch. 14:21-26). Así finalizó el primer viaje misionero de Pablo, en el que había recorrido los centros inmediatamente al oeste de aquellos en los que el Evangelio estaba ya implantado. El método del apóstol era el de presentar el Evangelio en primer lugar a los judíos, y después a los paganos. Descubrió que el judaísmo había influenciado ya a un gran número de gentiles, y que habían quedado preparados para aceptar el mensaje de Cristo. En este método se daba también la fundación de iglesias en las principales ciudades, a las que era fácil el acceso gracias a las excelentes carreteras que el imperio romano había hecho construir para unir entre sí las diversas guarniciones militares. La lengua griega estaba esparcida por todas partes. Es así que Dios había abierto el camino al heraldo del Evangelio.

 

El conflicto con los cristianos judaizantes: conferencia de Jerusalén.

El éxito de la obra de Pablo entre los gentiles provocó entonces un conflicto en el seno de la Iglesia. Ciertos cristianos de origen judío, todavía aferrados a la Ley de Moisés, fueron de Jerusalén a Antioquía con el fin de anunciar a los convertidos salidos de la gentilidad que la salvación dependía de la circuncisión (Hch. 15:1). Algunos años atrás, Dios se había servido de Pedro para revelar a la Iglesia que no tenían que obligar a los discípulos de origen gentil a observar la Ley mosaica (Hch. 10:1-11:18). Pero los cristianos judaizantes, en su mayor parte fariseos convertidos (Hch. 15:5), no siguieron las instrucciones de Pedro. Cuando la iglesia de Antioquía vio lo que éstos enseñaban, envió a Pablo, Bernabé y a otros hermanos a Jerusalén, a fin de que sometieran la cuestión a los apóstoles y ancianos (Hch. 15; Gá. 2:1-10; estos dos relatos concuerdan totalmente, a pesar de la diferencia de perspectiva entre ambos redactores).

Pablo dice que se puso en marcha después de una revelación directa de Dios (Gá. 2:2). Estaba en juego el porvenir del testimonio cristiano. Triunfaron la fidelidad a la doctrina cristiana y el amor. Pablo y Bernabé expusieron ante la iglesia de Jerusalén la obra que Dios había llevado a cabo por medio de ellos. Los cristianos judaizantes respondieron insistiendo en la necesidad de la circuncisión y de la Ley de Moisés, lo que obligó a los apóstoles y ancianos a reunirse para estudiar el problema (Hch. 16:6-29). Pedro les recordó que Dios había revelado Su voluntad a este respecto cuando Cornelio había sido convertido, y que los mismos judíos no habían podido llevar el yugo de la Ley. Pablo y Bernabé mostraron asimismo cómo Dios había bendecido su obra entre los gentiles. Santiago, el hermano del Señor, declaró que los profetas del AT habían preanunciado que los gentiles serían llamados. Se resolvió reconocer como hermanos a los convertidos incircuncisos, liberándolos de la Ley, pero demandándoles sin embargo que respetaran unas prohibiciones necesarias por su universalidad (de la idolatría, de sangre y de comer animales ahogados, prohibiciones éstas impuestas a Noé y su descendencia, cfr. Gn. 9:3, 4; y de fornicación). Estas prohibiciones no eran ninguna concesión a los escrúpulos judíos, como algunos expositores han alegado. No tendrían ningún sentido como mera concesión después de haber negado la necesidad de la circuncisión, de importancia capital para ellos. La base sobre la que se dan estas prohibiciones a los cristianos surgidos de la gentilidad es la de la voluntad expresa de Dios a «nivel universal», tratándose de «cosas necesarias» (Hch. 15:28, 29).

En la Epístola a los Gálatas, Pablo afirma que la iglesia en Jerusalén le prestó su apoyo contra los «falsos hermanos», y que Jacobo, Pedro y Juan le dieron la mano de comunión, reconociendo que Dios, que les había dado a ellos el apostolado entre los judíos, había comisionado a Pablo y a Bernabé para que evangelizaran a los gentiles. Así, Pablo quedó en comunión con los apóstoles, y también en libertad para cumplir su misión. Los judaizantes mostraron entonces su encarnizamiento, manifestando más tarde hostilidad e incluso odio contra Pablo, cuya opinión había prevalecido. Los argumentos del antiguo fariseo habían salvaguardado la unidad de la Iglesia y la libertad de los convertidos incircuncisos. La decisión emitida daba la exacta relación de los cristianos de origen gentil con la Ley, que era su libertad de ella, poniéndolos sin embargo en guardia contra unas prácticas que afectaban a la relación de toda la descendencia de Noé con el Dios único soberano de este mundo, salvaguardando Sus derechos sobre Sí mismo (no adoración a falsos dioses), sobre la Creación (permiso a Noé y a su descendencia para comer la carne de los animales, pero no su sangre), y sobre el hombre mismo (el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor).

Sin embargo, la controversia se volvió a desencadenar poco después en Antioquía (Gá. 2:11-21). Pedro, que había llegado a la capital de Siria, participaba al igual que Pablo en las comidas de los creyentes incircuncisos. Después de la llegada de ciertos judíos de Jerusalén, Pedro, e incluso Bernabé, dejaron de comer con los gentiles convertidos. Pablo reprendió públicamente a Pedro, y reafirmó los principios doctrinales sobre los que reposaban los derechos de los gentiles en la Iglesia: la salvación sólo se obtiene por la fe en Cristo, por cuanto el cristiano, crucificado con Cristo, está muerto a la Ley de Moisés. Al morir, Cristo ha cumplido por Su pueblo todas las obligaciones legales. Es suficiente poner la fe en Cristo para venir a ser cristiano; no hay ninguna otra condición a cumplir. Pablo sabía que no se trataba sólo de preservar la unidad de la Iglesia, sino de mantener la base fundamental del Evangelio. Al defender el principio de la salvación por la fe y al dar a conocer por todas partes la Buena Nueva, Pablo contribuyó más que nadie a imprimir el carácter universal del testimonio cristiano. El concilio de Jerusalén tuvo lugar probablemente alrededor del año 48 o 49 d.C. (Véase Cronología al final de este artículo).

 

Segundo viaje misionero.

Poco después del concilio de Jerusalén, Pablo propuso a Bernabé que lo acompañara en su segundo viaje (Hch. 15:36). Pero, al rehusar Pablo a Juan Marcos como acompañante, Bernabé decidió no acompañar al apóstol, que se llevó consigo a Silas (véase SILAS). Los misioneros visitaron al principio las iglesias en Siria y Cilicia, y después cruzaron los desfiladeros del Taurus con el fin de visitar las comunidades que Pablo había fundado durante su primer viaje. Llegaron a Derbe, dirigiéndose a continuación a Listra, donde el apóstol circuncidó a Timoteo, para evitar escandalizar a los judíos, porque Timoteo, a quien quería llevar de acompañante, era hijo de padre griego. Pablo hizo así muestra de sus deseos de conciliación, aunque no cedió ni un ápice en la cuestión de principio. Timoteo era de ascendencia judía por parte de madre, por lo que no era lo mismo que si hubiera sido un creyente de origen totalmente gentil. De Listra fueron, según parece, a Iconio y Antioquía de Pisidia.

La continuación de su viaje ha suscitado controversias entre los comentaristas, y ha dado lugar a dos interpretaciones:

 

(A) Ramsay y otros exegetas creen que las iglesias del primer viaje son las «iglesias de Galacia», a las que más tarde se dirigió la Epístola a los Gálatas (véanse GALACIA, GÁLATAS [EPÍSTOLA A LOS]). Estos comentaristas sostienen que Pablo fue directamente a Antioquía de Pisidia, al norte, y que atravesó la provincia romana de Asia, pero sin predicar, porque «les fue prohibido por el Espíritu Santo predicar la palabra en Asia» (Hch. 16:6). Habiendo llegado a Misia (Hch. 16:7), los misioneros intentaron entrar en Bitinia, pero de nuevo se vieron impedidos. Dejando entonces Misia a un lado, se dirigieron al oeste, atravesando o pasando junto a Misia, para llegar a Troas.

 

(B) La interpretación más aceptada es que, de Antioquía de Pisidia, los viajeros se dirigieron a la Galacia propia. Pablo cayó enfermo, pero aprovechó esta detención en Galacia para anunciar el Evangelio y fundar las iglesias de Galacia (Gá. 4:13-15). La orden de no predicar en la provincia de Asia determinó este itinerario de Antioquía de Pisidia hacia el noreste. Cuando Pablo hubo acabado de predicar en la Galacia propiamente dicha, intentó entrar en Bitinia, pero el Espíritu Santo se opuso nuevamente a sus intenciones. El apóstol se dirigió entonces hacia el oeste (la segunda interpretación se une aquí con la primera) atravesando Misia o rodeándola para llegar a Troas. Lucas habla muy poco de este período. El Espíritu Santo estaba dirigiendo a los misioneros hacia Europa, y el relato de Lucas es tan precipitado como el ímpetu con el que se movían.

 

En Troas, Pablo tuvo la visión de un varón macedonio suplicando que los ayudara (Hch. 16:9). En respuesta a este llamamiento, los misioneros, a los que se unió Lucas, emprendieron la travesía hacia Europa, desembarcando en Neápolis, y dirigiéndose acto seguido hacia la importante ciudad de Filipos. Allí Pablo fundó una iglesia (Hch. 16:11-40), y esta iglesia sería especial objeto de su afecto (Fil. 1:4-7; 4:1, 15). Fue también en esta ciudad que fue entregado por primera vez a los magistrados romanos y que constató cómo su ciudadanía romana podía ser de utilidad para ayudarle en su obra (Hch. 16:20-24, 37-39). Dejando a Lucas en Filipos, Pablo se dirigió a Tesalónica junto con Silas y Timoteo. El breve relato de Hch. 17:1-9 acerca de la iglesia en Tesalónica se completa mediante los datos que se dan en las epístolas a los Tesalonicenses. En esta ciudad el apóstol ganó para Cristo a muchos griegos, poniendo con mucho cuidado las bases de la iglesia, dando ejemplo de trabajo y de frugalidad, fabricando tiendas para no ser una carga para nadie (1 Ts. 2, etc.). Pero los judíos de Tesalónica desencadenaron una persecución contra Pablo. Los hermanos lo hicieron partir entonces con Silas hacia Berea, donde la predicación suscitó numerosas conversiones, incluso entre los judíos. De allí, Pablo se dirigió a Atenas. Esta ciudad frustró sus esfuerzos. Hch. 17:22-31 da el resumen del discurso que pronunció ante los filósofos, sobre la colina de Marte (Areópago). Pablo expuso las verdades comunes al estoicismo y el Evangelio, proclamando fielmente ante un auditorio sumamente crítico que ellos debían volverse al Dios verdadero, arrepintiéndose y creyendo en Cristo, con vistas al juicio que había de venir, y a la resurrección.

 

Acto seguido partió para Corinto, quedándose allí dieciocho meses, y ganando a numerosas almas para la fe. Allí conoció a Aquila y a Priscila, hospedándose en la casa de ellos (Hch. 18:1-3). La predicación de Pablo provocó la ira de los judíos; dejó entonces de frecuentar la sinagoga y desde aquel momento anunció el Evangelio en casa de uno llamado Justo, cuya casa estaba junto a la sinagoga (Hch. 18:5-7). En Hch. 18:8, 10 y 1 Co. 2:1-5 se hace alusión a los sufrimientos morales de Pablo en Corinto, en su resolución de anunciar en Grecia, como en todos los otros lugares, el Evangelio del Crucificado; 1ª Corintios revela su éxito, así como también las tentaciones de los cristianos de Corinto, objeto de la solicitud del apóstol. La situación en las otras iglesias también le provocaba inquietudes. Es en Corinto que redactó las dos epístolas a los Tesalonicenses, con instrucciones prácticas, y poniéndolos en guardia contra ciertos errores doctrinales. La hostilidad de los judíos no cesaba. Hicieron comparecer a Pablo ante Galión, nuevo procónsul de Corinto. El descubrimiento, en 1905, de la «Piedra de Delfos» permite situar el proconsulado de Galión entre mayo del año 51 y el 52, lo que permite así establecer la fecha de la estancia de Pablo en Corinto. Galión declaró que la misma sinagoga debía resolver estas diferencias, por cuanto el apóstol no había violado ninguna ley romana. Así, en aquella época Roma protegía a los cristianos al identificarlos con judíos. Pablo pudo quedarse en Corinto sin ser molestado. De todas las misiones de Pablo, la de Corinto fue una de las más fructíferas. Acto seguido pasó a Éfeso; no se quedó allí, aunque prometió su vuelta, y se embarcó rumbo a Cesarea, desde donde sin duda fue a Jerusalén (Hch. 18:22) para saludar a la iglesia, volviendo de allí a Antioquía de Siria, el punto de partida de este segundo viaje (Hch. 18:22), en el curso del cual había llevado el cristianismo a Europa, al evangelizar Macedonia y Acaya. El Evangelio había dado un gran paso para introducirse de lleno en el Imperio Romano.

 

 

 

Tercer viaje misionero.

Después de una corta estancia en Antioquía, Pablo emprendió su tercer viaje, probablemente en el año 53 d.C. Recorrió «la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos» (Hch. 18:23), llegando después a Éfeso. El Espíritu Santo le permitiría ahora a Pablo predicar la Palabra en la provincia de Asia, en tanto que le había sido prohibido durante su segundo viaje. El apóstol hizo de Éfeso, capital de Asia Menor, su base de operaciones a lo largo de tres años (Hch. 19:8, 9; 20:31). Enseñó durante tres meses en la sinagoga (Hch. 19:8), y después, durante dos años, en una escuela o sala de conferencias de uno llamado Tiranno (Hch. 19:9).

Características de su apostolado en Éfeso: Extensión y profundidad de su enseñanza (Hch. 20:18-31); milagros extraordinarios (Hch. 19:11, 12); un triunfo tan grande que todos los habitantes de la región oyeron la Palabra del Señor (Hch. 19:10); actitud amistosa de algunos de los principales funcionarios de la provincia de Asia para con Pablo (Hch. 19:31).

 

Oposición constante e incluso encarnizada (Hch. 19:23-40; 1 Co. 4:9-13; 15:32); cuidado del apóstol hacia todas las iglesias (2 Co. 11:28).

Son numerosos los episodios de la vida de Pablo durante este período que no figuran en Hechos. Sabiendo que había judaizantes que atacaban su doctrina y que la desacreditaban en Galacia, Pablo escribió su Epístola a los Gálatas, en la que defiende su apostolado. Ésta es la primera epístola en la que se define y expone la doctrina de la gracia. La iglesia de Corinto escribió a Pablo para pedir su definición acerca de importantes cuestiones. Informes posteriores revelaron otros desórdenes en la iglesia de Corinto, a la que el apóstol envió entonces la epístola que recibe el nombre de Primera Epístola a los Corintios. Los cristianos de Corinto recibieron, mediante este escrito, instrucciones prácticas y decisiones disciplinarias que evidencian la sabiduría de Pablo. Sin embargo, los elementos sediciosos prosiguieron su labor de zapa. Son numerosos los exegetas que piensan que el padre espiritual de esta joven iglesia les hizo una breve visita para restablecer el orden, después de haber enviado 1 Corintios (cfr. 2 Co. 12:14; 13:1). Antes de abandonar Éfeso, el apóstol envió a Tito a Corinto. Tito debía después de ello reunirse con Pablo en Troas (2 Co. 2:12), lo que no sucedió. Inquieto, el apóstol se dirigió a Macedonia (Hch. 20:1), donde volvió a encontrarse con Timoteo y Erasto, que había enviado antes allí (Hch. 19:22). Por fin llegó Tito (2 Co. 2:12-14; 7: 5-16), con la noticia de que los corintios estaban cumpliendo fielmente las instrucciones de Pablo. Entonces les escribió 2 Corintios, que es la epístola en la que se hallan más detalles autobiográficos de Pablo. Allí se regocija de la obediencia de los corintios, les recomienda la colecta para los santos en Jerusalén, e insiste en la defensa de su apostolado. De Macedonia, Pablo se dirigió a Corinto, pasando allí el invierno del año 56 al 57, acabando de disciplinar y de organizar a la iglesia de esta ciudad. Es entonces que escribió su exposición más completa de la doctrina de la salvación, la Epístola a los Romanos. El apóstol deseaba vivamente ejercer su ministerio en Roma (Hch. 19:21; Ro. 1:11-15; 15:23-28), pero no podía ir enseguida porque debía llevar a Roma los dones de los gentiles convertidos. Los introductores del Evangelio en Roma habían sido especialmente amigos y discípulos de Pablo (cfr. Ro. 16). Mediante su Epístola a los Romanos, Pablo los instruyó plenamente en la doctrina que él proclamaba.

La siguiente etapa iba a conducirlo por última vez a Jerusalén. Sus compañeros representaban a diversas iglesias de gentiles convertidos (Hch. 20:4). Los judíos estaban ferozmente opuestos a la evangelización de los gentiles. En cuanto a los cristianos surgidos del judaísmo, ellos mismos desconfiaban de Pablo y de su obra. Ésta es una de las razones de que el apóstol pidiera a las iglesias de la gentilidad que probaran su lealtad mediante el envío de una generosa ofrenda a los cristianos pobres de Judea. Pablo y sus amigos dejaron Corinto con el fin de llevar estos dones a Jerusalén. Enterándose de que los judíos le querían tender una celada (Hch. 20:3), renunciaron a embarcarse e ir directamente a Siria. Dieron un rodeo por Macedonia (Hch. 20:3). Pablo se quedó en Filipos mientras sus compañeros se dirigían a Troas. Lucas se reunió con él en Filipos (Hch. 20:5). Después de la Pascua, Pablo y Lucas se embarcaron en Neápolis, un puerto de Filipos, para volver a encontrar a sus amigos en Troas, donde pasaron siete días (Hch. 20:6). Allí había una iglesia. Lucas refiere los acontecimientos que tuvieron lugar inmediatamente antes de la partida del apóstol (Hch. 20:7-12). Pablo fue de Troas a Asón por tierra, lo que era una distancia de unos 32 Km. En Asón se encontró con sus compañeros de viaje, que lo habían precedido por vía marítima (Hch. 20:13). Su nave llegó a continuación a Mitilene, en la costa oriental de la isla de Lesbos, pasando luego hacia el sur entre la isla de Quios y la costa de Asia Menor, tocó al día siguiente la isla de Samos, y llegó a Mileto al cabo de otros días (Hch. 20:14, 15). Algunos  indican que el grupo hizo «escala en Trogilio» después de haber salido de Samos. Mileto estaba a 58 Km. al suroeste de Éfeso. Pablo, que se apresuraba a ir a Jerusalén, no había querido ir a Éfeso, pero envió a buscar a los ancianos de aquella iglesia. Acudieron ellos a Mileto, donde el apóstol les dirigió sus últimas exhortaciones, que nos revelan la profundidad de su consagración, de su amor hacia los convertidos, y de su conocimiento profético (Hch. 20:18-35). Abandonando Mileto, la nave se dirigió hacia la isla de Cos (Hch. 21:1), a 64 Km. al sur. Al día siguiente llegó a Rodas, capital de la isla de este nombre, a unos 80 Km. al sureste de Cos. De Rodas la nave tocó Patara, sobre la costa de Licia (Hch. 21:1), donde el grupo misionero efectuó un cambio de naves, emprendiendo viaje hacia Fenicia (Siria) (Hch. 21:2). Pasaron a la vista de Chipre, que dejaron a mano izquierda, y arribaron a Tiro (Hch. 21:3). El apóstol y sus amigos se quedaron allí por siete días; los cristianos de Tiro suplicaron a Pablo en vano que no fuera a Jerusalén (Hch. 21:4). Después de haber orado con ellos (Hch. 21:5, 6), el apóstol y sus compañeros subieron a una nave que iba a Ptolemais (la actual Akko, San Juan Acre en tiempos de los cruzados). Se quedaron allí un día con los hermanos en esta localidad, y después llegaron a Cesarea por la carretera (Hch. 21:7, 8). Se quedaron en casa de Felipe el evangelista. Agabo, el profeta que había predicho una época de hambre durante la primera estancia del apóstol Pablo en Antioquía de Siria (Hch. 11:28), se ató los pies y las manos, y anunció que los judíos atarían de aquella manera a Pablo y lo entregarían a los gentiles. A pesar de estas advertencias y de las lágrimas de la comunidad, Pablo, y algunos de sus discípulos, subieron a Jerusalén (Hch. 21:11-14). Así acabó el tercer viaje misionero.  PABLO (Arresto)

 

Pablo en Jerusalén; arresto; encarcelamiento en Cesarea.

No tardó en hacerse realidad la predicción de Agabo. Los hermanos de Jerusalén le dieron una buena acogida a Pablo y a sus colaboradores que, al día siguiente de su llegada, fueron a visitar a Jacobo, el hermano del Señor; se encontraron también con todos los ancianos de la iglesia. Ellos glorificaron a Dios, que se había servido de tal manera del ministerio de Pablo, pero recordaron al apóstol que numerosos cristianos procedentes del judaísmo habían oído decir que él no observaba la Ley de Moisés. Los ancianos le propusieron que diera en el mismo Templo una prueba espectacular de su fidelidad a las costumbres judías, encargándose de cumplir las prescripciones y de pagar los gastos implicados en la liberación del voto de cuatro nazareos. Pablo consintió en ello, para no tener conflictos con los judíos. Es posible que se tratara de una observancia análoga a la que él había observado en Corinto de manera voluntaria (Hch. 18:18). Pablo enseñaba que ningún convertido de la gentilidad tenía que observar las ordenanzas de la ley mosaica, y que ningún cristiano de origen judío estaba ya obligado a seguir las costumbres tradicionales. Sin embargo, declaraba que no se debía condenar a los judíos que quisieran conservar su fidelidad a la Ley de Moisés y se reservaba, para sí mismo, la libertad de observar estas prácticas, o de renunciar a ellas, según las circunstancias. Al asentir a la petición de los ancianos, Pablo no era incoherente. Pero esta acción no tuvo un buen fin. Unos judíos de Asia, al ver a Pablo en el Templo, lo acusaron falsamente de haber introducido gentiles dentro, y amotinaron al populacho, afirmando que el fariseo tránsfuga había estado enseñando a los judíos de la diáspora a menospreciar el Templo y a violar la Ley (Hch. 21:27-29). Pablo hubiera sido seguramente muerto si el tribuno de la compañía de guarnición romana, Claudio Lisias, no hubiera intervenido con presteza junto con sus soldados. El apóstol, atado con dos cadenas, fue llevado a la torre Antonia. Pidió entonces, antes de ser introducido en ella, permiso para dirigirse a la multitud. Sorprendido al constatar que Pablo hablaba en griego y que no era un egipcio sedicioso, sino un judío de Tarso (Hch. 21:38), el tribuno le permitió que se dirigiera al pueblo; el apóstol hizo su discurso en arameo (Hch. 22:2), haciendo reminiscencias de su juventud, y refiriendo su conversión y vocación. La multitud que lo escuchaba empezó a gritar «¡A muerte! ¡A muerte!» en cuanto Pablo hizo mención de la oferta de salvación a los gentiles. Lisias le hizo entrar entonces en la torre Antonia para someterlo a interrogatorio. Al saber que se trataba de un ciudadano romano (Hch. 22:25), el tribuno desistió de hacerlo azotar, y ordenó a los principales sacerdotes que convocaran al sanedrín al día siguiente para hacer comparecer ante ellos al preso.

Pablo no podía esperar ningún juicio equitativo de parte del tribunal supremo de los judíos. Si el sanedrín condenaba al prisionero, Lisias debería abandonarlo a sus manos. El apóstol tuvo la habilidad de dividir a sus enemigos, a fin de defender su vida. Recordó su calidad de fariseo, diciendo que en el fondo estaba siendo sometido a juicio a causa de su doctrina de la resurrección. El recíproco odio entre fariseos y saduceos era aún más profundo que el que ellos tenían hacia Pablo, por lo que de inmediato se dividieron en dos bandos. Temiendo que el preso pudiera perder la vida entre las dos facciones en pendencia, el tribuno ordenó a los soldados que devolvieran a Pablo a la torre Antonia (Hch. 23:1-10).

El Señor se apareció a Pablo a la noche siguiente, y le dijo: «Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario que testifiques también en Roma» (Hch. 23:11). Esta promesa se iba a cumplir de una manera muy inesperada. Unos cuarenta judíos hicieron gestiones para que Pablo compareciera de nuevo ante el sanedrín. Se comprometieron a darle muerte, pero un sobrino de Pablo informó a su tío y al tribuno (Hch. 23:12-22). Lisias envió entonces a Pablo con una fuerte escolta a Cesarea, residencia de Félix, el procurador, a quien el tribuno envió una carta. Enterándose de que el acusado era un judío de Cilicia, el gobernador no lo quiso interrogar antes de la llegada de los acusadores, y lo hizo guardar en el pretorio, que había sido antes el palacio de Herodes. Cuando los representantes del sanedrín comparecieron ante Félix, acusaron a Pablo de sedición, de profanación del Templo, y se quejaron de que Lisias les había arrebatado a su prisionero (Hch. 24:1-9). Pablo refutó estas acusaciones (Hch. 24:10-21). Conociendo la nueva doctrina, que era la verdadera causa del litigio, y dándose cuenta de que el acusado era inocente, Félix aplazó la vista de la causa con el pretexto de obtener de Lisias unos informes suplementarios. Pablo quedó preso, pero podía recibir visitas de sus amigos. El procurador y Drusila, su esposa judía, quedaron impresionados por lo que Pablo afirmó acerca de la fe en Cristo (Hch. 24:24). Sus solemnes palabras parecen haber hecho temblar a Félix, que prometió volverlo a llamar. El gobernador esperaba también que Pablo compraría su libertad (Hch. 24:25, 26), a lo que el apóstol no accedió. Cuando Porcio Festo sucedió a Félix, hacía ya dos años que Pablo estaba encarcelado (Hch. 24:27).

Los judíos esperaban que el nuevo procurador se plegaría a sus deseos, pero éste rehusó hacer subir a Pablo a Jerusalén, y exigió que sus acusadores fueran a Cesarea (Hch. 25:1-6). Pablo compareció de nuevo ante ellos, y proclamó su inocencia (Hch. 25:7, 8). Deseoso de complacer a los judíos, Festo propuso a Pablo ser juzgado en Jerusalén. Dándose cuenta de que los judíos se aprovecharían para darle muerte si subía a Jerusalén, el apóstol, basándose en su condición de ciudadano romano, apeló al César (Hch. 25:9-11). El procurador, al quedar con ello fuera de la causa, tenía que enviar al preso a Roma. En medio de estos acontecimientos, Agripa II, biznieto de Herodes el Grande, llegó a Cesarea con su hermana Berenice, sin duda para felicitar a Festo por su nombramiento de procurador. Estando él poco versado en las controversias entre los judíos, y teniendo que enviar al emperador un detallado informe de la causa, Festo habló a Agripa acerca de Pablo, que quiso oírle. Al día siguiente, el procurador hizo comparecer a Pablo ante el rey. El conocimiento que tenía Agripa de los asuntos judíos sería de ayuda a Festo para redactar su informe al emperador (Hch. 25:12-27). Las características de la defensa de Pablo ante Agripa fueron el tacto, la elocuencia y el valor. Dando un relato de su vida, el preso mostró que él había buscado obedecer al Dios de Israel, y que su apostolado cristiano era un cumplimiento de las antiguas profecías (Hch. 26:1-23). Cuando Festo, interrumpiendo a Pablo, le dijo que estaba loco, el apóstol apeló a Agripa. El rey se encastilló en su papel de observador de lo que estimaba como un nuevo fanatismo, y respondió irónicamente: «Por poco me persuades a ser cristiano» (Hch. 26:28). Sin embargo, dijo que Pablo era inocente, y que hubiera podido ser puesto en libertad si no hubiera apelado a César (Hch. 26:31, 32).

 

Viaje a Roma.

En otoño del mismo año (probablemente el 59), el preso fue mandado a Roma (véase Cronología al final de este artículo [PABLO (III)]). Pablo y otros cautivos fueron confiados a un centurión llamado Julio, de la cohorte augusta. Lucas y Aristarco de Tesalónica (Hch. 27:1, 2) acompañaban al apóstol. La narración de Lucas es sumamente precisa (cfr. James Smith: «The Voyage and Shipwreck of St. Paul»). El centurión trató humanamente al apóstol. El grupo se embarcó en Cesarea en una nave adramitena, que iba a efectuar una navegación de cabotaje por la costa del Asia Menor. Embarcaron en Sidón, y llegaron a Mira, en Licia. En este puerto el centurión hizo subir a los presos a una nave mercante de Alejandría que partía para Italia. Siendo el viento desfavorable, la nave tuvo que navegar a lo largo de la costa al noroeste, hasta llegar a la altura de Gnido, en la costa de Caria. Girando allí hacia el sur, dobló penosamente el promontorio de Salmón en la zona meridional de Creta, y arribó a Buenos Puertos, en la costa meridional de la isla (Hch. 27:3-8). Habiendo pasado al ayuno (o día de Yom Kippur, véase EXPIACIÓN [DÍA DE LA]), que caía en el décimo del mes de Tishri (hacia el final de septiembre, v. 9), se hacía peligrosa la navegación, y el tiempo era amenazador. Pablo dio el consejo de permanecer en Buenos Puertos, pero el centurión escuchó al capitán y al armador de la nave y no al prisionero. Querían invernar en Fenice, un puerto mejor situado, más al oeste en la costa de Creta (Hch. 27:9-12). Cuando la nave abandonó Buenos Puertos se abatió sobre ellos un furioso viento del noreste, que los echó hacia el sur de la islita de Clauda, que se llama actualmente Gozzo. Aligerando la nave de todo el lastre posible, soportaron el vendaval durante dos semanas, derivando hacia el oeste. El apóstol mantuvo la calma y subió los ánimos de la tripulación y de los pasajeros: un ángel de Dios se le había aparecido y le había asegurado que todos llegarían a tierra sanos y salvos (Hch. 27:13-26). A la decimocuarta noche, la sonda reveló la proximidad de tierra. Por miedo a los escollos, echaron cuatro anclas, y esperaron que se hiciese de día. Al alba, vieron una ensenada con una playa. Habiendo cortado los cables de las anclas, intentaron llegar allí izando la vela de proa, para varar la nave en la arena (Hch. 27:27-40), pero la proa había quedado encallada en la arena, y la popa se abría ante el embate de las olas. Tripulación y viajeros saltaron al agua. Todos se salvaron. La predicción de Pablo se había cumplido (Hch. 27:41-44). Lucas relata de una manera magistral este dramático episodio. El valor de Pablo, su fe, el ascendiente que su calma ejerció sobre los demás, todo ello nos muestra lo que debiera ser el comportamiento de un cristiano ante el peligro.

Los náufragos habían sido arrojados sobre la isla de Melita (Malta), a 93 Km. al sur de Sicilia. Los isleños testimoniaron su bondad a los desventurados viajeros, y dieron grandes honores a Pablo cuando él sanó a numerosos malteses (Hch. 28:1-10). Tres meses más tarde, el centurión hizo subir a soldados y presos a una nave alejandrina. Esta nave, que había invernado en Malta, llegó a Siracusa, Regio y, finalmente, a Puteoli, puerto de la Italia meridional (muy cercano a Nápoles). Pablo recibió permiso para pasar siete días con la comunidad cristiana de Puteoli (Pouzzoles, Hch. 28:11-14). Al enterarse de la llegada del apóstol, los cristianos de Roma enviaron a hermanos a su encuentro. Pablo se encontró con ellos en el Foro de Apio y en Tres Tabernas, localidades situadas a 69 y 53 Km. de Roma, respectivamente (Hch. 28:15). El centurión entregó los presos al prefecto militar (según algunos mss., «el prefecto de la guardia pretoriana», que en el año 61 d.C. era el célebre Burrus). Mommsem y Ramsay estiman sin embargo que los prisioneros fueron más bien entregados al jefe de otro cuerpo del que formaba parte Julio, el centurión, y que estaba encargado de supervisar los transportes de cereales y de ejercer una cierta vigilancia policial. En realidad, no se sabe a ciencia cierta a quién fue entregado Pablo; lo que sí es cierto es que le fue encadenado el brazo derecho al brazo izquierdo de un soldado (Hch. 28:16; Fil. 1:7, 13), y que se le autorizó a alquilar una casa. Las apelaciones a César implicaban un largo proceso. Después de dos años, Pablo esperaba aún la decisión del tribunal (Hch. 28:30).

 

Pablo después de su comparecencia ante el emperador.

Al final de Hechos se relata que, tres días después de su llegada a Roma, el apóstol hizo llamar a los principales judíos, a fin de explicarles la razón de su presencia en Roma, y les citó un día para exponerles el Evangelio. Como en todas partes, unos lo aceptaron, y los otros lo rechazaron. Pablo dijo entonces que este mensaje sería predicado a los gentiles, y que ellos sí escucharían. En efecto, su condición de preso no le impedía dedicarse al ministerio. Los últimos versículos del libro de Hechos informan que durante dos años Pablo estuvo recibiendo a todos aquellos que querían entrevistarse con él; él les anunciaba el reino de Dios, y enseñaba acerca del Señor Jesucristo, sin que las autoridades pusieran obstáculo alguno (Hch. 28:17-31). Las epístolas a los Colosenses, a Filemón, a los Efesios y a los Filipenses, redactadas durante su cautiverio, arrojan una luz viva sobre este período. El apóstol escribió indudablemente las tres primeras al principio, y la carta a los Filipenses hacia el final de su detención. Estas epístolas revelan que había en Roma fieles amigos del apóstol que le ayudaban en su obra misionera. Entre otros estaban:

Timoteo (Col. 1:1; Fil. 1:1; 2:19; Flm. 1);

Tíquico (Ef. 6:21; Col. 4:7);

Aristarco (Col. 4:10; Flm. 24);

Juan Marcos (Col. 4:14; Flm. 24).

Nadie impedía a los amigos del apóstol que lo visitaran; mensajeros de Pablo ante las iglesias, eran también sus ayudantes en Roma, Gracias a ellos, y a pesar de su encarcelamiento, Pablo dirigía las misiones por todo el imperio. Las epístolas de la cautividad revelan asimismo el celo de este embajador encadenado, y la entusiasta acogida que tenía su predicación (Ef. 6:20). Exhorta él de manera insistente a sus amigos a que oren para que Dios abra una puerta a la Palabra (Col. 4:3).

Onésimo, el esclavo fugitivo, fue uno de los frutos del trabajo personal del apóstol preso (Flm. 10), que asimismo podía escribir a los filipenses: «Mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás» (Fil. 1:12, 13). Nadie ignoraba ya por causa de quién él llevaba aquellas cadenas. Transmite a los filipenses los saludos de los creyentes pertenecientes a la casa del César (Fil. 4:22). Sin embargo, había en Roma entonces cristianos (posiblemente judaizantes) que se oponían a la obra de Pablo (Fil. 1:15-18). Su antagonismo no perturbaba en absoluto la serenidad del preso, que estaba por otra parte seguro de que iba a ser liberado con todos los pronunciamientos favorables (Fil. 1:25; 2:17, 24; Flm. 22). Consideraba su cautiverio como el medio escogido por Dios mediante el cual podía cumplir aún mejor su misión de embajador de Cristo. Las cartas muestran finalmente, que el preso no dejó de administrar las iglesias por correspondencia, refutando de manera particular las falsas doctrinas que surgían en Asia Menor. Las epístolas de la cautividad contienen la enseñanza más completa de Pablo sobre la persona de Cristo y sobre los propósitos eternos de Dios revelados en el Evangelio. El fervor del apóstol y su elevado concepto de los deberes del cristiano se hacen patentes en sus instrucciones prácticas.

 

Aunque el libro de los Hechos concluye con el relato del cautiverio del apóstol Pablo en Roma, hay razones de peso para aceptar que el apóstol fue absuelto y liberado al cabo de los dos años, y que volvió a viajar. Las evidencias que dan razón de esto son:

 

(A) El último versículo de Hechos concuerda mejor con la hipótesis de la liberación que con la de la condena a muerte. Al destacar que nadie estorbaba la obra de Pablo, Lucas da la impresión de que el apóstol no estaba esperando su final.

 

(B) El mismo Pablo está persuadido de que será liberado (Fil. 1:25, 26; 2:17, 24; Flm. 22). La actitud de las autoridades romanas hacia él le permitía abrigar esta certeza. La persecución de Nerón no había comenzado todavía. Cuando estalló, fue de manera repentina, sin que se hubiera podido prever a causa de ningún tipo de animosidad oficial anterior. La ley romana seguía considerando a los cristianos como a judíos sectarios, que por ello estaban autorizados a practicar su religión. Todo hace pensar que el tribunal imperial declaró inocente a Pablo y lo absolvió. Además, es indudable que Festo, el procurador de Judea, había enviado un informe favorable (Hch. 26:31), y parece que los judíos no habían enviado a Roma a ningún acusador oficial contra Pablo (cfr. Hch. 28:21).

 

(C) La tradición de la absolución de Pablo, de su reanudación de sus viajes y del segundo encarcelamiento se remonta a una época muy temprana. Clemente de Roma (96 d.C.) afirma que los viajes de Pablo lo llevaron hasta los confines de occidente, lo que parece indicar España. El fragmento de Muratori (170 d.C.) menciona asimismo el viaje a España. Estos testimonios concuerdan con la «Historia Eclesiástica» de Eusebio de Cesarea (324 d.C.), que refiere la tradición existente: «Después de haber hecho su defensa, el apóstol fue liberado, y reanudó sus viajes misioneros. Vuelto por segunda vez a Roma, sufrió allí el martirio.» Esta tradición, que no descansa sobre pruebas totalmente convincentes, no sería suficiente, por sí misma, para establecer el hecho como indudable. Pero la antigüedad de estos testimonios y su autoridad confirman los otros argumentos, en tanto que, por otra parte, no existe evidencia en contra.

 

(D) Numerosas pruebas, externas e internas, dan testimonio de que las epístolas a Timoteo y a Tito son paulinas. Pero estas cartas dan evidencia de haber sido escritas con posterioridad a los incidentes relatados en el libro de los Hechos. Esta constatación nos lleva a retener como cierta la tradición referida por Eusebio.

Por esta y otras evidencias que se mencionarán en el siguiente apartado, podemos admitir que la apelación a César tuvo corno resultado la liberación de Pablo. Los hechos posteriores de su historia permanecen oscuros. Se puede deducir por alusiones que figuran en las epístolas a Timoteo y a Tito y en la tradición. Es posible que después de ser puesto en libertad el apóstol se dirigiera, como había manifestado ser su intención, al Asia Menor y a Macedonia (Fil. 2:24; Flm. 22). Según 1 Ti. 1:3, Pablo llegó a Macedonia y dio a Timoteo el encargo de que dirigiera las iglesias de los alrededores de Éfeso. Se desconoce dónde se encontraba cuando escribió la primera carta a Timoteo; 1 Ti. 3:14 revela que el apóstol esperaba volver pronto a Éfeso. La carta a Tito muestra que había dejado a este discípulo para que administrara las iglesias de Creta, y que esperaba invernar en Nicópolis (Tit. 3:12). Hay tres ciudades que llevan este nombre y todas ellas hubieran podido ser la que se cita en este pasaje: una en Tracia, cerca de Macedonia; otra en Cilicia, y la última en Epiro. Es probablemente la última la que se menciona en Tit. 3:12.

Aceptando la antigua tradición del viaje a España (véase más arriba), podemos suponer que Pablo se dirigió allí después de haber recorrido de nuevo el Asia Menor y Macedonia. Al volver de España, se hubiera detenido en Creta, dejando a Tito allí, y habría vuelto a Asia, desde donde habría enviado la epístola a Tito; en 2 Ti. 4:20 se puede ver que Pablo pasó a Corinto y a Mileto, y después a Grecia y a Asia. Nada demuestra que haya podido llevar a cabo su deseo de invernar en Nicópolis. Numerosos exegetas piensan que el apóstol no llegó allí, sino que fue detenido otra vez y conducido a Roma. Las epístolas que Pablo redactó en aquella época nos dan algunos detalles acerca de este tema. Al dedicarse a evangelizar en nuevos distritos, acababa de organizar las iglesias ya fundadas. Presintiendo que su carrera iba a quedar truncada, y que las iglesias iban a correr nuevos peligros, externos e internos, escribió las epístolas pastorales (las dos a Timoteo y Tito), dando a sus dos delegados personales instrucciones acerca de la disciplina en la iglesia y de los recursos de los creyentes ante los tiempos peligrosos que habrían de sobrevenir.

 

 

Ultima detención y martirio.

El primer cautiverio en Roma acabó probablemente el año 62 (o 63) d.C. Pablo se habría lanzado enseguida a predicar el Evangelio durante cuatro años, más o menos. Eusebio sitúa el martirio del apóstol en el año 67 en tanto que Jerónimo afirma el 68. Se desconocen las circunstancias de su segundo arresto. La segunda epístola a Timoteo, redactada en Roma poco antes de la muerte de Pablo, contiene algunas breves alusiones a su encarcelamiento. En el año 64, Nerón desencadenó una persecución contra los cristianos de la capital, que indudablemente tuvo sus efectos en diversas provincias (1 P. 4:13-19). Como algunos exegetas han supuesto, podría ser que el apóstol hubiera sido denunciado por uno llamado Alejandro (2 Ti. 4:14). Fuera cual fuera el lugar en que fue detenido el apóstol, Pablo iba a comparecer de nuevo ante el tribunal en Roma. Posibles motivos: nuevo recurso del apóstol al César; inculpación por pretendidos crímenes cometidos en Italia (quizá de complicidad en el incendio de Roma); deseo de las autoridades provinciales de recoger prestigio a los ojos de Nerón al enviarle un preso importante. En la época de escribir su segunda carta a Timoteo, Pablo no tenía consigo más que a Lucas (2 Ti. 4:11). Había sido abandonado por ciertos discípulos (2 Ti. 1:15; 4:10, 16), otros habían partido para efectuar diversos servicios (2 Ti. 4:10, 12). El tribunal imperial ante el que Pablo compareció de nuevo no lo condenó en el acto (2 Ti. 4:17), pero lo mantuvo encarcelado. Es posible que el apóstol pudiera probar su inocencia, pero quedó encarcelado por causa de su fe. Habla de sus cadenas (2 Ti. 1:8, 16); afirma que se le trata corno a un malhechor (2 Ti. 2:9) y presiente cuál será su fin (2 Ti. 4:6-8). Lo cierto es que Pablo fue finalmente condenado a muerte; su profesión de fe cristiana era suficiente para ello, según la política establecida por Nerón en el año 64 d.C. La tradición dice que Pablo, como ciudadano romano, fue decapitado en la carretera de Ostia.

Este bosquejo de la vida de Pablo se basa en los Hechos y en las epístolas, pero es evidente que no se ha relatado todo. Hay textos que dejan entrever varios otros episodios de la azarosa vida de Pablo (Ro. 15:18, 19; 2 Co. 11:24-33).

 

Personalidad, obra y teología de Pablo.

En el libro de los Hechos y en las epístolas de Pablo se revela su carácter y el inmenso valor de su obra. Es difícil retratar esta naturaleza tan diversa, y cuya conversión no hizo sino acentuar su ardor religioso. Comprendiendo de un golpe y de una manera total la verdad, extrajo de ella las lógicas consecuencias. Su corazón quedó igualmente prendido, lo mismo que su inteligencia, y el fervor de sus sentimientos fue igual al vigor de sus razonamientos. Expone simultáneamente el aspecto práctico y teórico de la verdad, explicando las doctrinas con una dialéctica consumada, en tanto que introduce el cristianismo en la vida diaria con una sabia habilidad. Este hombre sensible, ardoroso, que conocía en ocasiones el éxtasis, no dejó de profundizar en sus enseñanzas. Capaz de llegar a las más altas cumbres del pensamiento religioso, es sin embargo un hombre de acción. Sometido totalmente al control del Espíritu de Dios, esta naturaleza intelectual y espiritual, rica, ardiente y pura fue usada por Dios para el apostolado a los gentiles.

Se esforzó, mediante la acción y la palabra, en hacer comprensible al mundo pagano el Evangelio de Cristo. El libro de los Hechos nos revela el método de Pablo. Recibió la misión de presentar a Cristo en un mensaje universal, desligado de los ritos judíos y accesibles a todos los hombres. Pablo no fue el único en ver esta meta, pero contribuyó más que nadie a expandir el cristianismo por el mundo. Se mantuvo constantemente en dependencia de Cristo, siendo Su principal obrero. Por otra parte, las epístolas de Pablo contienen la interpretación inspirada que dio de la doctrina y de la moral de Cristo. Pablo es el mayor de todos los teólogos. Su teología se desprende de su conversión, por la cual comprendió repentinamente la incapacidad de sus propios esfuerzos para llegar a la salvación; la dependencia del pecador con respecto a la gracia soberana de Dios; la perfección de la obra redentora que Jesús, el Hijo de Dios, ha llevado a cabo por Su muerte y resurrección. Como consecuencia, sólo puede hallarse la salvación por medio de la fe, uniéndose mediante ella a Cristo. El pecador así justificado, unido al Señor, participa de todas las bendiciones espirituales y temporales, celestiales y terrenas, que Cristo le ha conseguido. A partir de este fundamento de la fe, Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, expone todo lo que concierne a la obra y a la persona de Cristo. La cuestión de la salvación se expone de una manera completa en las epístolas a los Gálatas y a los Romanos. Las epístolas de la cautividad exaltan al Cristo glorificado y ensalzan el propósito eterno de la gracia de Dios para con la Iglesia. Además de estos aspectos centrales, las epístolas tocan prácticamente todos los aspectos de la fe y de los deberes del cristiano. La teología de Pablo tiene como objeto esencial la gracia, tema inagotable cuyas profundidades sondea el apóstol. Él presentó así al mundo gentil el Mesías anunciado por los profetas de Israel. Dios suscitó a Pablo para que él presentara a la humanidad la persona y la obra de su Salvador. Entre los apóstoles, fue indiscutiblemente el más brillante expositor y teólogo, y el más ardiente misionero. Dejar de lado la interpretación que Dios nos ha dado por medio de Pablo de las enseñanzas y de la obra de Jesucristo es exponerse a no comprender el absoluto qué es el cristianismo.

 

Cronología.

Aunque se conocen en su conjunto los pasos de la vida de Pablo, no siempre es posible asignar fechas a sus hechos y escritos con una precisión absoluta. Hay dos fechas en Hechos que dan puntos de referencia: la Ascensión de Cristo, variamente situada entre el año 29 y el 32 d.C., y la muerte de Herodes (Hch. 12:23), que es situada unánimemente en el año 44 d.C. Pero estas fechas no son suficientes para precisar toda la cronología que nos ocupa. Se ha pensado que sería posible erigirla en base a la fecha en la que Festo llegó a ser procurador de Judea. Es plausible que fuera en el año 60 d.C. Josefo sitúa bajo el reinado de Nerón (comenzado en el año 54 d.C.) casi todos los acontecimientos en relación con el gobierno de Félix; por su parte, Pablo dice en Hch. 24:10 que Félix había sido gobernador de Judea «desde hace muchos años». Por ello, no es posible situar el comparecimiento de Pablo ante Félix antes del año 57 d.C. Siendo que el apóstol había estado detenido dos años en Cesarea, la accesión de Festo al poder debería situarse en el año 59 y no más tarde, por cuanto Albino lo sucedió en el año 62, y los acontecimientos relacionados con Festo ocuparon más de un año. Si Festo llegó al puesto de procurador en el año 59, es en otoño de este mismo año que Pablo fue enviado a Italia. El apóstol hubiera llegado a Italia en la primavera del año 60, después de haber pasado el invierno en la isla de Malta. El final del libro de los Hechos y la liberación de su primer cautiverio romano se situarían entonces en el año 62 (Hch. 28:30).

Los partidarios de esta cronología fechan retrospectivamente los acontecimientos del inicio de la carrera del apóstol a partir del año 59 (accesión de Festo). El arresto de Pablo tuvo lugar en el año 57 (Hch. 24:27), al final de su tercer viaje. Entonces se tiene, retrospectivamente: invierno en Corinto, antes del arresto (Hch. 20:3); otoño anterior en Macedonia (Hch. 20:1, 2); antes de ello, tres años en Éfeso (Hch. 20:31), a donde habría llegado procedente de Antioquía después de haber recorrido rápidamente los territorios de Galacia y Frigia (Hch. 18:23). Así, el tercer viaje misionero habría durado cuatro años. Si Pablo estuvo en Jerusalén en la primavera del año 57, su tercer viaje se inició en la primavera del año 53. Hubo un breve intervalo entre el tercer y segundo viajes, que duró al menos dos años y medio, ya que el apóstol pasó un año y medio en Corinto (Hch. 18:11), y el itinerario anterior duró indudablemente un año (Hch. 15:36-17:34). Mediante la inscripción de Delfos, descubierta en 1905, es posible fijar la fecha del proconsulado de Galión entre mayo del año 51 y mayo del año 52, por lo que la comparecencia de Pablo ante este magistrado debe situarse a inicios del año 52. Si el segundo viaje acabó en otoño del año 52, había entonces comenzado en la primavera del año 50, algunos días después del concilio de Jerusalén (Hch. 15:36), acontecimiento de suma importancia, que queda entonces situado en el año 49. Entonces, el primer viaje misionero sólo puede ser situado entre el año 44, año de la muerte de Herodes Agripa (Hch. 12) y el año 49, fecha del concilio (Hch. 15). Es probable que tuviera lugar entre el año 46 y 48, aunque no se conoce exactamente el tiempo que tomó.

Para situar la fecha de la conversión del apóstol, es preciso comparar los datos ya dados con lo que Pablo dice en Gálatas (Gá. 2:1) : «Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé.» Es indudable la alusión al concilio de Jerusalén, en el año 49. ¿Cuál es el punto de partida de estos catorce años? Según ciertos comentaristas, es su conversión (Gá. 1:15, 16), lo que la remontaría al año 35 o 36, según que se cuente o no el primero de los catorce años. Pero Pablo menciona (Gá. 1:18) que él subió a Jerusalén por vez primera tres años después de su conversión. Parece más lógico contar los catorce años en Gá. 2:1 a partir de la primera visita a Jerusalén, mencionada como antecedente en Gá. 1:18. En este caso, su conversión se situaría en el año 32 o en el 34, según que se incluya o no el primer año (por lo general los hebreos calculaban incluyendo el año, o el día de punto de partida y el de llegada del cálculo. Cfr. con los tres días que Cristo pasó en la tumba). Conclusión: La conversión puede fecharse en el año 34, lo que deja lugar a la fecha propuesta por Anderson de la muerte y resurrección del Señor en el año 32 (véase JESUCRISTO); la primera visita a Jerusalén en el año 36; los catorce años en cuestión finalizarían en el año 49 d.C. Todas estas fechas pueden ser discutidas. Hay exegetas que dicen que Festo vino a ser procurador de Judea en el año 55, con lo que todas las fechas tendrían que ir cinco años atrás. Ello obligaría a contar los catorce años a partir de la conversión. Sin embargo, las fechas más sólidamente apoyadas son las que han sido presentadas en este apartado. Todo ello nos permite establecer la siguiente tabla:

32 Muerte, resurrección y ascensión de Cristo

34 (?) Conversión de Pablo

36 Primera visita a Jerusalén (Gá. 1:18)

37- 43 Pablo en Tarso

44 Entrega a la iglesia en Jerusalén de los fondos dados por los cristianos de Antioquía (Hch. 11:30)

46-48 Primer viaje misionero

49 Concilio de Jerusalén

50-52 Segundo viaje misionero

51 1 y 2 Tesalonicenses

53-57 Tercer viaje misionero

54 Epístola a los Gálatas

55,56 1 Corintios

56 2 Corintios

56,57 Epístola a los Romanos

57 Arresto en Jerusalén

57-59 Encarcelamiento en Cesarea

59 Festo nombrado procurador de Judea

60 Pablo llega a Roma

60 o 61 Epístola a los Colosenses, a Filemón, a los Efesios

61 o 62 Epístola a los Filipenses

62 Liberación del primer cautiverio en Roma

63 o 64 1 Timoteo

64 o 65 Epístola a Tito

65 o 66 Epístola a los Hebreos (para la cuestión de su paternidad)

66 2 Timoteo

66 Muerte de Pablo

 

PEDRO   Hechos capítulos 1 al 12

 (lat. «Petrus», del gr. «Petros»: un trozo de roca, en contraste con «petra», una masa rocosa; «petra» en Mt. 7:24, 25; 27:51, 60; Mr. 15:46; Lc. 6:48, donde se menciona como fundamento seguro.

Cristo dio a Simón, el hijo de Jonás, el sobrenombre de Cefas (forma aramea, Jn. 1:42; 1 Co. 1:12, etc.) al encontrarlo por primera vez. Simón, su hermano Andrés, y el padre de ellos, Jonás, estaban asociados con Zebedeo y sus hijos, todos ellos pescadores del lago de Genesaret (Mt. 4:18; Mr. 1:16; Lc. 5:3 ss.). Simón Pedro, originario de Betsaida (Jn. 1:44) pasó a residir en Capernaum con su familia (Mt. 8:14; Lc. 4:38).

Pedro, fue presentado a Jesús por Andrés, hermano de Pedro (Jn. 1:41, 42). Andrés era uno de los dos discípulos de Juan el Bautista que oyeron la declaración de que Jesús (que volvía de su triunfo sobre la tentación en el desierto) era el Cordero de Dios, el Mesías (Jn. 1:35-41). Jesús discernió rápidamente la naturaleza de Simón, y cambió inmediatamente su nombre por el de Cefas (gr. «Petros»).

Pedro, al igual que los primeros discípulos, recibió tres llamamientos de su Maestro a que viniera a ser Su discípulo (Jn. 1:40; cfr. Jn. 2:2) a que lo acompañara constantemente (Mt. 4:19; Mr. 1:17, Lc. 5:10) a que fuera uno de los apóstoles (Mt. 10:2; Mr. 3:14, 16; Lc. 6:13, 14). Tuvo, ya desde el principio, un papel destacado entre los discípulos a causa de su fervor, de su energía e impetuosidad. Pedro se encuentra siempre encabezando las listas (Mt. 10:2; Mr. 3:16; Lc. 6:14; Hch. 1:13). Tres de los discípulos de Jesús eran amigos íntimos de Él: Pedro es nombrado en primer lugar (Mt. 17:1; Mr. 5:37; 9:2; 13:3; 14:33; Lc. 8:51; 9:28). Él es el portavoz de los apóstoles; el primero en confesar que Jesús es el Cristo de Dios (Mt. 16:16; Mr. 8:29), pero también el que intenta desviar a Su Maestro del camino del sufrimiento (Mt. 16:22; Mr. 8:33).

 

La vida de Pedro presenta tres etapas:

(a) En primer lugar el período de formación, expuesto en los Evangelios. En estos años de relación con el Maestro aprendieron a conocer a Cristo y a conocerse a sí mismos. La triple negación del presuntuoso apóstol puso fin a este período (Mt. 26:69 ss.; Mr. 14:66 ss.; Lc. 22:54 ss.; Jn. 18:15 ss.). Cuando Jesús se encontró con Sus discípulos en el mar de Tiberias, puso a prueba a Pedro haciéndole tres preguntas, y restableciéndolo después en el apostolado (Jn. 21:15 ss.).

 

(b) Al comienzo de los Hechos se expone el segundo período, durante el cual Pedro condujo a la Iglesia con audacia y firmeza. Llevó a los hermanos a reemplazar a Judas por un discípulo que hubiera conocido al Señor (Hch. 1:15-26). Después del derramamiento del Espíritu Santo, en el día de Pentecostés, Pedro explicó el sentido de este milagro a la muchedumbre de judíos reunidos en Jerusalén (Hch. 2:14 ss.). Fue el principal instrumento en la curación del paralítico y se dirigió acto seguido al sanedrín (Hch. 3:4, 12; 4:8). Amonestó a Ananías y a Safira (Hch. 5:3, 8). El gran discurso que pronunció en el día de Pentecostés abrió a los judíos la puerta de la salvación (Hch. 2:10, 38). Pedro la abrió, asimismo, a los gentiles, al dirigirse a Cornelio y a los que estaban en su casa (Hch. 10), haciendo así uso de las llaves de que Cristo le había hablado (Mt. 16:19).

 

(c) El tercer período queda marcado por un trabajo humilde y perseverante revelado en las dos epístolas de Pedro. Una vez hubo echado los cimientos de la Iglesia, abandonó el primer plano, y trabajó desde la oscuridad para la expansión del Evangelio. Desde entonces, desaparece de la historia, y es Jacobo quien aparece dirigiendo la Iglesia en Jerusalén (Hch. 12:17; 15:13; 21:18; Gá. 2:9, 12). Pablo se dirige a los gentiles (Gá. 2:7); Pedro, apóstol de la circuncisión (Gá. 2:8), anunció el Evangelio a los judíos de la dispersión; dejó Jerusalén a Jacobo, y el mundo grecorromano a Pablo. La última mención que se hace de él en Hechos (Hch. 15) lo presenta en el concilio de Jerusalén, defendiendo que los gentiles debían ser admitidos en la Iglesia, y defendiendo asimismo la libertad evangélica, postura ésta que prevaleció. Pedro es mencionado en Gá. 2:11, a propósito del incidente de Antioquía; es posible que estuviera en Corinto (1 Co. 1:12) y en la ribera del Éufrates, o en Babilonia (1 P. 5:13). Acompañado de su esposa, prosiguió, sin duda, sus viajes misioneros (1 Co. 9:5). Finalmente, glorificó a Dios en su martirio (cfr. Jn. 21:19). Pedro nos es conocido sólo por las anteriores menciones y por sus dos epístolas, donde traslucen su humildad y tacto. Pedro respalda la autoridad de Pablo y Judas y exhorta a sus lectores a permanecer firmes en la fe que comparten con sus hermanos. Visto a lo largo de los Evangelios, de Hechos y de las Epístolas, el carácter de Pedro no se contradice nunca, este hombre de acción tiene los fallos propios de sus cualidades (Mt. 16:22; 26:69-75; Gá. 2:11), que son inmensas. El entusiasmo era consustancial a su persona. Transformado por el Espíritu de Cristo, Pedro se señala por su amor a su Maestro, por su caridad, y por su clara percepción de las verdades espirituales. La vida de este discípulo está repleta de enseñanzas. Sus escritos sondean las profundidades de la experiencia cristiana y alcanzan las más altas cumbres de la esperanza.

La historia no añade mucho a lo que sabemos de Pedro por el NT. Hay buenas razones para admitir la tradición que afirma que Pedro fue crucificado en la época en que Pablo fue decapitado, hacia el año 68 d.C.. Jesús había predicho el martirio de Pedro (Jn. 21:19). No es imposible que hubiera sufrido el martirio en Roma. Su vida ha suscitado multitud de leyendas. Escritos apócrifos muy antiguos, debidos a los ebionitas (una secta herética que persistió entre el siglo I y VII d.C.), extendieron la leyenda de que Pedro había sido obispo de Roma durante 25 años. El examen atento de las fuentes de esta tradición y de su contenido no permite admitirla como historia.

Por lo que respecta al papel atribuido a Pedro por la Iglesia de Roma, se debe examinar qué es lo que realmente dice el NT acerca de ello:

 

(a) La interpretación de las palabras: «Tú eres Pedro...» (Mt. 16:18) es dada por el mismo apóstol. Hay solamente una roca fundamental: el Cristo. Los creyentes son las «piedras vivas» que vienen a ser edificadas sobre este único fundamento básico, y Pedro, el primer confesor del nombre de Jesús (Mt. 16:15-16), fue la primera de estas piedras individuales (cfr. 1 P. 2:4-6). El apóstol desarrolla el mismo pensamiento en Hch. 4:11-12. Pablo confirma esta enseñanza: Cristo es la piedra angular del templo espiritual del Señor; los apóstoles (en plural) y los profetas son su fundamento, sobre el que son edificados los creyentes (Ef. 2:20-22).

 

(b) Pedro jugó un papel histórico capital al abrir la puerta del Evangelio a los judíos el día de Pentecostés y a los gentiles en casa de Cornelio (Hch. 2:10; cfr. 14:27). Por otra parte, el poder de atar y desatar no le fue dado sólo a él, sino también a los discípulos (Mt. 16:19; 18:15-18; Jn. 20:23). Desde entonces, los cristianos proclaman, en todos lugares, el perdón de los pecados que Dios concede en Jesucristo (Hch. 10:43; 8:22; Ro. 10:9-13); cumplen la función de embajadores de Cristo (2 Co. 5:18-20), aportando vida, pero también muerte (2 Co. 2:15-16), porque quien los rechaza, rechaza al mismo Señor (Lc. 10:16).

 

(c) Pedro no vino a ser cabeza de la iglesia, ni «vicario de Cristo». Si bien juega un importante papel en primer plano en el inicio de Hechos, después desaparece. En el concilio de Jerusalén él dio su consejo, pero fue Jacobo quien intervino de manera decisiva; la resolución final fue tomada en nombre de los apóstoles, de los ancianos y de los hermanos, inspirados por el Espíritu Santo (Hch. 15:7, 13, 22, 28). En el relato de Lucas, Pablo ocupa desde entonces el primer lugar, y Pedro es simplemente una de las tres «columnas de la iglesia» mencionadas en Gá. 2:9 (siendo, el mismo Pedro citado después de Jacobo). Está claro que la doctrina del NT es que sólo el Señor Jesucristo resucitado es la cabeza de la Iglesia (Ef. 1:22; Col. 1:18), y que jamás rendirá Su sacerdocio, que es intransmisible (gr., He. 7:24).

 

(d) Además, Pedro no fue «obispo de Roma durante veinticinco años», no pudiendo haber sido un primer papa. Su muerte tuvo lugar alrededor del año 68, por lo que hubiera debido hallarse en Roma desde el año 43, lo que es imposible en base al NT. Escribiendo a los romanos alrededor de los años 57-65, Pablo hace saludar a treinta personas de su comunidad, entre las que no figura Pedro (Ro. 16); se trata de Priscila y de Aquila, y de la iglesia que está en su casa (cfr. Ro. 16:5). Pablo no hubiera escrito de esta manera (Ro. 15:20-24) si se tratara de una iglesia fundada por Pedro. Cuando Pablo llegó a Roma en el año 60, se encontró conque los judíos de allí no sabían nada del Evangelio, y otra vez Pedro no es mencionado (Hch. 28:15 ss.). Su nombre no figura tampoco en las Epístolas de la cautividad, ni aun en la Segunda a Timoteo, escrita poco antes de su muerte hacia el año 68 (cfr. 2 Ti. 4:16, que sería impensable de Pedro).

 

(e) Finalmente, Pedro, con todas sus cualidades y sus experiencias, ni era infalible ni tenía una autoridad superior a la de los otros apóstoles. En Antioquía, Pablo lo resistió cara a cara «porque era de condenar»; acerca de este incidente, Pablo habla de miedo a los hombres, de simulación, e incluso de hipocresía, y de un andar no recto ni conforme a la verdad del Evangelio (Gá. 2:11-14). Sin embargo, Pedro es una de las más grandes figuras, no sólo del NT, sino de toda la Biblia. Su vida entera fue consagrada al Señor desde el día de su llamamiento. Su ardor y celo por su Señor, su perseverancia, humildad, mansedumbre, su cuidado de la grey del Señor, su afán por predicar las buenas nuevas de la salvación de Dios, todo ello ampliamente testificado en las Escrituras, nos da una bella imagen del discípulo consagrado, y constituye una vida a estudiar y un ejemplo a seguir.

 

RODE  Hechos 12:13-16

Una muchacha en la casa de la madre de Marcos. Ella identificó a Pedro cuando éste llamaba a la puerta de la casa.

 

SERGIO PAULO   Hechos 13:7-12

“Ellos . . . navegaron a Chipre . . . Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Barjesús, que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente . . .” (Hechos 13:4-7).

 

Desde Antioquía, Pablo y Bernabé fueron primero a Chipre, la tierra natal de Bernabé (Hechos 4:36). Los historiadores han podido confirmar varios detalles de esta narración. Por ejemplo, el orador romano Cicerón relata en uno de sus libros que Pafos fue la jefatura romana de Chipre durante el dominio romano de la isla (Ad Familiares, XIII.48).

 

Además, Lucas también menciona correctamente que Chipre era gobernado por un procónsul cuando Pablo y Bernabé visitaron la isla. Antes del año 22 a.C. Chipre había sido administrado por un representante directo del emperador, llamado propretor. Pero después del año 22 el gobierno de la isla pasó al senado romano, cuyos representantes se llamaban procónsules. En un diccionario bíblico leemos que, “anexado por los romanos en 55 a.C., Chipre se convirtió en una provincia senatorial en el año 22 a.C., con un gobernador que tenía el título de procónsul, como correctamente se designa a Sergio Paulo en Hechos 13:7” (Interpreter’s Dictionary of the Bible [“Diccionario bíblico para el intérprete”], 1962, 3:648).

 

Otra fuente de consulta añade: “El hecho de que Lucas distingue correctamente entre las provincias senatoriales e imperiales al narrar que las primeras eran gobernadas por un procónsul designado por el senado y las segundas lo eran por un propretor [traducido como “magistrado” en Hechos 16:20, 22, 35-36, 38] nombrado por el emperador, realza su exactitud, pues el tipo de gobierno de las provincias cambiaba con los tiempos” (The Expositor’s Bible Commentary [“Comentario bíblico para el expositor”], 1981, 9:485, notas sobre Hechos 18:12-13).

 

Los arqueólogos también han encontrado pruebas que confirman que Sergio Paulo fue el gobernador de Chipre. En 1877 hallaron a corta distancia al norte de Pafos una inscripción que tenía grabados el nombre de Sergio Paulo y su título de procónsul.

 

Por otra parte, en 1887 encontraron en Roma el nombre de Sergio Paulo. “En una piedra conmemorativa del [emperador] Claudio, su nombre [de Sergio Paulo] fue hallado entre otros, al ser designado (en el año 47 d.C.) como uno de los encargados de las orillas y del cauce del río Tíber. Después de haber servido tres años como procónsul en Chipre, volvió a Roma, donde desempeñó el cargo ya mencionado” (Easton’s Bible Dictionary [“Diccionario bíblico de Easton”].

 

También es cierto que en esos días los procónsules a menudo buscaban el consejo de magos y videntes: “Estos eran tiempos muy supersticiosos y la mayoría de los hombres de renombre, incluso un hombre inteligente como Sergio Paulo, tenían magos privados, videntes que usaban la magia y los hechizos” (William Barclay, Daily Study Bible [“Biblia de estudio diario”]).

 

 

SILAS    Hechos 15:22, 27, 32, 40; 16:19, 25; 15:5

Un miembro de la iglesia de Jerusalén. El llevó la decisión del concilio de la iglesia  de Jerusalén a Antioquia. Fue el compañero de Pablo en el segundo viaje misionero. En las epístolas es llamado Silvano.

 

SIMON EL MAGO    Hechos 8:9-24

A medida que el evangelio se extendía a los alrededores de Israel, el apóstol Pedro pasó a Samaria para predicar la palabra de Dios. Allí conoció a un mago llamado Simón, quien fue bautizado pero más tarde fue rechazado por Pedro y Juan cuando intentó sobornarlos para alcanzar un puesto de poder e influencia en la Iglesia (Hechos 8:18-24).

 

En las Escrituras no se vuelve a mencionar directamente a este oscuro personaje, conocido en la historia como Simón el Mago. Sin embargo, algunos documentos escritos aproximadamente un siglo después de la muerte de Simón relatan sus actividades luego de ser repudiado por los apóstoles.

 

Justino (el mártir), dirigiéndose a los romanos, escribió: “Había un samaritano llamado Simón, nativo de la aldea de Gitto, que durante el reinado de Claudio César [41-54 d.C.], y en Roma, vuestra ciudad real, efectuó grandes hazañas milagrosas por medio del diablo que operaba en él. Fue  considerado un dios, y como dios vosotros lo honrasteis al erigirle una estatua a orillas del río Tíber, entre dos puentes, que llevaba la siguiente inscripción en el idioma de los romanos: ‘Simoni Deo Sancto’ [A Simón el dios santo]. Y casi todos los samaritanos, y unos cuantos incluso de otras naciones, lo adoran. . .” (The Ante-Nicene Fathers, “The First Apology of Justin” [“Los padres antenicenos”, “La primera apología de Justino”], p. 171).

 

En 1574 unos excavadores encontraron en una isla en el río Tíber un fragmento de mármol que llevaba la inscripción “Semoni Sanco Deu Fidio”. Algunos lo interpretan como una referencia a un dios sabino, Semo Sancus, pero es más probable que sea parte de la estatua dedicada a Simón el Mago mencionada por Justino.

 

En una glosa, los editores de la obra Ante-Nicene Fathers [“Los padres antenicenos”] explican: “Generalmente se supone que Justino estuvo equivocado al pensar que la estatua fue erigida en honor a Simón el Mago. Esta suposición se basa en que en el año 1574 se encontró en la isla en el Tíber una pieza de mármol que llevaba la inscripción ‘Semoni Sanco Deo’, etc., que probablemente era la base de la estatua dedicada al dios sabino Semo Sancus. Se supone que Justino erró al pensar que esta inscripción se refería al personaje que él había mencionado anteriormente.

 

”Siempre nos ha parecido que tal suposición es una base muy frágil para rechazar una declaración tan precisa como la que hizo Justino, una afirmación que difícilmente se hubiera atrevido a hacer en una apología dirigida a Roma, donde todo el mundo podía averiguar si lo que él decía era verdad. Si, como se supone, Justino hubiera cometido un error, fácilmente se habría descubierto, y otros escritores no habrían repetido tan frecuentemente el relato como lo han hecho” (ibídem).

 

Sea que la base de la estatua se refería o no a Simón el Mago, lo que sí se puede confirmar es que en la literatura del segundo y el tercer siglo se le menciona como un personaje histórico.

 

SOSTENES    Hechos 18:17

El principal de la sinagoga en Corinto. Fue capturado y golpeado por los griegos.

 

 

 

TEOFILO ¿Quién Fue?

En el versículo 1 Lucas comienza hablando de "nosotros", se entiende que incluye a Teófilo como "testigo de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas", o sea, esto indicaría que Teófilo es un cristiano.

 

Según el versículo 2, fueron enseñados por testigos directos de Jesús, cabe destacar que éste es un hecho importantísimo pues es lo que permite aceptar el evangelio de Lucas dentro de los libros canónicos.

 

El tercer versículo nos acerca más a otra pista para dilucidar (o al menos tratar) quien fue Teófilo, leemos a Lucas que lo trató de “excelentísimo”, es necesario destacar que éste era un título romano en esta época que se les daba a aquellos gobernadores del imperio Romano (Hechos 23:25 y 24:3 refiriéndose a Félix y también en Hechos 26:25 refiriéndose a Festo, ambos gobernadores).

 

El cuarto versículo es muy decidor pues comprendemos que Lucas usa un lenguaje casi patriarcal con Teófilo al decirle "que conozcas bien la verdad" en la que "has sido instruido", no cabe duda que Teófilo fue un "alumno" de Pablo que es muy probable que por su condición social tenga una gran influencia en su comunidad por lo que era necesario que conozca bien la verdad bíblica para poder enseñar al resto.

 

Comentario a Hechos 1:1-2

El primer versículo nos clara que su autor es el mismo del evangelio de Lucas y más aun nos aclara que ésta es la segunda parte del libro de Lucas y vemos que lo dedica nuevamente a un tal Teófilo. Al leer el segundo versículo nos damos cuenta que es realmente la continuación del evangelio, pues aquí ya nos explica el por qué de su escritura.

 

El significado de Teófilo

Teófilo: Este nombre viene del griego THEO que significa “Dios” y PHILUS que significa “amigo, amante, querer” así entonces podemos entender que Teófilo quiere decir "el que ama a Dios". El significado del nombre plantea la posibilidad que sea un nombre simbólico para todo aquel cristiano que lea estos escritos, debido a que los cristianos amamos a Dios. O sea esta teoría afirma que no fue una persona específica.

 

1 Teoría: gobernador romano convertido, alguien influyente dentro de su comunidad y por lo tanto importante apoyo para la obra misionera, por lo que era necesario que tuviera los hechos claros y en orden para poder transmitirlos.

 

2 Teoría: Hombre influyente que fue el mecenas de Lucas, o sea que aportó dinero para llevar a cabo la tarea de escribir los libros. Se cree también que pudo ser el abogado de Pablo durante su juicio en Roma, a quien Lucas escribió para que este preparara la defensa del apóstol.

3 Teoría: sumo sacerdote del templo de Jerusalén, para esta teoría se basan en que Lucas comenzó su evangelio con acontecimientos importantes para el pueblo Judío, ejemplo, acontecimientos de Zacarías y rituales del templo.

 

Resumiendo, que TEOFILO era:

El gobernador Romano de la ciudad Turquía de Antioquía, nombre que conserva en español la actual Antakya, que se convirtió al cristianismo tras un estudio concienzudo de las Escrituras y llegó a ser el primer obispo de la misma ciudad.

El historiador Eusebio indicó que Teófilo fue el sexto obispo de Antioquía, contando desde el tiempo de los apóstoles de Cristo. Teófilo puso por escrito un considerable número de conversaciones y refutaciones de las herejías. Figura entre la docena de apologistas cristianos de su época.

En respuesta a un diálogo que había sostenido anteriormente, Teófilo escribe al pagano Autólico con esta introducción: “Una boca elocuente y una dicción agradable procura a los míseros hombres, que tienen el entendimiento corrompido, placer y alabanza para la gloria vana”. Teófilo especifica a continuación a qué se refiere: “El amador de la verdad no atiende a las palabras afectadas, sino que examina cuál sea la eficacia del discurso. Ahora bien, tú me increpaste con vanas palabras, vanagloriándote en tus dioses de piedra y leño, cincelados y fundidos, esculpidos y pintados, dioses que ni ven ni oyen, pues son meros ídolos, obras de manos de los hombres”. (Compárese con Salmo 115:4-8.)

Teófilo denuncia que la idolatría es un engaño. Con su peculiar estilo, grandilocuente y reiterativo, procura exponer la auténtica naturaleza del Dios verdadero: “La forma de Dios es inefable e inexplicable: no puede ser vista por ojos carnales. Por su gloria es incomprensible; por su grandeza es inalcanzable; por su sublimidad es impensable; por su poder es incomparable; por su sabiduría es inigualable; por su bondad, inimitable; por su beneficencia, inenarrable”.

En su descripción de Dios, Teófilo agrega: “Él es Señor, porque señorea sobre todas las cosas; Padre, porque es antes que todas las cosas; Artífice y Hacedor, porque Él es el Creador y Hacedor de todas las cosas; Altísimo, porque Él está sobre todas las cosas; Omnipotente, porque todo lo domina y envuelve”.

A continuación se centra en las creaciones de Dios, refiriéndolas con su característico estilo minucioso y algo redundante: “Los cielos son obra suya; la tierra es hechura suya; el mar es criatura suya; el hombre, figura e imagen suya; el sol y la luna y las estrellas son elementos suyos, criados para signos de los tiempos, de los días y de los años, para servicio y servidumbre de los hombres. Y todo lo hizo Dios del no ser al ser, a fin de que por sus obras se conozca y comprenda su grandeza”.

Hallamos otra muestra de las acometidas de Teófilo contra los dioses falsos de su tiempo en las siguientes palabras dirigidas a Autólico: “Los nombres de los dioses a quienes dices das culto, son nombres de hombres muertos. Y aun éstos, ¿quiénes y qué tales fueron? ¿No se ve que Crono [o Saturno] se comía y devoraba a sus propios hijos? Pues si me hablas de Zeus [o Júpiter], hijo suyo, fue alimentado por una cabra. Sus otros hechos [incluyen], por ejemplo, su casamiento con su hermana, sus adulterios y corrupciones de muchachos”.

Siguiendo con el hilo de su discurso, Teófilo refuerza su oposición al paganismo y su idolatría: “¿A qué trazar también el catálogo de la muchedumbre de animales a los que dan culto los egipcios: reptiles y bestias, fieras y aves, y peces de las aguas? Y si me hablas de los griegos y de las otras naciones, dan culto a las piedras y leños y demás materia”. “Adorar —señala Teófilo—, sólo adoro al Dios real y verdaderamente Dios.” (Compárese con 2 Samuel 22:47; Hechos 14:15; Romanos 1:22, 23.)

Las admoniciones y exhortaciones que da Teófilo en los tres libros dirigidos contra Autólico son polifacéticas y detalladas. Otras obras suyas iban dirigidas contra Hermógenes y Marción. También compuso libros para instruir y edificar a sus lectores, así como comentarios a los Evangelios. Sin embargo, únicamente se conservan, en un mismo manuscrito, Los tres libros a Autólico.

El primer libro constituye una apología de la religión cristiana; el segundo arremete contra el paganismo, las especulaciones, la filosofía y la poesía que entonces predominaban, y el tercero contrapone las Escrituras a la literatura pagana.

Al comienzo del tercer libro, parece que Autólico aún creía que la Palabra de verdad era pura charlatanería. Teófilo lo censura con las siguientes palabras: “Soportas con gusto a los necios. En otro caso, no te hubieras dejado desviar por los vanos discursos de hombres insensatos, ni dado fe a ese rumor preconcebido”.

¿A qué “rumor preconcebido” se refería? Teófilo explica que provenía “de bocas impías que mentirosamente nos calumnian a nosotros, adoradores de Dios, que nos llamamos cristianos, propalando que tenemos las mujeres comunes y nos es indiferente con quién nos unimos; es más, que mantenemos comercio carnal con nuestras propias hermanas y, lo que es más impío y más crudo de todo, que nos alimentamos de carnes humanas”. Teófilo se afanó por combatir esa opinión totalmente y diabólica y errónea sobre los que afirmaban ser cristianos en el siglo II. Se valió para ello de la luz de la verdad que irradia la Palabra inspirada de Dios. (Mateo 5:11, 12.)

La profusión de citas y alusiones de Teófilo a las Escrituras Hebreas y Griegas da fe de su gran dominio de las escrituras. Fue uno de los primeros comentaristas de los Evangelios. Sus abundantes referencias a la Biblia constituyen un caudal de conocimiento sobre la manera de pensar que predominaba en su época. Teófilo se valió de su familiaridad con el texto inspirado para demostrar que este era inmensamente superior a la filosofía pagana.

 

TERTULO  Hechos 24: 1-8

Un orador empleado por los judíos para acusar a Pablo

 

TIMOTEO    Hechos 16:1, 3

Natural de Listra, de madre judía y padre griego. Para evitar la censura de los judíos, Pablo le hizo circuncidar. Fue compañero de Pablo y llegó a ser un misionero productivo del Evangelio

 

TITO     Hechos 15:2; Gálatas  2:1-3

Acompañó a Pablo a Jerusalén para asistir al primer concilio de la iglesia en el que se consideraba si era necesaria o no la circuncisión de los gentiles. Tito era griego pero no se le exigió circuncidarse. Llegó a ser ministro del Evangelio y compañero de Pablo.

 

TIRANO  Hechos 19:9

Tenía una escuela en Éfeso. Permitió que Pablo la usara después que fue echado en la sinagoga.

 

La muerte de Herodes Agripa

La Biblia también menciona la súbita muerte de Herodes Agripa en Cesarea: “Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era abastecido por el del rey. Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos” (Hechos 12:20-23).

 

Josefo añade otros detalles en su relato de la muerte de Herodes Agripa: “En el segundo día. . . se puso una vestimenta hecha enteramente de plata, tejida en forma maravillosa, y fue al teatro temprano en la mañana. Cuando se presentó, el resplandor de los rayos del sol cayeron sobre el vestido plateado y brilló en forma extraordinaria. . . pronto sus aduladores gritaron. . . ‘Sé misericordioso con nosotros, pues aunque te hemos reverenciado como hombre, de ahora en adelante te consideraremos superior al hombre mortal’. Al oírlos, el rey ni los reprendió ni rechazó estos halagos impíos. . . De repente, el rey sintió un agudo dolor abdominal. . . Y cuando hubo agonizado durante cinco días de dolores abdominales, pereció. . .”  (Antigüedades de los judíos, XIX, viii, 2).

 

Vemos, pues, que los dos relatos, el de la Biblia y el de Josefo, se complementan. Josefo no menciona el origen del dolor estomacal, pero la Biblia sí lo hace al decir que se debió a “gusanos”. El término griego que utilizó el médico Lucas para referirse a la enfermedad de Herodes Agripa, es skolekobrotos. Se refiere normalmente a la tenia o lombriz solitaria, así como a otros tipos de gusanos que pueden obstruir la vía intestinal y producir dolor agudo y a veces causar la muerte, como sucedió en el caso de Herodes Agripa. En el siguiente artículo de esta serie continuaremos nuestro estudio de los Hechos de los Apóstoles.

 

El Dios desconocido en Atenas

Algunos años después, Pablo viajó a Atenas, capital de la filosofía griega. “Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría . . . Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo:Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio” (Hechos 17:16, 22-23).

 

¿Por qué Pablo estaba tan enfurecido en Atenas? ¿Es correcta la descripción de la ciudad? A.T. Robertson anota: “Plinio [escritor romano] mencionó que en el tiempo de Nerón [54-68 d.C.], había en Atenas más de 30.000 estatuas públicas, sin contar las innumerables estatuas privadas en los hogares. Petronio [satírico romano] expresó burlonamente que en Atenas era más fácil encontrarse con un dios que con un ser humano. Cada entrada o pórtico tenía su dios protector” (Word Pictures in the New Testament [“Imágenes verbales en el Nuevo Testamento”]).

 

¿Qué hay respecto al altar dedicado al “Dios no conocido”? ¿Se ha encontrado alguna confirmación de que existieron tales altares? El arqueólogo John McRay comenta: “Pausanias [geógrafo e historiador griego], quien visitó Atenas entre 143 y 159 d.C., vio tales altares. En la narración de su viaje desde el puerto en la costa hasta Atenas, escribió: “El templo de Atenea Skiros también se encuentra aquí, y a cierta distancia uno de Zeus, y los altares a ‘los dioses desconocidos’ . . . Apolonio de Tiana, que murió en el año 98 d.C., habló de Atenas como un lugar ‘donde incluso se construyen altares en honor a los dioses desconocidos’. . .” (Archaeology & the New Testament [“La arqueología y el Nuevo Testamento”], 1991, p. 304).

 

En 1909, una expedición arqueológica descubrió en Pérgamo, antigua provincia romana, un altar que tenía la siguiente inscripción: “A los dioses desconocidos”. McRay comenta que la idolatría en Atenas era tan popular que los atenienses hasta edificaban altares a dioses desconocidos para asegurarse de no excluir a ninguno. “Los partidarios de las antiguas religiones politeístas —señala este arqueólogo— se caracterizaban por una ignorancia supersticiosa que tal vez los llevaba a erigir altares incluso a dioses desconocidos ‘para que ninguna deidad se sintiera ofendida por la negligencia humana’” (ibídem).

 

Los judíos son expulsados de Roma

Desde Atenas, Pablo viajó una corta distancia a Corinto, otra ciudad griega, “y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma. . .” (Hechos 18:2).

 

¿Fueron realmente expulsados los judíos de Roma durante el reinado del emperador Claudio? El historiador romano Suetonio registra tal orden: “Puesto que los judíos estaban participando en numerosos motines incitados por Cresto, [Claudio] los expulsó de Roma” (La vida de Claudio, 25.4). Se estima que unos 20.000 judíos fueron desterrados, entre ellos Aquila y Priscila.

 

Este decreto de expulsión establece la fecha clave para fijar la cronología paulina. Al respecto, el profesor McRay escribe: “Un ejemplo de cómo la arqueología ha contribuido a fijar la cronología paulina es que ahora podemos establecer aproximadamente cuándo comenzó la obra de Pablo en Corinto durante su segundo viaje. La clave se encuentra en Hechos 18:2, que nos permite saber que cuando Pablo llegó a Corinto encontró a Priscila y Aquila, quienes hacía poco habían llegado desde Roma al haber sido desterrados por una orden de expulsión general de los judíos decretada por Claudio, quien gobernó desde 41 hasta 54. Este suceso, cuya fecha puede fijarse en el año 49 d.C., es mencionado por Suetonio y otros” (McRay, op. cit., pp. 225-226).

 

¿Quién fue el Cresto que provocó los disturbios judíos? Puesto que en griego los nombres Cresto y Cristo se pronuncian en forma casi indistinguible, es probable que la disensión en la comunidad judía tuviera que ver con el recién establecido cristianismo y las enseñanzas de Cristo. F.F. Bruce menciona que Cresto pudo haber sido simplemente un agitador judío, pero luego añade: “Es más probable que [Suetonio] tuviera en mente al Fundador del cristianismo, pero al escribir unos 70 años después del hecho y al no estar muy interesado en los orígenes del cristianismo, consultó algún archivo sobre los motines y supuso equivocadamente que Cresto, mencionado como el caudillo de uno de los grupos, estuvo en Roma durante ese período y tuvo mucho que ver con la sublevación. De hecho, lo que vemos en el relato de Suetonio es la disensión y el desorden en la comunidad judía de Roma surgidos por la introducción del cristianismo en una o más de las sinagogas de la ciudad” (The International Commentary of the New Testament [“Comentario internacional del Nuevo Testamento”], 1974, “Hechos”, p. 368).

 

Más tarde, Aquila y Priscila llegarían a desempeñar un papel importante en el ministerio de Pablo. Le dieron empleo en Corinto (Hechos 18:3) y viajaron con él a Éfeso (v. 19). Luego, en su hogar sirvieron como anfitriones para la iglesia y enviaron saludos a sus amigos en Corinto en una de las epístolas de Pablo (1 Corintios 16:19). Algún tiempo después de la muerte de Claudio en el año 54, volvieron a Roma y fueron incluidos en los saludos que Pablo les mandó a los santos que estaban en esa ciudad (Romanos 16:3).

 

 

LUGARES DE INTERES

La magnífica Cesarea

Mientras tanto, en Jerusalén habían arrestado nuevamente a Pedro y esta vez fue sentenciado a muerte por Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande. Hace unas pocas décadas se pudo también confirmar que Herodes Agripa fue una figura histórica, cuando el arqueólogo israelí Benjamín Mazar encontró las pesas de una balanza que llevaban el nombre de Herodes Agripa, su título y la fecha del quinto año de su reinado.

 

Cuando Herodes Agripa se enteró del escape milagroso de Pedro (Hechos 12:5-9), se llenó de ira. “Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí” (v. 19).

 

Cesarea era un magnífico puerto creado por Herodes el Grande. El lugar fue nombrado en honor a Augusto César, y se convirtió en la jefatura romana para Judea. Herodes edificó allí un espléndido palacio para agasajar a los oficiales romanos. Un diccionario bíblico comenta: “En la ciudad había edificios típicos de una metrópoli griega, con su teatro, anfiteatro, hipódromo, acueducto, columnatas y un imponente templo dedicado a César” (The Interpreter’s Dictionary of the Bible

[“Diccionario bíblico para el intérprete”], 1962, tomo 1, p. 480). Recientemente se han encontrado los restos de la mayoría de estos edificios, además de una placa de piedra que menciona a Poncio Pilato” (ver Las Buenas Noticias, septiembreoctubre de 2000, p. 11).

 

El arqueólogo John McRay escribe: “Yo fui miembro del equipo supervisor en Cesarea desde el comienzo de una extensa excavación que se extendió desde 1972 hasta 1982. En gran parte, nuestra labor ha confirmado la impresión dada por Josefo en sus obras Guerras y Antigüedades, de la grandeza de las obras construidas por Herodes, con las cuales procuraba satisfacer su propia vanidad y la del emperador Augusto” (Archaeology and the New Testament [“La arqueología y el Nuevo Testamento”], 1991, pp. 139-140).

 

DAMASCO

Al llegar Pablo a Damasco, Jesús le habló en una visión a Ananías, uno de los discípulos que vivía en esa ciudad: “Y el Señor le dijo: Levántate, y vé a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora” (v. 11).

 

La calle llamada Derecha era una de las avenidas principales de Damasco. Una autoridad menciona: “La calle llamada Derecha era una avenida que iba de oriente a occidente y que sigue siendo una de las vías más importantes de Damasco, el Derb el-Mustaqim. A lado y lado de la avenida había pórticos con columnas y en cada extremo había unas puertas imponentes. . . Es probable que la calle fuera muy conocida en la antigüedad. . . Las direcciones dadas incluyeron tanto el nombre de la calle como la casa donde Saulo se podía encontrar” (The Expositor’s Bible Commentary [“Comentario bíblico para el expositor”], 1981, tomo 9, p. 373).

 

Cuando los judíos persiguieron a Saulo en Damasco, sus amigos lo bajaron en una canasta por el muro de la ciudad (Hechos 9:25). Los arqueólogos han descubierto algunas secciones de este antiguo muro, construido por los romanos. Relata John McRay: “Se ha hallado parte del muro romano a unos 330 metros al sur de la Puerta Oriental (Bab Sharqui) debajo de la Capilla y Ventana de San Pablo. Debajo de la puerta otomana actual, esta pequeña capilla fue edificada por los católicos griegos  encima de una puerta del período romano. La tradición la asocia con el lugar por donde Pablo se escapó en una canasta que fue bajada por una ventana en el muro (2 Corintios 11:33)” (Archaeology and the New Testament [“La arqueología y el Nuevo Testamento”], 1991, p. 234).

 

ANTIOQUÍA

La ciudad de Antioquía (hoy en turco Antakya; o Αντιόχεια en griego) se localiza en lo que hoy es Turquía. Cuenta con 145.000 habitantes. Situada en el margen oriental del río Orontes, fue fundada por en el año 301 antes de nuestra era por Seleuco I Nikátor como capital de su imperio. Seleuco I había servido como general con Alejandro Magno y el nombre de Antiochus era frecuente entre miembros de su familia.

Su privilegiada posición geográfica, en el cruce entre las rutas comerciales del levante mediterráneo y del interior de Asia, pronto hicieron que la ciudad alcanzara relevancia comercial.

La gran afluencia de habitantes pronto hizo necesaria una expansión de la ciudad al este del barrio original. Una tercera expansión de la ciudad fue llevada acabo durante el reinado de Antíoco III sobre una gran isla situada en el curso del Orontes. La cuarta y última gran expansión fue promovida por Antíoco IV Epífanes (175-164 a. c.), razón por la cual Antioquía sería apodada a veces "Tetrápolis" (cuatro ciudades). Así, la urbe tendría unos 6 km de este a oeste, y otros tantos de norte a sur. Sus murallas encierran un área redonda de 15 kilómetros de circuito.

La nueva ciudad estaba habitada por colonos griegos originarios de Antigonia, macedonios y judíos (los cuales tuvieron derechos de ciudadanía desde el momento de la fundación). Durante el período helenístico y el Alto Imperio Romano, Antioquía llegaría a tener unos 500.000 habitantes, convirtiéndola en la tercera ciudad del Imperio Romano  y del mundo, después de la propia Roma y de Alejandría.

En efecto, Antioquía ocupa un importante lugar en la historia del cristianismo. Fue en esta ciudad donde Pablo predicó su primer sermón cristiano en una sinagoga y donde los seguidores de Jesús fueron llamados cristianos por primera vez (Hechos de los Apóstoles 11,26). Al expandirse el cristianismo, Antioquía fue una de las sedes de los cuatro patriarcados originales, junto con Jerusalén, Alejandría y Roma.

Por todo ello, la ciudad se encontraba en la encrucijada de dos universos culturales: el mundo semítico del interior y el mundo griego de la parte oriental del Mediterráneo.

Con el fin de convertir a Antioquía en rival de Alejandria, los seléucidas habían sabido atraer a ella a una numerosa colonia judía. Flavio Josefo habla de su dinamismo y espíritu proselitista, y nos cuenta que los sucesores de Antioco Epifanes “restituyeron a los judíos de Antioquía todos los objetos votivos de bronce y rindieron homenaje a su sinagoga; además, les autorizaron a gozar del derecho de ciudadanía por el mismo titulo que a los griegos… (Los judíos de Antioquía) fueron atrayendo a su culto a un gran número de griegos que, formaron desde entonces parte de su comunidad” (Guerra judía, VII, 44-45)… Para extender su prestigio y para favorecer al mismo tiempo el desarrollo de la comunidad judía, Herodes el grande costeó suntuosas obras en Antioquía: “A los habitantes de Antioquía, la ciudad principal de Turquía que está atravesada por una ancha avenida a todo lo largo de la misma, les ofreció pórticos que adornaban ambos lados y pavimentó la parle cubierta de la calle con piedras pulimentadas, contribuyendo de este modo singularmente a la belleza de la ciudad y a la comodidad de sus habitantes” (Antigüedades judías, 16, 148),

 

LA IGLESIA ANTIOQUIA

1.- La comunidad de Antioquia, nace de la persecución que recae sobre el grupo griego de la comunidad de Jerusalén: Los que se habían dispersado cuando la persecución provocada por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquia. En principio, los dispersos anuncian la Palabra sólo a los judíos. Pero algunos chipriotas y cirenenses, al llegar a Antioquia, se dirigen también a los griegos (gentiles) y un gran número recibe la fe (Hch 11,19-21). ¿Por qué etapas pasa la comunidad? ¿Qué problemas afronta? ¿Qué nos enseña?

 

2.- En principio, la comunidad está llena de gentiles, que viven el Evangelio libre de la ley judía. Había precedentes: la conversión de Samaría (8,14), la de Cornelio (11,1). La noticia de Antioquía llega a oídos de la comunidad de Jerusalén y envían a Bernabé. Quien en su momento asumió la conversión de Saulo (Pablo) y le presentó a los apóstoles (9,27), es enviado a Antioquía para discernir la situación: Cuando llegó y vio la gracia de Dios se alegró y exhortaba a todos a permanecer unidos al Señor (11,22).

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3.- La nueva comunidad necesita enseñanza. Bernabé va a Tarso en busca de Saulo y le lleva a Antioquia: durante un año instruyen a muchos. La comunidad, formada en su mayoría por gentiles, tiene su propia identidad. Es en Antioquia donde por primera vez los discípulos reciben el nombre de cristianos (11,25-26).

 

4.- La relación con la comunidad de Jerusalén es abierta y fraterna. Por aquellos días bajan unos profetas de Jerusalén a Antioquia. Uno de ellos, llamado Agabo, profetiza una gran hambre sobre toda la tierra, lo que sucede en tiempo de Claudio (41-54 d.C). Los discípulos envían una colecta para los hermanos que viven en Judea. La entregan a los ancianos por medio de Bernabé y de Saulo (11,27-30). Estos vuelven de Jerusalén, llevando consigo a Juan, por sobrenombre Marcos (12,25). En casa de su madre, se hallaban reunidos muchos discípulos, cuando Pedro salió de la cárcel (12,12). Marcos es primo de Bernabé y partidario de la circuncisión (Col 4,10-11).

 

5.- En la comunidad de Antioquia hay profetas y maestros: Bernabé, Simeón llamado el Negro, Lucio el de Cirene, Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. Mientras celebran el culto del Señor, dice el espíritu santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. Entonces, después de haber ayunado y orado, les imponen las manos y los envían (13,1-5).

 

6.- De este modo, empieza la misión conjunta de Bernabé y Saulo (Pablo): Chipre, Antioquia de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe, Perge. Con ellos va Juan (Marcos), que pronto se separa de ellos y vuelve a Jerusalén (13,7.13). En cada nueva comunidad designan ancianos (14,23). Terminada la misión, vuelven a Antioquia. Comparten todo cuanto Dios había hecho con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Y permanecen no poco tiempo con los discípulos (14,27-28). 

 

7.- Hacia el año 48, la comunidad de Antioquia lleva más de diez años, admitiendo en su seno a gentiles, sin imponerles la ley judía. La comunidad vive el Evangelio libre de la ley. Pero bajan a Antioquia algunos de Judea que enseñan a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme a la tradición de Moisés, no podéis salvaros. Esto provoca una seria discusión de Pablo y Bernabé contra ellos. Pablo, Bernabé y algunos más suben a Jerusalén para tratar el asunto con los apóstoles y los ancianos (15,1-2).

 

8.- Surge así el llamado concilio de Jerusalén, un encuentro entre los responsables de la comunidad de Jerusalén, llena de judíos que observan la ley (613 preceptos), y de la comunidad de Antioquia, llena de gentiles que viven el Evangelio libre de la ley. El futuro de la Iglesia está en juego: ¿se acepta el Evangelio libre de la ley?, ¿se impone a los gentiles el legalismo judío?

 

9.- Después de larga discusión, Pedro se levanta y dice: Hermanos, vosotros sabéis que ya desde los primeros días me eligió Dios entre vosotros para que por mi boca oyesen los gentiles la palabra de la buena nueva y creyeran. Y Dios, conocedor de los corazones, dio testimonio en su favor comunicándoles el espíritu santo como a nosotros y no hizo distinción alguna entre ellos y nosotros, pues purificó sus corazones con la fe. ¿Por qué, pues, ahora tentáis a Dios queriendo poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos sobrellevar? Nosotros creemos que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que ellos. La intervención de Pedro es decisiva. El apóstol recuerda su propia experiencia en el caso de Cornelio y saca las consecuencias. Bernabé y Pablo proclaman la acción de Dios en medio de los gentiles (15,7-12).

 

10.- Finalmente interviene Santiago, responsable del grupo que observa la ley judía: Hermanos, escuchadme. Simeón ha referido cómo Dios ya al principio intervino para procurarse entre los gentiles un pueblo para su nombre. Con esto concuerdan los oráculos de los profetas, según está escrito: Después de esto volveré y reconstruiré la tienda de David que está caída, reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar. Para que el resto de los hombres busque al Señor y todas las naciones que han sido consagradas a mi nombre, dice el Señor que hace que estas cosas sean conocidas desde la eternidad. Por esto opino yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios, sino escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre (15,13-20). No hay que imponer la ley judía a los gentiles que se convierten, pero los gentiles han de observar unos mínimos (ver Dt 32,17; Lv 18,6-18 y 17,10-12). Han de evitar los banquetes idolátricos: No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios (1 Co 10,21;Dt 32,17); han de evitar relaciones inmorales (Lv 18,6-18;1 Co 5,1-13); finalmente, algo que facilita la convivencia (mesa común) de judíos y gentiles: no comer sangre (Lv 17,10-12).

 

11.- Al cabo de algunos días dice Pablo a Bernabé: Vamos a ver cómo les va a los hermanos en las comunidades recientemente fundadas. Bernabé quería llevar a Marcos. Pablo pensaba que no debían llevar consigo al que los había abandonado en la misión. Se produjo una tirantez tal que acabaron por separarse el uno del otro. Bernabé toma consigo a Marcos y embarca rumbo a Chipre. Pablo elige como compañero a Silas y parte encomendado por los hermanos a la gracia de Dios. Recorre Siria y Cilicia, consolidando las comunidades. En Listra encuentra a Timoteo, al cual (siendo su madre judía) circuncida. Por todas partes entrega las decisiones tomadas por los apóstoles y ancianos en Jerusalén  (Hch 15,36-16,4).

 

12.- Pablo y sus compañeros atraviesan Frigia y Galacia, llegan a Tróade (16,6-8) y pasan a Grecia (16,9-18,18): Filipos, Tesalónica, Atenas, Corinto. En Filipos, la primera comunidad de Europa nace de un grupo de mujeres que se reúne para orar; entre ellas está Lidia (16,12-15). En Corinto, Pablo está año y medio. Ya de vuelta, desembarca en Cesarea, sube a  Jerusalén y baja a Antioquia, donde permanece algún tiempo. Después recorre las regiones de Galacia y Frigia para fortalecer la fe de los discípulos (18,22-23). En Efeso está de dos a tres años (19,10;20,31), luego visita las comunidades de Grecia, pasa tres meses en Corinto (20,2) y hace una escala en Tróade, donde celebra la eucaristía el primer día de la semana (20,6-12). En Mileto, ya en camino hacia Jerusalén, se despide de los ancianos (responsables) de Efeso, evocando lo que le espera. Es el testamento de Pablo: Mirad que ahora yo, encadenado en el espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá, solamente sé que en cada ciudad el espíritu santo me testifica que me aguardan prisiones y tribulaciones... ahora yo sé que no volveréis a ver mi rostro...tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el espíritu santo como vigilantes (obispos)... yo sé que después de mi partida se introducirán entre vosotros lobos feroces que no perdonarán al rebaño (20,17-35).

 

13.- Hacia el año 53, Pablo afronta la crisis gálata y apela al concilio de Jerusalén, el concilio de la libertad cristiana: Ni siquiera Tito que estaba conmigo, con ser griego, fue obligado a circuncidarse, ...viendo que me había sido confiada la evangelización de los incircuncisos, al igual que a Pedro la de los circuncisos, ... y reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mi y a Bernabé, nosotros iríamos a los gentiles y ellos a los circuncisos. Sólo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, cosa que he procurado cumplir (Ga 2,6-10).  

 

14.- Pablo recuerda a los gálatas la reprensión que le hizo a Pedro en Antioquia, donde la presencia de judíos ya se hacía notar, había separación de mesa entre judíos y gentiles, y por miedo a los judíos se marginaba a los gentiles: Cuando vino Cefas a Antioquia, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión. Pues antes de que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquellos llegaron, empezó a evitarlos y apartarse de ellos por miedo a los circuncisos. Y los demás judíos disimularon como él, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado a la simulación.  Pero en cuanto vi que no procedían rectamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar? (2,11-14). La autoridad del apóstol, sea quien sea, “no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio” (DV 10).

 

15.- La involución avanza de forma galopante. Con el concilio de Jerusalén había quedado claro que lo que salva al hombre no es un conjunto de prácticas legales sino la conversión al Evangelio. Como en Antioquia y en otras partes, aparecen en Galacia intrusos, adversarios de las decisiones conciliares, diciendo que es necesaria la observancia de la ley, que el fundador de la comunidad es un hombre que actúa al margen de la Iglesia. Entonces ese hombre levanta su voz: ¡Insensatos gálatas!... ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer (3,28), manteneos firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud (5,1), habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley, os habéis apartado de la gracia  (5,4),  habéis sido llamados a la libertad (5,13), evitáis el escándalo de la cruz, la persecución por causa de Cristo (5,11; 6,12), lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor (5,6). 

 

16.- Al parecer, tras la reprensión de Pedro y Bernabé, la comunidad de Antioquia deja de ser punto de referencia para Pablo. Se nota en sus cartas, la comunidad no vuelve a aparecer. Quien sí aparece es Marcos: él y Jesús, llamado Justo, son los únicos de la circuncisión que colaboran con Pablo (Col 4,10-11. En la carta a Filemón, Marcos y Lucas (ambos evangelistas) aparecen como colaboradores suyos (Flm 24). Desde Roma, donde Lucas le acompaña, Pablo escribe a Timoteo: Toma a Marcos y tráele contigo, pues me es muy útil para el ministerio (2 Tm 4,11). Le dice también: Ya sabes que todos los de Asia me han abandonado (1,15). De modo especial, Marcos está relacionado con Pedro: aparece con él “en Babilonia” (Roma) y le llama hijo (1 P 5,13). Según la antigua tradición cristiana, Marcos es “el intérprete de Pedro” y el autor del evangelio que lleva su nombre (Eusebio, HE III, 39,15). Ignacio, “segundo sucesor de Pedro como obispo de Antioquia”, es llevado a Roma “para ser pasto de las fieras” (HE III, 36,2-3); muere hacia el año 110 en la persecución de Trajano.

* Diálogo: ¿Por qué etapas pasa la comunidad de Antioquia? ¿Qué problemas afronta? ¿Qué nos enseña?

-         en principio, está llena de gentiles, que viven el Evangelio libre de la ley

-         Pablo y Bernabé instruyen a muchos durante un año

-         la comunidad tiene identidad propia

-         la relación con la comunidad de Jerusalén es abierta y fraterna

-         algunos de Judea perturban a los hermanos

-         concilio de Jerusalén: ¿se acepta el Evangelio libre de la ley?

-         misión conjunta de Pablo y Bernabé

-         separación de Pablo y Bernabé

-         la presencia de judíos se hace notar, se da separación de mesa entre judíos y gentiles, se margina a los gentiles por miedo a los judíos

-         la involución avanza de forma galopante

-         ante la crisis gálata, Pablo apela al concilio de Jerusalén

-         recuerda la reprensión de Pedro y de Bernabé

-         la comunidad de Antioquía deja de ser punto de referencia para Pablo

-         Marcos y Lucas (evangelistas) aparecen como colaboradores de Pablo

-         como Jesús, Pablo sube a Jerusalén

-         ante el legalismo cristiano (1752 cánones), ¿se necesita un concilio de Jerusalén en la Iglesia?

-         evitar posiciones extremas: ya no hay judío ni griego, lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor.

 

 

LA COMPOSICION DEL LIBRO:

TRES DIVISIONES PRINCIPALES:

a. Capítulos 1-5                El nacimiento de la Iglesia Primitiva.

                                         El personaje principal es Pedro.

 

b. Capítulos 6-12              El esparcimiento de la Iglesia perseguida.

                                          El personaje principal es el primer mártir, Esteban.

 

c. Capítulos 13-28             La predicación del evangelio a todo el mundo por

                                           Iglesia Misionera. El personaje principal es el Apóstol Pablo.

 

EL VERSICULO CLAVE:

El versículo clave de todo el libro es Hechos 1:8 “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

 

Este versículo expresa el tema de todo el libro.

 

Capítulo 1

Las cosas que el Señor Jesús comenzó a hacer y a enseñar (1:1)

"En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que el Señor Jesús comenzó a hacer y a enseñar".

Quizás sería mejor darle al libro de los Hechos de los Apóstoles el título “Los Hechos del Cristo Resucitado.” El evangelio de Lucas cuenta los hechos del Señor Jesús hasta la resurrección; el libro de los Hechos continúa la historia, pero ahora es la narración de los hechos de Jesús resucitado y ascendido.

El hecho de que el evangelio de Lucas tratara sobre lo que el Señor Jesús" comenzó a hacer y a enseñar" nos muestra varias cosas.

La primera, que en el tercer versículo se lee que el Señor Jesús se presentó vivo con muchas pruebas indubitables. Al principio de Su ministerio terrenal, El Señor se presentó como el VENCEDOR de Satanás dominando decisivamente al diablo durante los cuarenta días de tentación en el desierto. Al principio de Su ministerio celestial se presentó de nuevo como el VENCEDOR de Satanás, mostrándose VIVO en la tierra por el mismo espacio de tiempo---CUARENTA días.

La segunda, que la Iglesia tuvo sus comienzos en el Evangelio. El evangelio de Lucas termina con un grupo de creyentes convencidos. Jesús "les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras" (Lucas 24:25 Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!). Ya no era un grupo de discípulos fácil de dispersar, sino un cuerpo unido de adoradores que habían recibido un mandato y se hallaban esperando a ser investidos con poder de lo alto (Lucas 24:46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 24:47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 24:48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 24:49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. 24:50 Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. 24:51 Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. 24:52 Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; 24:53 y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén).

En otras palabras, ya eran la Iglesia. Como afirma con claridad Hebreos 9:15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. 9:16 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador.
9:17 Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.

La muerte y el derramamiento de la sangre de Cristo fueron los que hicieron efectivo el Nuevo Pacto. De esta manera, los creyentes que se hallaban a diario en el templo, especialmente en las horas de oración (Hechos 3:1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.), bendiciendo (dándole gracias) a Dios, ya eran el Cuerpo del Nuevo Pacto.

Lo tercero, que nos muestra es que la obra de Jesús no terminó cuando Él ascendió. Como ya se ha hecho notar, el libro de los Hechos nos presenta las cosas que el Señor Jesús comenzó a hacer y a enseñar por el Espíritu Santo a través de la Iglesia.

 

 

La palabra clave en Hechos 1:3 es “vivo” Jesús se presentó VIVO. ¿Cuáles eran algunas de las pruebas indubitables de que El estaba VIVO?

Aquí de las ocasiones en que Jesús se presentó:

A María Magdalena                                                      Juan 20:14-18

A las mujeres                                                                 Mateo 28:8-10

A Pedro                                                                          Lucas 24:34

A los discípulos  de Emaús                                            Lucas 24: 13-31

A los Apóstoles                                                               Lucas 24:13-31

A los Apóstoles sin Tomás                                              Juan 20:19-24

A los Apóstoles a orillas de mar Galilea                          Juan 21:1-23

A los Apóstoles en un monte de Galilea                          Mateo 28:16-20

A los mas de quinientos                                                   1Corintios 15:6

                 

1. Los hombres le vieron

2. Les habló acerca del Reino de Dios

3. Camino con ellos.

4. comió y bebió con los discípulos

5. Bendijo y ministró a Sus discípulos

6. Restauró a Simón Pedro

7. Secó las lágrimas de María.

 

Las instrucciones finales (1:2, 3)

"... hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios"

Se ve con claridad también que el Señor Jesús no ascendió hasta haberles dado mandamientos (mandatos, instrucciones) por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido (los escogidos para Él, para que siguieran adelante con su obra). Aquí la palabra "apóstoles" podría no estar limitada a los Doce, sino incluir también a otros "enviados", comisionados por Jesús (como lo fueron los setenta en Lucas 10:1 Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir). Es evidente que incluye a aquellos a quienes Jesús se mostró (se presentó) a sí mismo (en formas definidas y en momentos determinados) después de sus sufrimientos, dándoles muchas pruebas infalibles (pruebas positivas, señales seguras, evidencia inequívoca y convincente) de que estaba vivo.

En estas apariciones demostró con claridad que no era un espíritu, ni un fantasma. Ellos lo tocaron. Les enseñó sus manos y sus pies diciéndoles: "Yo mismo soy" (Lucas 24:28-43). Durante un período de cuarenta días, estuvo con ellos una y otra vez. No fueron visiones. Fueron apariciones personales, reales y objetivas de Jesús. Ellos lo reconocieron y aprendieron de El con una comprensión real las verdades relacionadas con el Reino (Gobierno, poder real y autoridad) de Dios. Ahora entendían por qué tanto la cruz como la resurrección eran necesarias para nuestra salvación. Ambas eran revelaciones del grandioso poder y el amor de Dios.

Algunos eruditos bíblicos ven un paralelo entre estos cuarenta días y los cuarenta días durante los cuales Dios estuvo con Moisés en el monte Sinaí, entregándole la Ley. Ciertamente que la enseñanza de Jesús era una "ley" mejor (torah, instrucción). Pero ahora la enseñanza era para todos, no en un lugar restringido como el monte Sinaí, sino en muchos lugares, y hasta a quinientos a la vez (1 Corintios 15:6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen). Hasta en el día de la resurrección, había otras personas con los apóstoles en el aposento alto (Lucas 24:33 Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos) y recibieron su instrucción. Poco después vemos que había ciento veinte presentes (Hechos 1:15). Por tanto, las instrucciones definitivas del Señor  Jesús nunca estuvieron limitadas a los once apóstoles.

 

La promesa del padre (1:4, 5) La Promesa del Padre

"Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días."

 

La promesa del Padre fue, por supuesto, el bautismo del Espíritu Santo. (Versículo 4)

 “La cual…oísteis de mí” se refiere a las muchas promesas que Jesús les había dado acerca del Consolador. (Juan 14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 14:17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
14:18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 14:19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. 14:20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. 14:22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? 14:23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
14:24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. 14:25 Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho)

(Lucas 24:49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto;

Juan 14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre;

Juan 15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí;

Juan16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré,

Juan 13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir).

 

Debemos notar que Jesús les MANDO que se quedaran en Jerusalén hasta que llegara el Espíritu Santo. Esto indica que no podían escoger; nosotros también somos MANDADOS HOY, debemos obedecer.

 

La iglesia primitiva tenía que quedarse y (Lucas 24:49) esperar en Jerusalén porque aún no había llegado el Día de Pentecostés. En estos días no es necesario quedarse a esperar; cualquier persona puede recibir el Espíritu Santo en cualquier momento, tan pronto como haya cumplido los requisitos.

 

Algunas veces se pregunta si los discípulos esperaron siete días. Conforme a (Levítico 23:15 Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán), Pentecostés cayó cincuenta días después de la ofrenda mecida, la Cual corresponde a la resurrección. Por lo tanto, ellos se quedaron en el Aposento Alto pro diez días.

El evangelio de Lucas condensa los cuarenta días posteriores a la resurrección y salta hasta la exhortación final a los ciento veinte para que se quedaran (esperaran, se sentaran) en Jerusalén hasta recibir la promesa del Padre, que el Señor Jesús mismo les había hecho.

En Hechos 1:4 Lucas va de nuevo al tiempo inmediatamente anterior a la ascensión. Jesús los había reunido. El griego indica que estaba compartiendo una comida con ellos. 3 En aquel momento, repitió el mandato, insistiéndoles en que no debían salir de Jerusalén. Esto era muy importante. El día de Pentecostés hubiera tenido poco efecto si sólo dos o tres de ellos se hubieran quedado en la ciudad.

No existe conflicto aquí entre este mandato y el dado el día de la resurrección de marcharse a Galilea (Mateo 28:10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán; Marcos 16:7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo). Al comparar los evangelios podemos ver que inicialmente. El Señor Jesús les ordenó a las mujeres que les dijeran a los discípulos que se fueran a Galilea. Debido a que no habían creído en realidad, Pedro y Juan fueron a la tumba. Dos de los otros discípulos (no de los Doce) decidieron irse a su casa en Emaús, mientras que los demás se quedaron donde estaban. Jesús se les apareció por la noche aquel mismo día y les echó en cara su incredulidad. Tomás no estaba presente cuando El Señor se les apareció, sin embargo, y se negó a creer el relato de su aparición. Cuando se les apareció de nuevo a la semana siguiente y llamó a Tomás para que creyera en El. Después los discípulos, junto con Pedro, se encontraron con Jesús en Galilea. Hubo una demora, pero Jesús necesitaba tratar con Pedro. Todavía cargaba con la culpa de haber negado a Jesús y le hacían falta una humillación especial y una nueva comisión también especial (Juan 21). Es probable que hubiera otras apariciones en Galilea (entre las cuales se hallaría la de los quinientos), ya que el Señor Jesús había pasado mucho tiempo allí durante su ministerio. Entonces, casi al final de los cuarenta días, los apóstoles y los demás regresaron a Jerusalén, donde Jesús les dio su enseñanza final.

(Lucas no menciona la visita a Galilea, posiblemente porque ya estaba descrita en otro lugar y su propósito era centrar la atención en el día de Pentecostés que se acercaba.)

Es especialmente significativo sobre la Promesa del Padre que el Señor Jesús les diera sus instrucciones por el Espíritu Santo (Hechos 1:2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido ). El Señor Jesús resucitado estaba lleno del Espíritu todavía, como lo había estado durante todo su ministerio anterior. Así como el Padre dio testimonio de su Hijo cuando el Espíritu descendió sobre El (y entró en El) de una manera especial, también el Padre dio testimonio de la fe de los creyentes derramando el Espíritu Santo prometido que les dio poder para servir.

El que se llame "la promesa del Padre" al don del Espíritu, lo relaciona también a las promesas del Antiguo Testamento. La idea de la promesa es uno de los lazos que unen al Antiguo Testamento con el Nuevo. La promesa hecha a Abraham no era sólo una bendición personal y nacional, sino que en él y en su simiente todas las familias de la tierra serían bendecidas (Génesis 12:3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra). Cuando Abraham creyó (confió) en la promesa de Dios, su fe quedó asentada como crédito a favor suyo en la cuenta de su justicia (Génesis 15:6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia).

La historia de las relaciones de Dios con su pueblo es una revelación gradual, hecha paso a paso. Primeramente promete la derrota de la serpiente antigua, el diablo, por medio de la simiente de la mujer (Génesis 3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar). Después les hace su promesa a los descendientes de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Judá y de David. Finalmente, Jesús aparece como el Hijo más insigne de David, el David o Amado de Dios. (David significa "amado".)

Jesús les había prometido ya este poderoso derramamiento del Espíritu a sus seguidores (Juan 7:38 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 7:38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva) y especialmente desde el capítulo 14 hasta el 16). También lo había hecho Juan el Bautista, cuyo bautismo se limitaba a bautizar en agua. Ahora El Señor Jesús, el prometido por Juan, los bautizaría en el Espíritu Santo (Marcos 1:8 Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo). Además, Jesús prometería también que "ocurriría pocos días después" (después de no muchos días). 5

 

Los tiempos y las sazones (1:6,7) El Reino

"Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad."

En Hechos 1:6 leemos la última  pregunta que los discípulos le hicieron Al Señor Jesús antes de Su ascensión. “Señor”, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” esta pregunta nos demuestra que ellos vacilaban entre las expectaciones naturales y las realizaciones espirituales. Aún no entendían todo lo que Jesús les había enseñado concerniente al Reino. Sus esperanzas por un reino material y político fueron destrozadas en el Calvario, pero ahora sabían que todas las cosas eran posibles al Señor que había vencido la muerte. Todavía pensaban que el mayor propósito de Jesucristo era el de quitarle a Israel el yugo romano para establecer el reino terrenal de David.

Debemos notar especialmente la diferencia en el entendimiento sobre el reino tan pronto como ellos recibieron el Espíritu santo. Aún siendo testigos de la crucifixión y la resurrección no era suficiente; era preciso que recibieran el Espíritu Santo. (1 Corintios 2:10  Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. 2:7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, 2:8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. 2:9 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. 2:10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

2:11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 2:12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, 2:13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
2:15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 2:16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo)

 

En los Hechos y en las epístolas encontramos mucho más acerca del Espíritu Santo y de la Iglesia, que acerca del Reino. Pero el Reino fue parte importante de la enseñanza del Señor Jesús. En Marcos 10:32-35 se habla de los sufrimientos de Jesús,

(Marcos 10:32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: 10:33 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles;  10:34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará. 10:35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos) y de la solicitud de Jacobo y Juan de sentarse a su mano derecha y a su izquierda en el Reino. Esto nos muestra que la cruz lleva consigo la promesa del Reino.

 

En Lucas 12:32 también les aseguró a los discípulos que al Padre le había placido darles el Reino. En el Nuevo Testamento, la palabra "reino" hace referencia en primer lugar al poder y el gobierno del Rey. (Lucas 12:32 No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino). La justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo son evidencias de que Dios es quien gobierna en nuestra vida, y de que estamos en su reino (Romanos 14:17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo). Pero esto no elimina la existencia de un reino futuro.

Los discípulos estaban pensando en el gobierno futuro cuando interrogaron a Jesús sobre la restauración del reino a Israel. Conocían la profecía de (Ezequiel 36:24 Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 36:25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 36:26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 36:27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra).

También sabían que la promesa de Dios a Abraham no incluía solamente a su simiente y la bendición sobre todas las naciones, sino también la tierra. A través de todo el Antiguo Testamento, la esperanza de la promesa de Dios a Israel está relacionada con la tierra prometida. Ezequiel, en los capítulos 36 y 37, vio que Dios restauraría a Israel en la tierra, no porque lo mereciera, sino para revelar su propio nombre santo y su personalidad. Puesto que Ezequiel vio también al Espíritu de Dios derramado sobre un Israel restaurado y renovado, la promesa del Espíritu les haría recordar esto también.

Por tanto, no era una simple curiosidad la que había causado que los discípulos le hicieran preguntas a Jesús sobre aquella parte de la promesa divina.

Jesús no negó que seguía formando parte del plan de Dios la restauración del Reino (el gobierno de Dios, la teocracia) a Israel. Pero aquí en la tierra, ellos nunca conocerían los tiempos (momentos específicos) y las estaciones (ocasiones propicias) de esa restauración. El Padre los había puesto bajo su propia autoridad. El es el único que sabe todas las cosas y tiene la sabiduría necesaria para tenerlas todas en cuenta. Por tanto, los tiempos y las estaciones son un asunto de El, y no nuestro.

En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios no reveló el tiempo que transcurriría entre la primera venida de Cristo y la segunda. Algunas veces, hasta los profetas saltan de una a la otra y regresan de nuevo casi en la misma declaración. Vemos aquí cómo Jesús se detuvo en medio de (Isaías 61:2 a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová) cuando lo estaba leyendo en Nazaret (Lucas 4:19 A predicar el año agradable del Señor).

Juan el Bautista no reconoció esta diferencia de tiempos tampoco. Como Jesús no trajo consigo los juicios que él había previsto, se preguntaba si Jesús sería el Mesías, o si sería otro predecesor como él mismo (Mateo 11:3 para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?). Pero Jesús hizo las obras del Mesías y sus discípulos aceptaron la revelación de que El es el Cristo (el Mesías),

El Hijo del Dios viviente (Mateo 16:16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 16:17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 16:18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 16:19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. 16:20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo).

De vez en cuando. Jesús les advertía a los discípulos que nadie conoce el día ni la hora de su regreso (Marcos 13:32-35, por ejemplo).

Después, cuando sus propios discípulos, durante aquella última ida a Jerusalén, suponían que el reino de Dios aparecería de inmediato. Jesús les relató una parábola para señalarles que pasaría largo tiempo antes de que El regresara con poderes reales a gobernar en ella.

(Lucas 19:11 Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente.
19:12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver
).

Jesús habla de un noble que se marcha a un país lejano, con lo que está hablando de un largo tiempo. Aun así, es evidente que a los discípulos les costó mucho entender esto, no querían aceptar la realidad de que los momentos y las fechas no eran asunto de ellos.

 

Poder para ser testigos (1:8) La gran comisión

"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra".

 

En Hechos 1:8 la comisión es dada por la última vez. Parece que esto era el tema de las conversaciones del Señor Jesús con Sus discípulos durante Su ministerio de cuarenta días después de Su resurrección. Jesús dio la gran comisión en tres ocasiones y es probable que lo diera en muchas otras ocasiones no registradas. Durante los cuarenta días, su mayor interés era que sus discípulos entendieran claramente Sus instrucciones.

 

Las tres ocasiones registradas son:

1. A la mesa en Jerusalén                                              Marcos 16:14-18; Juan 20:22-23

2. En un monte de Galilea                                              Mateo 28:18-20

3. En el monte de los Olivos antes de Su ascensión     Lucas 24:45-51; Hechos 1:6-9

 

La gran comisión dio a los apóstoles las órdenes de marcha, las cuales se debían obedecer explícitamente sin vacilar ni preguntar. También les dio la autoridad de obrar en nombre de Jesucristo. Hay cinco mandamientos en la comisión: Ir; Predicar; Enseñar; Bautizar; Guardar.

 

En Hechos 1:8 hay Tres  palabras que debemos notar especialmente:

1. PODER: En griego, la palabra que quiere decir poder, y que se usa en el texto, es la palabra de la que deriva la palabra “dinamita”. Significa un gran poder que hará explosión del evangelio alrededor del mundo.

2. TESTIGOS: Viene de la palabra griega que también da origen a la palabra “mártir”. Para ser testigo, es necesario tener el espíritu de un mártir.

3. TODO: Esto quiere decir que la iglesia debía ser testigo en todas partes del mundo. No tenían otra alternativa.

Entonces, ¿qué tendrían que hacer ellos? El versículo 8 tiene la respuesta. Recibirían poder después de que el Espíritu Santo descendiera sobre ellos (habiendo descendido el Espíritu Santo sobre ellos), y deberían ser sus testigos, diciendo lo que habían visto, oído y experimentado.

(1 Juan 1:1 Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida).

A partir de Jerusalén, llevarían su testimonio a través de Judea y de Samaria, y hasta los confines de la tierra. Este programa de testimonio nos da también una verdadera tabla de contenido del libro de los Hechos. 7

 

Dios siempre quiso que los suyos fueran testigos. En (Isaías 44:8 No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno) exhorta a Israel a dejar de sentirse temeroso. Aunque había una encomienda de ser testigos suyos, el temor lo impedía. De esta forma, la nación de Israel en su totalidad fracasó en cuanto al testimonio que Dios quería realmente que diera.

Los cristianos no tenemos por qué fallarle. El bautismo en el Espíritu está a nuestra disposición como experiencia que llena de poder. "Recibiréis poder" (en griego, dynamis, gran poder). Aquí de nuevo se relaciona el poder con la promesa hecha a Abraham de que todas las familias de la tierra serían bendecidas. Jesús, en Mateo 24, insiste en que no podían esperar a que hubiera condiciones ideales antes de esparcir el Evangelio entre las naciones. Esta época estaría caracterizada por guerras, rumores de guerras, hambres y terremotos. Los seguidores del Señor  Jesús deben salir a esparcir el Evangelio a todas las naciones en medio de todas estas calamidades naturales y todos los trastornos políticos. ¿Cómo sería esto posible? Recibirían poder como consecuencia de haber sido llenos del Espíritu. Este sería el secreto de su éxito en la época de la Iglesia, hasta su consumación final, cuando El Señor Jesús regrese. Por supuesto, esto pone la gran responsabilidad de ser testigos de Cristo sobre todos los que están llenos del Espíritu.

 

Este mismo Jesús (1:9-11)

"Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, " los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo".

El momento cumbre del evangelio de Lucas es la ascensión de Cristo (Lucas 24:50 Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo) señala que el Señor Jesús llevó a sus seguidores hasta el monte de los Olivos, frente a Betania. Mientras los bendecía, fue levantado al cielo (esto es, tomado gradualmente, no arrebatado). Hechos añade que esto sucedió "viéndolo ellos". No estaban soñando; lo vieron irse realmente. Entonces, una nube —no una nube ordinaria, sino sin duda una nube de gloria como la shekínah del Antiguo Testamento— le recibió. El texto griego podría significar que la nube fue a colocarse debajo de Él, y Él subió sobre ella hasta que quedó fuera de vista. Pero no sólo dejó la superficie de la tierra, sino que ascendió a la diestra de Dios, y aún está presente en el cielo en forma corporal. Esteban lo vio allí (Hechos 7:55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios).

Después de desaparecer El Señor, los discípulos seguían de pie en aquel lugar llenos de asombro, con la vista fija en el lugar de los cielos al cual se había ido. De pronto, dos hombres aparecieron junto a ellos con ropas blancas. El blanco es símbolo de pureza. Aunque aquí no se les llama ángeles, la suposición general es que lo eran. Los ángeles son espíritus, pero por lo general aparecen en la Biblia como hombres. Las ropas blancas nos recuerdan también a los ángeles que aparecieron en la tumba en el día de la resurrección. Lucas los llama "varones" (Lucas 24:4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes), mientras que Juan se refiere a ellos llamándolos ángeles (Juan 20:12 y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto).

Los ángeles preguntaron por qué estos discípulos, hombres de Galilea (sólo Judas era de Judea) estaban allí mirando al cielo. Esto quiere decir que estaban aguzando la vista, como si esperaran ver en el cielo dónde había ido Jesús. La primera venida de Cristo se había consumado; su obra de redención estaba completa. Pasaría largo tiempo antes de que volviera, pero estaría con ellos tan realmente como lo había estado anteriormente (Mateo 28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén). Ahora, les había dejado un encargo; una labor que realizar. Les había dado órdenes de esperar en Jerusalén la promesa del Padre y el poder para ser testigos. Deberían obedecer con la seguridad de que Él regresaría.

La promesa de su regreso no podía ser más enfática. Este mismo Jesús... así vendrá (de la misma manera) como le habéis visto ir. Él ya les había dicho que regresaría en las nubes (Marcos 13:26 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes  con gran poder y gloria).

Durante su juicio, se identificó a sí mismo con el Hijo de hombre de (Daniel 7:13 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. 7:14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido) de quien Daniel dice que viene con las nubes. No es de extrañar que su segunda venida siga siendo una de las motivaciones más importantes de la vida cristiana. (1 Juan 3:2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 3:3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro)

 

E. LA PROMESA DE LA SEGUNDA VENIDA DE JESUS:

En Hechos 1:11 se lee la promesa de la venida de Jesús que dos ángeles dieron a los discípulos sorprendidos. La promesa dice claramente que “este mismo Jesús…así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. Nos dice que Jesús vendrá en forma visible y corporal, y en las nubes.

 

F. LA ASCENSION:

En este capítulo se lee que El Señor Jesús “fue recibido arriba” (1:2,22) “fue alzado” (1:9) y “ha sido tomado” (1:11). En el versículo 10 se lee “El se iba”. Jesús ascendió por Su propio poder, de esto no hay duda. Es posible que “fue recibido arriba” se refiera a que Jesús fue acompañado pro un gran ejército de ángeles. De todos modos, Su ascensión fue gloriosa y nos da la esperanza que el rapto de la iglesia también será glorioso.

 

Jesús ascendió del Monte de los Olivos que estaba al este de Jerusalén a la distancia de un viaje del día de reposo. Cuando Jesús vuelva a establecer Su reino, El de nuevo estará de pié en el mismo monte. (Zacarías 14:4 Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.)

 

G. JUDAS ISCARIOTE:

En este capítulo leemos la muerte tan horrible de Judas quien traicionó al Señor Jesús por treinta monedas de plata. Esto revela el terrible remordimiento que Judas debió sentir antes de suicidarse. Su ahorcamiento, su caída y la salida de sus entrañas, es una verdadera representación de la paga del pecado.

 

 

 

H. LOS DOCE:

En Hechos 1:13 se lee la lista de los once apóstoles. Esta lista se puede leer en tres de los evangelios como sigue:

 

MATEO:                                     MARCOS:                                      LUCAS:

 

Simón Pedro                             Simón Pedro                          Simón Pedro

Andrés                                       Jacobo                                  Andrés

Jacobo                                       Juan                                      Jacobo

Juan                                           Andrés                                   Juan

Felipe                                        Felipe                                       Felipe

Bartolomé                                 Bartolomé                                Bartolomé

Tomás                                       Mateo                                      Mateo

Mateo                                        Tomás                                     Tomás

Jacobo, hijo de Alfeo                Jacobo, hijo de Alfeo                Jacobo, hijo de Alfeo

Judas Tadeo                             Judas Tadeo                            Simón el Zelote

Simón el cananista                   Simón el cananista                   Judas Tadeo, hermano de Jacobo

Judas Iscariote                         Judas Iscariote                          Judas Iscariote

 

En el Libros de los Hechos: Pedro, Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo el hijo de Alfeo, Simón el Zelote, Judas Tadeo el hermano de Jacobo.

 

Cuando Judas cayó, quedaron once apóstoles y era necesario escoger a otro que tomara su lugar. La iglesia primitiva nominó a dos hombres: José llamado Barsabás y Matías. ¿Por qué consideraron solo a dos? Indudablemente la razón fue que ellos eran los únicos presentes que reunieron los requisitos necesarios:

 

1. Haber sido discípulo de Jesús desde el principio de Su ministerio.

2. Haber sido testigo de la resurrección de Jesús.

 

Echaron suertes a un jarrón y el primer nombre que cayó del jarrón fue considerado como escogido por el Señor. Después de esto, Matías fue contado como uno de los doce y será incluido en el cumplimiento de tales promesas como Mateo 19:28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.  y Apocalipsis 21:14 Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.

 

El Aposento Alto (1:12-14)

"Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos".

El evangelio de Lucas describe que el regreso de los seguidores de Jesús a Jerusalén se realizó "con gran gozo" (Lucas 24:53 y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén). Sólo había el camino de un sabbath (unos novecientos metros) desde el monte de los Olivos hasta la ciudad.

Comparemos con:

Éxodo 16:29 Mirad que Jehová os dió el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día.

Y Números 35:5 Luego mediréis fuera de la ciudad al lado del oriente dos mil codos, al lado del sur dos mil codos, al lado del occidente dos mil codos, y al lado del norte dos mil codos, y la ciudad estará en medio; esto tendrán por los ejidos de las ciudades)

Allí, en un espacioso aposento alto, estaban parando los doce apóstoles. Este puede haber sido el mismo aposento alto de la Ultima Cena, y de las apariciones del Cristo resucitado. Algunos creen que era el hogar de María, la madre de Juan Marcos, que es mencionado en Hechos 12:12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando, pero no hay prueba alguna de ello.

Aquí Lucas nos llama la atención sobre cinco cosas.

1. Los Once estaban unánimes. Se nota un gran contraste con el celo exhibido antes de la crucifixión, cuando cada uno quería ser el mayor (Mateo 20:24).

Como se mencionó anteriormente. Jesús trató con ellos todos después de la resurrección, y en especial con Pedro (Juan 21). Ahora, todos habían sido restaurados, y habían recibido un nuevo cometido; ya no albergaban conflictos ni celos. Todos tenían una sola mente y estaban unánimes. La expresión "unánimes" traduce la palabra griega homothumadón, una de las palabras favoritas de Lucas. La unanimidad es sin duda aún hoy una clave importante para lograr la realización de la obra de Dios.

2. Todos perseveraban en oración y ruego. Dentro de esto quedaba incluida la fidelidad a la asistencia al templo por la mañana y por la tarde en las horas de oración, y también la perseverancia en el aposento alto, que era su lugar central. Se mantenían en una atmósfera de oración, y, tal como lo muestra Lucas 24:53, durante aquellos días, la oración y la alabanza fueron su ocupación principal.

3. Las mujeres se les unieron en oración con la misma perseverancia. En realidad, aquellas mujeres estuvieron presentes todo el tiempo. En aquellos días, si había un solo hombre presente, se usaba el pronombre masculino para hablarle a todo el grupo. Aun cuando Pedro los llama hermanos (versículo 16), está incluyendo a las mujeres. Todos los judíos comprendían esto. Pero Lucas quiere que los gentiles sepan que las mujeres estaban presentes y orando, por lo que las menciona de forma específica. Entre ellas estaban María Magdalena, Salomé, Juana, María y Marta de Betania, la madre de Juan Marcos, y otras.

4. Se hace mención especial de María, la madre de Jesús. Ella se hallaba presente porque Juan estaba cumpliendo con la petición de Jesús de que la tomara a su cargo. No estaba como dirigente, sino que simplemente se había unido a los demás para orar y esperar la promesa del Padre. Podemos estar seguros de que recibió el Espíritu, aunque sea ésta la última vez que es mencionada en los Hechos. Algunas tradiciones afirman que murió en Jerusalén. Otras dicen que fue con Juan a Éfeso y murió allí.

5. Los hermanos de Jesús se hallaban presentes, aunque antes de la crucifixión no habían creído en Él (Juan 7:5). A pesar de esto. Jesús se apareció especialmente a Jacobo, el mayor de sus hermanos (1 Corintios 15:7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles). Posteriormente, tanto Jacobo como Judas se convertirían en dirigentes de la iglesia de Jerusalén. (Veamos Hechos 12:17 Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar; 15:13 Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme; 21:18 Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos;

Gálatas 2:9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión;

Santiago 1:1 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud;

Judas 1Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo) Ahora estos hermanos se hallaban unánimes con los demás y esperando como ellos.

 

La elección de Matías (1:15-26)

"En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir. Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio.
Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar. Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles
."

Es evidente que no todos los quinientos o más que vieron a Jesús en Galilea lo siguieron de vuelta a Jerusalén. De manera que unos ciento veinte entre hombres y mujeres regresaron después de la ascensión y estaban unidos en esta atmósfera de oración. Pero hacían algo más que orar. También les prestaban atención a las Escrituras.

Lo que Pedro vio en las Escrituras hizo que se pusiera en pie y les hiciera ver que se había cumplido la profecía de David hablada por el Espíritu, con respecto a Judas, que les hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Pedro reconoció que el Espíritu Santo es el verdadero autor de la Palabra de Dios y que lo que decía David sobre sus enemigos se aplicaba a los enemigos de Jesús, puesto que David es un tipo que señala hacia Jesús.

Lo trágico era que Judas había sido enumerado entre los apóstoles, como uno de los Doce. Había recibido su parte en el ministerio de ellos. Había sido enviado por Jesús con autoridad para echar fuera espíritus inmundos y sanar toda clase de dolencias y enfermedades (Mateo 10:1 Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia).

Además, se hallaba presente cuando Jesús les prometió a los discípulos que se sentarían en doce tronos para juzgar (gobernar) a las doce tribus de Israel (Lucas 22:29, 30).

Lucas 22:29 Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 22:30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

La crucifixión y el empalamiento en una estaca de punta aguda eran los dos métodos corrientes de colgar a las personas. Por supuesto que Judas no podía crucificarse a sí mismo. Pero podía levantar una estaca puntiaguda y tirarse sobre ella. No obstante, Pedro no pone tanto interés en lo que hizo Judas, como en el juicio de Dios. Por esto llama la atención a la forma en que su cuerpo se reventó y sus entrañas se derramaron.

Había dos razones claras por las cuales el campo comenzó a ser conocido como Acéldama, el campo de sangre. (Mateo 27:6 Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. 27:7 Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.
27:8 Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre) dice que los sacerdotes compraron el campo. Como fue comprado con el dinero que le habían dado a Judas, sin duda alguna lo compró a nombre de él. Lo llamaron Acéldama, porque las treinta piezas de plata eran precio de sangre, esto es, de la muerte de Cristo. También lo llamaron campo de sangre, por la muerte violenta de Judas en él, ya que la sangre en el Antiguo Testamento hace referencia por lo general a la muerte violenta.

Sin embargo, la atención de Pedro se dirigió sobre todo a los salmos 69:25 y 109:8, especialmente a este último. "Tome otro su oficio." Los Doce habían sido escogidos como testigos fundamentales de la enseñanza de Jesús. También tendrían puestos de autoridad en el reino por venir (Lucas 22:29, 30; Mateo 19:28). Necesitaban alguien para reemplazar a Judas. Tenía que ser alguien que hubiera estado con ellos todo el tiempo, desde el bautismo de Jesús hasta su ascensión. Así sería, junto con ellos, un testigo directo de la resurrección de Jesús.

Pedro señaló las condiciones, pero todos hicieron la selección. Había dos hombres que las cumplían a requisitos. Uno de ellos era José, llamado Barsabás ("hijo del sabbath", nacido en un día de reposo), que como muchos judíos, tenía un nombre romano, lustus. (Nuestra Biblia lo traduce a su equivalente castellano "Justo") El otro era Matías. Eusebio, el historiador eclesiástico del siglo tercero, dice que era uno de los setenta enviados por Jesús en Lucas 10:1.

Para decidir entre ambos, los apóstoles oraron primero, reconociendo que el Señor (Jesús) sabía cuál era el que quería para que fuera el duodécimo apóstol. Él es el que "conoce los corazones" (Juan 2:24, 25). También reconocieron que Judas había caído por decisión propia y había ido al lugar escogido por él mismo, esto es, al lugar de castigo.

A continuación, usaron el método del Antiguo Testamento para distribuir suertes, probablemente siguiendo el precedente de Proverbios 16:33. Creyeron que Dios dominaría por encima de las leyes del azar y mostraría su decisión por este medio. Sin embargo, el libro de los Hechos nunca vuelve a mencionar el uso de este medio. Después de Pentecostés, confiaban en la orientación del Espíritu Santo.

Algunos escritores modernos ponen en duda si Pedro y los demás estarían actuando correctamente, y dicen que se debía haber escogido a Pablo. Pero él fue el apóstol de los gentiles, y nunca esperó llegar a gobernar una de las tribus de Israel. Era apóstol, igual en llamamiento y autoridad a los otros, pero nunca se incluyó a sí mismo en el grupo de los Doce (1 Corintios 15:7, 8).

Lo cierto es que la Biblia presenta, sin comentario adverso alguno, que Matías fue contado con los once apóstoles. En Hechos 6:2, todavía está incluido en el número de los Doce. Aunque no se vuelve a mencionar su nombre, lo mismo sucede con la mayoría de los demás apóstoles.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que el hecho de que Judas se convirtiera en un alma perdida hizo necesario que fuera reemplazado. Cuando Jacobo, el hermano de Juan, fue martirizado, no se escogió a nadie para ocupar su lugar (Hechos 12:2). Jacobo resucitaría para reinar con los Doce en el reino por venir.