LA CONDICIÓN ARRUINADA DEL HOMBRE
Es únicamente cuando el médico se da cuenta de qué enfermedad padece el paciente es cuando puede recetar el medicamento correctamente. La Palabra de Dios no nos deja en duda acerca de la condición del hombre y cada obrero personal debe familiarizarse completamente con la profunda y deplorable necesidad de los perdidos a quienes trata de ganar para Cristo. La Biblia nos muestra lo siguiente con respecto al hombre sin Cristo:
1. Está muerto
y necesita regeneración
(Ef. 2: 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros
delitos y pecados, 2:2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la
corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el
espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia; Jn. 3: 3:1 Había un
hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios
como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está
Dios con él.
3:3 Respondió Jesús y le dijo:
De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino
de Dios.
3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso
entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 3:5 Respondió Jesús:
De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no
puede entrar en el reino de Dios. 3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y
lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 3:7 No te maravilles de que te dije:
Os es necesario nacer de nuevo.
3:8
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene,
ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
3:9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
3:10 Respondió Jesús y le dijo:
¿Eres
tú maestro de Israel, y no sabes esto? 3:11 De cierto, de cierto te digo, que lo
que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro
testimonio. 3:12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si
os dijere las celestiales? 3:13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del
cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. 3:14 Y como Moisés levantó la
serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
3:15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna).
Muerte, en las Escrituras, significa separación. La muerte física ocurre cuando el espíritu se separa del cuerpo (Stg. 2:26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta). La muerte espiritual es la separación del hombre pecador de la vida de Dios. Ef. 4:18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; Jn. 11:25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá).
La muerte segunda es la fijación eterna de este estado de separación de Dios, en lo que se refiere a cuerpo alma y espíritu (Ap. 20:12 Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 20:13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 20:14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 20:15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego).
La muerte ha sido definida como “el cese de relación con el medio ambiente”. ¿Murió Adán el día que comió del árbol prohibido? (Gn. 2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás). Si, porque su relación con Dios cesó. Ese día murió espiritualmente y más tarde murió físicamente.
Ejemplo del hijo prodigo: Lucas 15:24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.
¿Cuándo estaba muerto el hijo pródigo? Mientras estaba en el país lejano, separado de su padre. Lo confirma en: 1 Timoteo 5:6 Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta.
Puesto que el hombre está muerto en lo que a su relación con Dios se refiere, su gran necesidad es vida de Dios. La acción de impartir esta vida se llama regeneración o nuevo nacimiento. En Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, 1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
Aclaración al nuevo nacimiento.
a. No es por herencia, “no de sangre”. Nadie tiene vida eterna porque sus padres sean cristianos. La vida espiritual no se hereda. Cada uno necesita ser regenerado individualmente.
b. No es por esfuerzo propio, “ni de voluntad de carne”. Ninguna persona puede regenerarse a sí misma o producir su nacimiento espiritual, como tampoco pudo producir su nacimiento físico.
c. No es por intervención humana, “ni de voluntad de varón”. Miles confían en esto e imaginan que el sacerdote o el ministro, por medio del bautismo, confirmación, recepción como miembro de la iglesia, comulgar, etc., les ha dado el nuevo nacimiento. Las Escrituras dicen claramente que la voluntad o acción humana no pueden impartirlo.
Luego viene la
grandiosa verdad, “sino de Dios”. Dios únicamente es la fuente. Únicamente
cuando Dios vivifica puede vivir el hombre (1Jn. 5:1 Todo aquel que
cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que
engendró, ama también al que ha sido engendrado por él).
Oyendo la Palabra de Dios con fe y recibiendo a Cristo como Salvador, el pecador
es sellado con el Espíritu de Dios y así es regenerado. (Jn. 5:24
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y
cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha
pasado de muerte a vida.
5:25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y
ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren
vivirán. Gá. 3:2 Esto solo quiero saber de vosotros:
¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?;
Ef. 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el
evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con
el Espíritu Santo de la promesa).
Nunca podremos recalcar demasiado que únicamente Dios puede regenerar. El gran peligro está en el obrero demasiado celoso que trata de hacer lo que sólo Dios puede efectuar. Es nuestro deber presentar la Palabra de Dios con claridad, pero no podemos comunicar al pecador la vida espiritual que necesita.
2. Está perdido y necesita ser sellado (Lc. 19:10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido; 2Co. 4:3 Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto).
La palabra perdido implica dos cosas: Que una cosa no es poseída por su dueño legal o que una persona no sabe donde está o cómo encontrar el camino que quiere. En Lucas 15:
Parábola de la oveja perdida
15:1 Se acercaban
a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
15:2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores
recibe, y con ellos come.
15:3 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:
15:4
¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja
las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta
encontrarla?
15:5
Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;
15:6
y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo,
porque he encontrado mi oveja que se había perdido.
15:7
Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que
por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
Parábola de la moneda perdida
15:8
¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la
lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?
15:9
Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo,
porque he encontrado la dracma que había perdido.
15:10
Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se
arrepiente.
Parábola del hijo pródigo
15:11 También
dijo:
Un
hombre tenía dos hijos;
15:12
y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me
corresponde; y les repartió los bienes.
15:13
No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una
provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
15:14
Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y
comenzó a faltarle.
15:15
Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a
su hacienda para que apacentase cerdos.
15:16
Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie
le daba.
15:17
Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen
abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
15:18
Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y
contra ti.
15:19
Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
15:20
Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y
fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
15:21
Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy
digno de ser llamado tu hijo.
15:22
Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un
anillo en su mano, y calzado en sus pies.
15:23
Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
15:24
porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y
comenzaron a regocijarse.
15:25
Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó
la música y las danzas;
15:26
y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
15:27
El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo,
por haberle recibido bueno y sano.
15:28
Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que
entrase.
15:29
Más él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no
habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme
con mis amigos.
15:30
Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has
hecho matar para él el becerro gordo.
15:31
El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son
tuyas.
15:32
Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era
muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.
La palabra “perdido” y derivados del verbo “perder” ocurre siete veces y tenemos una descripción triple del pecador.
Comprendamos lo que implica la palabra perdido y recordemos que el pecador necesita ser hallado y salvado. La salvación es obra de Dios. Sólo El puede hallar al descarriado, levantar al caído y poner en el corazón del pródigo el deseo de volver a su Padre.
Jn. 8:
Los endemoniados gadarenos
8:28 Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. 8:29 Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? 8:30 Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. 8:31 Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. 8:32 El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. 8:33 Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. 8:34 Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.
Ro. 6:16-20
6:15
¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia?
En ninguna manera. 6:16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien
como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del
pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 6:17
Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de
corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 6:18
y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 6:19
Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad
presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad,
así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la
justicia.
6:20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de
la justicia.
Ro.7:14 Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado
Por lo tanto, necesita ser redimido. Redención es el acto por el cual se libera a una persona o cosa del poder de otra, pagando el precio de rescate.
Este mundo es como una colonia penal en la cual hombres y mujeres trabajan como esclavos de la mentira, blasfemia, lujuria, codicia, orgullo, bebida, moda, placer, egoísmo, religión, etc. ¿cómo van a ser redimidos y libertados de su esclavitud? Necesitan ser traídos en contacto con Cristo el Redentor.
a. El que vino para redimir (Lc. 4:18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 4:19 A predicar el año agradable del Señor; Mr. 10:45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos).
b. El que pagó el precio del rescate (Gá. 3:13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero; 4:4 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos; 1Co. 6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.; 1P. 1:18,19 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata,1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación).
c. El vive siempre para librar de esclavitud al pecador a todo pecador que acuda a El (Jn. 8: 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 8:35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 8:36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres; Ef. 1:5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad; Gá. 5:1 Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud).
La liberación del castigo y del poder del pecado se encuentra en una sola persona y esa persona es el Cristo Jesús.
4. Es un ciego que necesita iluminación
a. el hombre, por naturaleza, está ciego a las realidades espirituales.
· Su entendimiento está oscurecido (Ef. 4:18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón).
· Está cegado por Satanás (2Co. 4:4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios).
· No puede ver el reino de Dios (Jn. 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios).
· No puede recibir o comprender las cosas espirituales (1Co. 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente).
· Mora en la oscuridad y ama las tinieblas (Jn. 1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella; 3:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas; Col 1:13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo).
· Por lo tanto necesita que sus ojos espirituales sean abiertos (Hch. 26:18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados).
b. Cristo vino para traer luz (Jn. 8:12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida; Juan 9:5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo; Lc. 4:18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; Lucas 4:19 A predicar el año agradable del Señor).
Sus palabras dan
luz acerca de Dios, el pecado, el pecador, la salvación, los problemas de la
vida y el horrible destino del que le rechaza (Sal. 119.130 La exposición
de tus palabras alumbra;
Hace entender a los simples).
c.
Todos los que confían en Cristo son traídos a la luz (2Co. 4:6 Porque Dios,
que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz,
es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento
de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo; Ef. 5:8 Porque en otro
tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz).
No nos sorprendamos cuando una persona inconversa nos diga: “Pero no puedo ver
las cosas de esa manera”. ¿Cómo podrán ver, a menos que sus ojos sean abiertos?
Las Escrituras, cuando son aplicadas por el Espíritu de Dios abren los ojos del
pecador a su necesidad del reino de Dios.
5. Es un rebelde que necesita reconciliación.
a. El hombre se encuentra en un estado de rebeldía contra Dios (Ro. 5:10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida; Rom 8:7 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Rom 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él;
Col. 1:21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado; Tit. 3:3 Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros).
Odia la verdad, resiste la Palabra de Dios y se opone a que Dios tenga su legítimo lugar como Señor Supremo (Ro. 1:20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa; Daniel 5:23 sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa, y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste). Las últimas palabras del texto en Daniel son la acusación de Dios contra la humanidad. Esta actitud de rebelión ha sido descrita así: “Un rostro iracundo, un puño cerrado y amenazante, y el blanco de todo esto: Dios Todopoderoso”.
b. El hombre necesita ser reconciliado. Debe volver a Dios arrepentido y sumiso para llegar a ser un súbdito leal. En Lucas 14:31 ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Lucas 14:32 Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
El hombre pecador, reuniendo sus fuerzas y tomando consejo consigo mismo para ver si puede, con su despreciable ejército de pecados, deseos, opiniones, resoluciones y voluntad, enfrentarse a los 20.000 santos requisitos, propósitos y preceptos de Dios. Por fin decide buscar condiciones de reconciliación. Estas son simples. El pecador debe confesar su rebelión, creer el evangelio y rendirse incondicionalmente a Cristo. Así vendrá bajo la benéfica autoridad y señorío de Aquel por cuya sangre fue hecha la paz (Col. 1:20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz; 2Co. 5:19-21 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 5:20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él).
6. Es un criminal que necesita justificación.
El pecado es un delito contra el santo trono de Dios y su gobierno moral. Cada creyente debe saber lo que la Palabra de Dios dice sobre el pecado.
a.
El hombre es
pecador por naturaleza. Esto quiere decir que nació en este mundo con una
naturaleza opuesta a Dios (Sal. 51:5 He aquí, en maldad he sido formado,
Y en pecado me concibió mi madre). A esta naturaleza se le llama “la carne”
y ella ama todo lo que Dios aborrece y viceversa (Ro. 8:5 Porque los
que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del
Espíritu, en las cosas del Espíritu. 8:6 Porque el ocuparse de la
carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 8:7
Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se
sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
8:8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 8:9
Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el
Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,
no es de él). Una persona no tiene que pecar para llegar a ser pecadora,
sino que peca porque es pecadora. La naturaleza pecaminosa es la raíz de la cual
las palabras y los hechos pecaminosos son los frutos (Mr. 7:21
Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los
malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,
7:22
los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la
maledicencia, la soberbia, la insensatez.
7:23 Todas estas
maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.;
Jer. 17:9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso;
¿quién lo conocerá).
b. El hombre es pecador por elección y por práctica. Esta naturaleza pecaminosa pronto se pone en evidencia por los pensamientos pecaminosos cobijados en la mente, las palabras que escapan de los labios, las acciones pecaminosas en la vida y una actitud general pecaminosa con respecto a Dios. Dios ofrece un retrato de cuerpo entero del pecador en Romanos 3:10-19,23. todo pecado , sea contra nosotros mismos o contra nuestros semejantes es, en primer lugar, contra Dios (Sal. 51:4). La enormidad del delito se determina según la persona contra quien se haya cometido, y todo pecado es un crimen contra Dios (Os. 7:2; Am. 5:12; Sal. 14:2,3; Ro. 1:28-32; Tit. 3:3). Dios aborrece los pecados que cometemos con la mente (Mt. 5:28), con palabras (Mt. 12:34-37) y con Hechos (Jer. 44:3,4; Pr. 6:16-19).
c. El hombre necesita justificación delante de Dios. Justificar es declarar justo. Justificación es el acto de Dios por el cual El declara justo al pecador que confía en el sacrificio expiatorio de su Hijo Jesucristo y lo recibe como Salvador y Señor. Es mucho más que perdón, porque Dios ve al creyente como si nunca hubiera pecado (Ro. 3:24-26; 5:1,2; Gá. 2:16).
7. Es un deudor que necesita perdón.
a. El pecador está en bancarrota. No puede pagar su deuda con Dios. El hombre debe a Dios una vida de obediencia a sus leyes, honra a su padre y servicio a su causa. En todo esto ha fracasado miserablemente (Lc. 7:41,42). Dios ha dado al hombre la vida y todas sus facultades y un día el hombre tendrá que dar cuenta a Dios (Ro. 14:12). Muchos se imaginan que pueden pagar su deuda ya contraída firmando pagares de vivir una vida mejor en el futuro, peo todas estas esperanzas son vanas. Ni buenas obras, ni lágrimas, ni ejércitos piadosos, ni buenas resoluciones pueden pagar la deuda.
b. Dios, ha provisto el perdón. No puede absolver, cancelando esa deuda, gracias a la obra de su Hijo. Cristo asumió nuestra responsabilidad y pagó la deuda con su sangre preciosa (Is. 43:25; 44:22; 55:7; Mi. 7:18,19: Hch. 3:19; 13:38; Col. 2:13).